
por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 779)
"Lo peor de las pestes no es que
matan los cuerpos sino que
desnudan a las almas, y ese espectáculo suele ser horroroso".
Albert Camus
El Gobierno, encarnado en la PresidenteVice, continúa exhibiendo la miseria que anida en el alma de cada uno de sus integrantes, en especial en aquéllos que han sido impuestos por el Instituto Patria, a veces despidiendo a los pobres "albertistas" y, siempre, comandando efectivamente las diferentes áreas capaces tanto de instrumentar las venganzas de Cristina Fernández cuanto de generar recursos públicos para apalancar sus ambiciones de fundar una dinastía hereditaria.
La pandemia se ha transformado en una
herramienta formidable para estas malas intenciones, sea por los enormes
sobreprecios en la compra de distintos insumos sanitarios, desde ambulancias
bonaerenses hasta víveres para los comedores populares, sea por los negocios
tan turbios vinculados a la compra de las distintas vacunas, muchos de ellos
relacionados con los absurdos viajes fletados a Aerolíneas Argentinas. Las
hienas y los buitres carroñeros y ladrones no se inmutan siquiera ante la
muerte de tantos ancianos a los cuales faltan aquéllas con las que se
protegieron canallas de toda índole, sus adláteres y hasta sus jóvenes amantes;
es más, impunemente exhiben sus pinchados brazos y sus dedos en V como un
logro.
Por su parte, la ambiciosa emperatriz
patagónica dedica todos sus esfuerzos a demoler al pobre tipo al que sentó ella
misma en el sillón de Rivadavia porque no concibe que, transcurridos un año y
cuatro meses desde entonces, nada haya logrado en el campo judicial, que tanto
le preocupa y, por sus hijos, la aterra. Pero, como además los que la rodean
son básicamente chapuceros, tampoco los reiterados ataques a la Corte, a los
jueces y a los fiscales lograrán tranquilizarla; antes bien, todos esos
inmundos esfuerzos sólo han logrado, hasta ahora, que las víctimas se
abroquelaran en su defensa corporativa, en especial después de la designación
de un feroz sicario, Juan M. Soria, como Ministro de Justicia.
Hay algo que llama poderosamente la
atención: la indignidad en la que caen reiteradamente el Presidente Pinocho,
sus ministros y secretarios de Estado, que son obligados a desdecirse ante sus
interlocutores locales o extranjeros, incluidos organismos internacionales y
gobiernos de otros países. De Alberto Fernández, a la luz de los archivos que
lo condenan, nada debería sorprendernos porque carece de principios, pero el
Ministro de Economía o el Canciller son los peores ejemplos de esta situación;
no me explico por qué Martín Guzmán, con un pasado académico más que razonable,
no envió su indeclinable renuncia desde Washington y se quedó dando clases en
Columbia tras el discurso de Cristina Fernández el 24 de marzo, ratificado en
sus disparates por su teórico jefe, que lo dejaron colgado del pincel en medio
de sus negociaciones con el FMI; o por qué no pega un portazo Felipe Solá,
tantas veces desmentido en su inocente verborragia.
Obviamente, la agenda de la PresidenteVice
nada tiene que ver con las necesidades de la comunidad, traducidas en las
simultáneas crisis provocadas de inseguridad, de salud, de educación, de
pobreza y de hambre. Que hoy el kirchnerismo esté intentando, a como dé lugar,
postergar las elecciones de medio término son la mejor prueba de ello. Un Poder
Ejecutivo que mandó a millones de jubilados a la calle en pleno invierno por
improvisación y mala gestión, que pretendió adquirir otro vestidito negro con
la manifestación por la muerte de Diego Maradona, que todos los días
genera caos en la calle con los masivos
cortes de los movimientos sociales adictos, que festejó que miles de bolivianos
concurrieran a las escuelas argentinas a votar por el partido de Evo Morales,
ahora pretenda invocar la pandemia (¿inclusive exagerando los datos de
contagios y muertes?) para lograr su objetivo electoral, habla muy claro de la
inmunda catadura moral de sus integrantes. También dice mucho de la ingenuidad
de algunos dirigentes de Juntos por el Cambio, que aceptaron sentarse a
analizar el tema con los tahúres del Frente de Todos, irremediablemente
tramposos.
No hay posibilidad de diálogo alguno con
esos tipos y su jefa espiritual, porque simplemente pretenden una cosa por
completo distinta: como a esta altura resulta superfluo mostrar nuevas pruebas,
ya que continúan combatiendo al capital con sus extorsionadores socios
sindicales, resulta innegable que quieren convertir a la Argentina en un país
en el que toda su población dependa del Estado para sobrevivir, como sucede en
Formosa, Cuba o Venezuela, y que los recursos necesarios para lograrlo
provengan de exclusivamente China (Rusia e Irán no pueden colaborar); esa es la
razón del abierto boicot a cualquier negociación con el FMI, con el Club de
Paris y hasta con los acreedores externos.
En la medida en que, como ya ha comenzado a
suceder, el Gobierno se apresta a inundar al Conurbano de chapas, cartones y
papelitos de colores, y ha entronizado como Juez Electoral de la Provincia al
impresentable y chicanero Alejo Ramos Padilla para facilitar el fraude, cada
vez resulta más urgente que todos los caciques de la oposición racional se
pongan de acuerdo para ir unidos a estas trascendentales elecciones
legislativas. Por mi parte, he propuesto una idea, no la única ni seguramente
la mejor, que podría servir de base para ese proceso; le ruego la difunda, con vistas a que los jefes
de los distintos partidos políticos escuchen a la sociedad y obedezcan su
mandato.
Contra viento y marea, deseo para usted y
los suyos una muy feliz Pascua de Resurrección (o Pésaj, en su caso) pero, en especial,
lo requiero y lo imploro para esta tan vapuleada Argentina.
Bs.As., 3 Abr 21
Enrique Guillermo Avogadro
Abogado