lunes, 5 de mayo de 2014

UNIDOS Y EMPODERADOS

Por Jorge Sigal


A Juan José Campanella la cadena nacional le produce insomnio. Lo confesó esta semana en el programa de Mariana Fabbiani por Canal 13. “Trato de no verla (a la Presidenta) porque es frustrante”. Uno puede tolerar “el error” o la admisión de que hay temas difíciles de solucionar, lo que no se puede soportar es que diga “estos problemas no existen”, explicó con amargura el ganador del Oscar.


Las críticas del cineasta coincidieron con un reverdecer del discurso “duro” del kirchnerismo. Después de un breve período de atontamiento, resultado de las malas noticias que la economía le obligó a dar, el oficialismo parece haber recuperado esa peculiar aptitud para desafiar la realidad que siempre lo caracterizó. La propia Cristina Fernández, que venía ensayando en sus apariciones públicas un tono marcado por la melancolía y el espíritu de “cierre de época”, que insistía en las bondades del país que legaría a su sucesor, se encargó en sus últimas horas de volver a mostrar que sigue siendo la Jefa. Durante el acto de inauguración de una planta de la empresa Siam en Avellaneda llamó a los trabajadores a defender “el modelo industrial” de su gobierno, criticó nuevamente a los medios y advirtió a los sindicalistas que no deberían estimular las protestas hacia un gobierno que les devolvió muchos de los poderes que hoy ostentan.


Forzando la interpretación de los acontecimientos, CFK insinuó que sus seguidores corren el riesgo de repetir la historia que liquidó al tercer gobierno de Juan Domingo Perón en la década del 70. Exactamente cuando se cumplen cuarenta años desde aquel 1° de Mayo de 1974 en que el General echó a los Montoneros de Plaza de Mayo calificándolos de “estúpidos e imberbes”, la Presidenta pareció empeñada en reclamar que cuiden su liderazgo, “antes de que sea tarde”. Ella, que siempre se mostró más atraída por la leyenda combativa y heroica de Evita que por las habilidades tácticas del fundador del Movimiento, que se imaginó a sí misma como la continuación histórica de la abanderada de los humildes, sale al encuentro de la escasez de recursos exigiendo comprensión y paños fríos. Sin heredero a la vista y con la caja comprometida, la Presidenta tiene que armar un dique de contención para que el descontento social y las ambiciones de los pretendientes al trono no terminen arrastrándola hacia el despeñadero de la historia. Lo único que la política no perdona es el fracaso. Y el peronismo mucho menos.


Pero nadie explicó mejor el espíritu de la contraofensiva K que el secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, al dirigirse el domingo pasado a los diez mil militantes del oficialismo reunidos en el Mercado Central de Buenos Aires. “No tenemos que buscar candidaturas. Tenemos que ‘empoderar’ a la sociedad para que defienda las conquistas de esta década. Si somos grandes en eso, excederemos cualquier candidatura”, arengó a la multitud El Chino Zannini. El vocablo elegido no pareció casual: “empoderar” es un verbo tomado del inglés (empower) que significa “hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido”. Fiel a su historia, el ex militante de Vanguardia Comunista salió así –seguramente por expresa indicación de su jefa– a encender la llama de la voluntad frente a los vientos huracanados que comenzaron a soplar hacia finales de la primavera pasada.


Hasta la fecha elegida para el acto pareció la obra de un voluntarioso combatiente de la adversidad. Lo explicó el propio funcionario. Ese día, 27 de abril, pero once años atrás, Néstor Kirchner perdía las elecciones contra Carlos Menem. Sólo la renuncia al ballottage por parte del ex presidente permitiría que el santacruceño se hiciera con la primera magistratura habiendo obtenido apenas un poco más del 22% de los sufragios. Es “raro” conmemorar “un segundo puesto” admitió Zannini. “Pero Néstor era un tipo raro”, explicó. Para preguntarse luego: “¿Cómo un loco así llegó al Gobierno?”. “La crisis de 2001 dejó una grieta por la que Néstor se coló en la historia”, respondió con aires de batalla.

El mensaje fue contundente. No hay rendición. Ni siquiera la realidad puede detener a un puñado de hombres dispuestos a vencer todas las tempestades. A empoderar, entonces, hasta enterrarlos en el mar.


El problema de los dogmáticos es que suelen tropezar con sus propias abstracciones. De lo contrario sería inexplicable que en medio de la fenomenal ola de inseguridad que desespera a los argentinos, un par de fiscales enrolados en Justicia Legítima, la agrupación K con sede en los tribunales, hayan armado semejante enredo en una conferencia pública organizada por la Feria del Libro. Alejandro Plagia y Javier de Luca, no tuvieron mejor ocurrencia que detallar el objetivo de la reforma al Código Penal impulsada por el Gobierno como una “oportunidad de disputar una determinada economía del castigo, una cultura punitiva, porque el código vigente es un código conservador, producto de una cultura oligárquica”. Sergio Massa debería pensar seriamente en contratar a este dúo de propagandistas oficiales. Nadie le ha servido en bandeja tantos argumentos en una sola jugada.


Tampoco se ha quedado atrás el kirchnerista Mario Ishii, ex barón del Conurbano, impulsor de una súbita restitución del Servicio Militar Obligatorio como herramienta de integración social para combatir el delito. La iniciativa contó con la entusiasta adhesión de otro hombre del oficialismo, el ministro de Seguridad bonaerense, Alejandro Granados. En un país devastado por la desconfianza nadie puede creer que las soluciones vendrán en una galera llena de conejos. Hasta el propio Martín Balza, el primer jefe del Ejército en asumir una autocrítica por la actuación de los uniformados en la noche dictatorial, tuvo que salir a contrarrestar la campaña del ex intendente de José C Paz. “El Ejército no es un reformatorio”, lo descalificó el general que desarticuló la colimba en 1994 luego del asesinato del soldado Carrasco en la provincia de Neuquén.


El kirchnerismo ha creado su propio sistema de anticuerpos. La agresividad discursiva le ha permitido construir una fuerza de choque que nadie puede subestimar. Sin embargo, ese mesianismo se le vuelve en contra cuando la necesidad obliga a sumar. Quizá por eso, Campanella ha dejado de “pedirle al presente” y sueña con refundar el país “para empezar de nuevo”.

Publicado en Perfil, 04/05/2014



NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.