lunes, 12 de agosto de 2013

SÍ A LA VIDA (AUNQUE TENGA QUE ENTREGARLA), NO A LA CORRUPCIÓN


Con motivo de un nuevo aniversario de la lamentable desaparición del Dr. René Favaloro, he leído, visto y escuchado a través de los medios diversos homenajes a su memoria, todos muy generosos y merecidos por cierto.

Modestamente me sumo a ellos con la evocación de cuatro momentos de su vida, vida que todos conocemos, pero que tal vez en la enumeración de sus extensos logros, su generosa y humilde personalidad y su permanente dedicación a la profesión que amaba, hayan pasado desapercibidos para muchos y sean ignorados por muchos otros. Sin embargo son momentos en los que con todo el dolor imaginable debió renunciar a propuestas recibidas o abandonar fama y fortuna honestamente ganadas. Su acendrado espíritu democrático, sus normas ético morales no le permitían aceptar ciertas "condiciones" y en tales circunstancias no dudó en dar media vuelta y pegar el portazo.


Sabemos, por ejemplo, que recién graduado con honores fue a ejercer la medicina a un lejano pueblo pampeano llamado Jacinto Arauz, donde junto a su hermano crearon un Centro de Atención Médica y un Banco de Sangre, logrando en poco tiempo erradicar males como desnutrición infantil, infección en partos y muerte de recién nacidos. Pero pocos recuerdan el motivo de aquel insólito traslado para quien, nacido y criado en La Plata, se ilusionaba con ejercer en su Ciudad, sin apartarse del Club de sus amores ni del Barrio del Mondongo. Es que ese año 1949 había sorteado con brillantes calificaciones el ingreso al Hospital Municipal platense. Todos sus sueños parecían cristalizarse.

Pero el último requisito para aprobar su ingreso era la afiliación obligatoria al Partido Justicialista.

Sus convicciones morales y su sentido democrático  no se lo permitieron y así la noticia del retiro del único médico rural lo pusieron en camino a Jacinto Arauz.


También conocemos que, terminada esta etapa, se interesó por la cirugía cardiovascular y así fue como llegó la Clínica de Cleveland, desde donde maravilló al mundo de la medicina creando la técnica del by pass con la cual se han salvado millones de vidas. Su fama universal no lo mareó, la humildad y bonhomía seguían a su lado. En 1992, The New York Times lo consideró un "héroe mundial que cambió parte de la medicina moderna y revolucionó la medicina cardíaca". El diario estadounidense no exageraba: Favaloro realizó 13.000 by-pass hasta sus 69 años.

Sin embargo, también renunció a honores, fama y fortuna. Es que su acendrado patriotismo le impulsaba a volver al país que lo vio nacer. Fue así como creo la Fundación Favaloro a la cual dedicó todos sus esfuerzos.

Poco después, durante el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín fue invitado, junto a otros notables compatriotas, a formar parte de la CONADEP. Emocionado agradeció la distinción y se preparó para trabajar con el empuje y responsabilidad que lo caracterizaban.


Pero poco duró su entusiasmo. Al comprobar que sólo se juzgaría a los militares y se dejaría fuera de toda investigación a los terroristas su inmediata renuncia fue acompañada de fuertes comentarios sobre la injusticia de realizar una discriminada cacería en lugar de un juzgamiento a todos los responsables.

Y así llegamos a su última renuncia, la renuncia a la vida. Justamente quien es responsable de salvar millones de vidas, no dudó al momento de jalar el gatillo tronchando la propia.

Su carta de despedida nos embarga de congoja y emoción. Algunos de sus párrafos nos ahorran cualquier comentario:


«Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces....
 Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto. ¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica. Lo mismo ocurre con el PAMI. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país...


Lo mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana, sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano. Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! ¿De dónde proviene este infundio?. Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. ‘Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?’. ‘Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe’. El cirujano ‘de real valor’ además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios!...


La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir ‘no hay camas disponibles’. Nuestro juramento médico lo impide...

El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse. Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ‘sistema’. Sí al retorno, sí al ana-ana.

‘Pondremos gente a organizar todo’. Hay ‘especialistas’ que saben cómo hacerlo. ‘Debés dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabés nada, que no estás enterado’. ‘Debés comprenderlo si querés salvar a la Fundación’ ¡Quién va a creer que yo no estoy enterado! En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil.

No puedo cambiar, prefiero desaparecer"

Gracias Dr. Favaloro por su ejemplo de vida. Con su sacrificio nos ha dado una lección que no debe caer en el olvido.

Juan Manuel Otero


NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.