viernes, 3 de junio de 2016

SEPULTEMOS EL ODIO


Observo en silencio, con enorme desolación, la herida abierta y sangrante que existe en el país. Con palabras, gestos y actitudes, se profundiza impiadosamente. Por ambiciones políticas personales, se deja de lado toda proposición equilibrada que pueda conducir a un camino de solución de fondo, pensando en las próximas elecciones. La argumentación más eficaz que se da, frente a una situación conflictiva, es la famosa "discriminación", para poner fin a todo razonamiento lógico. Se reclaman derechos en forma persistente, con el olvido o la ignorancia de que todo derecho implica también obligaciones. Se habla con solemnidad de los "derechos humanos" y se hace política son su invocación. Desde los más diversos sectores se promueven viajes al exterior y declaraciones sobre el tema, algunas de ellas difíciles de entender por su contenido o por quienes las interpretan. Las noticias ponen a nuestro alcance encuentros sobre acercamientos donde hubo distanciamientos, pero paralelamente pocos pedidos de justicia hemos escuchado por civiles y militares de más de 80 años de edad, presos sin proceso ni sentencia, acusados de genocidas, algunos de ellos con pruebas fraguadas. Hay quienes se juegan por ellos con verdadera valentía, alertando por la situación infrahumana en que se los confinó oportunamente. Pero es tiempo de que la sociedad, el país y las instituciones tomen nota de que la justicia es justicia y no venganza, y se comience a actuar dentro del proceso de ley.

Me sobra experiencia en lo que afirmo. A mi padre la entonces presidenta lo acusó con nombre y apellido por cadena nacional de genocida y torturador y le promovió un proceso penal por haber suscripto un contrato de una fábrica de papel de diario, ignorando que mi padre había fallecido quince años antes. En ese acto se desautorizó a sí misma. No sabía de qué hablaba ni a quién acusaba. Le bastaba con la infamia. Es sólo un caso entre miles. Por eso nos animamos a afirmar que mientras el país no termine sepultando el odio que persiste, con decisión y sinceridad, para encontrar la unión en la verdad, la herida seguirá sangrando y no cerrará. Ése debería ser nuestro más firme compromiso.

Manuel J. Campos Carlés
DNI 4.316.033