martes, 20 de enero de 2015

ALBERTO NISMAN, ESE GRAN ARGENTINO

Por Mauricio Ortín

El estupor que ha causado en el mundo la muerte del fiscal Alberto Nisman no es un reflejo de las necias opiniones de voceros kirchneristas como Víctor Hugo Morales (“Al verse acorralado por sus propias mentiras decidió acabar con su vida”) o como la diputada nacional Susana Canela (“Nisman se suicidó porque no iba a poder soportar el interrogatorio a que se lo sometería en el Congreso...”) y, y El estupor, que nos asalta desarmados, sobreviene porque nadie cree en un suicidio y porque el sospechoso número uno, si se hubiera tratado de  un crimen, es el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Nisman denunció que el memorándum con Irán fue un arreglo entre  Cristina y Timerman para cambiar impunidad (en la Amia) por petróleo. Algo que el periodista Pepe Eliaschev había hecho público en  2011 y que, tanto las declaraciones de los cancilleres kirchneristas Taiana y Bielsa  avalaban los dichos de Nisman acerca de que Irán ante ellos había intentado un pacto de esa naturaleza. Es que resultaba a todas luces absurdo firmar un pacto con el acusado del asesinato de 85 argentinos para que éste nos ayude a encontrar la verdad. Se imponía la existencia de otro ingrediente  y Nisman lo  hizo público  y se aprestaba a mostrar las pruebas en el Congreso de la Nación.


Desesperación

La desesperación que produjo en el kirchnerismo la denuncia pero, más todavía, la presencia de Nisman en el Congreso, resultó indisimulable. Primero, exigieron que la declaración fuera pública y filmada. Ello a los efectos de que el fiscal no pudiera dar los nombres de las personas del servicio de inteligencia porque incurriría en un delito. Luego, los diputados K amenazaron con vapulearlo con preguntas acerca de los fondos que maneja y sus relaciones con el exjefe de la SIDE. También, “con los botines de punta” salieron Horacio Verbitsky, Eugenio Zaffaroni, Agustín Rossi, Aníbal Fernández y el resto de la claque. Era obvio que Nisman había acertado con un corto al hígado y que, en la reunión del lunes, podía madurar el nocaut. De allí, el estupor. Porque es imposible no relacionar su muerte con la promesa de acercar a los diputados de la oposición las pruebas de su denuncia contra Cristina.

La reacción de del oficialismo


El oficialismo, sobre la marcha y con el cuerpo todavía caliente del fiscal, ha cambiado el discurso. Ha dejado de lado las explicaciones  para imbéciles ofrecidas por de Canela y Morales y ensaya la idea de un suicidio inducido o crimen a secas sembrando sospechas sobre agentes de inteligencia del Estado remanentes de la dictadura que, supuestamente, habrían tenido  sometido al fiscal. El encargado de anunciarlas fue Julián Domínguez, el presidente de la Cámara baja de la Nación. Increíblemente este sujeto, en un alarde de cinismo, apuntó a los servicios que manejan a los jueces y fiscales (para los desprevenidos, no se refería  a Oyarbide, ni a Gils Carbó o Canicaba Corral.) Eso sí, ni una palabra de la denuncia de Nisman.

La carta de Cristina Fernández de Kirchner


Párrafo aparte merece la carta de Cristina sobre el hecho. Un escrito en el que, luego de repasar largamente sus grandes logros y referirse a anécdotas extemporáneas sobre el  brigadier Antonietti, en lugar de ofrecer respuestas abre interrogantes infantiles sobre los hechos en los que se victimiza y pone en duda la honorabilidad del muerto. Pretende, por ejemplo, insidiosamente, a partir de las tapas de Clarín sobre la manifestación de Charlie Hebdo y la denuncia contra ella, relacionar la muerte de Nisman con Magneto. Un disparate que, de tomarse en serio, implicaría que todos los diarios del mundo son cómplices de lo sucedido al fiscal. Otras de sus preguntas-acusaciones  fue: ¿Quién fue el que ordenó volver al país al  fiscal Nisman el día 12 de Enero, dejando inclusive a su pequeña hija sola en el aeropuerto de Barajas...?” Al respecto de ésta última pregunta, la presidente debería contestar: ¿Cómo supo  que Nisman recibía órdenes? Y, también, ¿Cómo supo  que dejó a su hija sola en el aeropuerto de Barajas?

Como lo demuestra la carta de Cristina, la prudencia que exige el oficialismo (el principal sospechoso) para opinar sobre la muerte del fiscal y su denuncia, vale para todos menos para Cristina y sus adláteres. En fin, yo le creo al “imprudente” fiscal que entregó su vida por lo que todavía queda de la República Argentina.

¡Honor y gloria a Alberto Nisman!