11/09/17
Por Mauricio Ortín
Centro
de Estudios en Historia, Política y Derechos Humanos de SALTA
Participé como miles
de argentinos del Operativo Independencia en la provincia de Tucumán. Todos,
soldados, suboficiales y oficiales de las fuerzas legales, ya en combate, ya
custodiando a los civiles, cumplimos con nuestro deber al derrotar a la
Compañía de Monte “Ramón Rosa Giménez”
del Ejército Revolucionario del Pueblo. Han pasado cuarenta años de aquella
patriada, tiempo más que suficiente para que vencedores y vencidos escriban la
historia mirando hacia adelante y no como si tuvieran los ojos en la nuca.
Conviene precisar que fue el Estado nacional, presidido por el gobierno de
María Estela Martínez de Perón, con la aquiescencia del Congreso, el Poder
Judicial, los gobernadores y todas las fuerzas políticas el que ordenó a las
Fuerzas Armadas y de seguridad aniquilar la subversión en Tucumán.
Paradójicamente, casi medio siglo después, son los mismos actores políticos los
que implementaron una “política de
Estado” para perseguir a aquellos que cumplieron con su anterior “política de Estado” de aniquilar la
subversión. Los que ayer ordenaron aniquilar, hoy se constituyen en inclementes
jueces de aniquiladores. En los juicios de lesa humanidad, el del Operativo
Independencia no es la excepción, lo que verdaderamente se juzga es el “delito aberrante” haber reprimido a un
intocable del ERP o de Montoneros. Tanto es así que la comisión del delito de “violación de domicilio” se convierte en
“lesa humanidad” si se perpetró
contra el subversivo-víctima que asesinó al capitán Viola y a su hija María
Cristina. Crimen, éste último, infinitamente menos grave para la justicia
argentina. Y ¡guay! de que algún letrado “defensor
de genocidas” en el oral se le ocurra “re
victimizarlos” con preguntas le revuelvan sus “pecados de juventud”.
Párrafo aparte merece
el alegato final del fiscal Pablo Camuña. Su esfuerzo retórico está dirigido a
condenar al Operativo Independencia como empresa maligna para, luego, deducir
la culpabilidad objetiva de los acusados por el mero hecho de haber participado
en ese operativo. De allí que las pruebas resulten ociosas y el testimonio del
enemigo de los imputados le baste y sobre para pedir perpetua. El alegato de
Camuña podría definirse como un mamarracho jurídico “políticamente correcto” a la altura de la cobardía generalizada
que atraviesa la sociedad argentina. Para Camuña, “El Ejército, con las unidades sumadas a él o puestas bajo su control,
invadió y ocupó la provincia de Tucumán durante un período que llegó por lo
menos hasta 1978”. Pero ¿cómo se entiende esto? Acaso, que ¿hay que
considerar al Ejército argentino como el enemigo invasor del territorio
nacional? ¿Camuña coincide con la tesis de los terroristas? Es más, ¿por qué
las FF.AA. ocuparon y ocupan Tucumán y el resto del territorio nacional?
¡Porque éste, todavía, es argentino! El invasor, el que hacia flamear una
bandera extraña a la celeste y blanca, el que aliado al Estado cubano pretendía
adueñarse de la “cuna de la
Independencia” y mutilarla del territorio nacional, fue el ERP (Ejército
Revolucionario del Pueblo).
Agrega, “que no existió una guerra”…. “Vamos a analizar y rechazar la porfiada,
descabellada y por cierto cobarde alusión a la guerra”. Desconozco si
Camuña había nacido cuando se libraron los combates, entre otros, de Manchalá y
Acheral; pero, en caso de haber actuado de buena fe, bien podría haberse
ahorrado semejante dislate poniendo atención a la montaña de documentación
presentada por la defensa o a las declaraciones de los testigos-combatientes de
Manchalá durante el juicio ¿Son “cobardes”,
como dice Camuña, los imputados que hacen “alusión
a la guerra” para explicar sus conductas? ¿O son cobardes los guerrilleros
que siempre la reivindicaron y la niegan en los juicios? Repugna escuchar
cuando los Perdía, Mattini, Verbitsky, Anguita y compañía lloran presentándose
como víctimas inocentes... ¿Habrán sido así de miserables los que no
sobrevivieron? Cuesta imaginarse a un Roberto Santucho patético y lastimero.
Descartado que los subversivos fueron parte argentina del movimiento hippie
mundial, quienes se encontraban de picnic en el monte tucumano predicando el
amor a la naturaleza y la paz del mundo, quedan sólo dos opciones para definirlos:
o fueron soldados peleando (por extraviada que fuera) su guerra revolucionaria
o fueron criminales seriales, psicópatas o degenerados que asesinaban por el
placer perverso de matar. Ante la duda, y a pesar del deshonor con que los
ofenden los Camuña, prefiero pensar que murieron como ¿valientes? soldados.
Pero hay más, ¿por qué el fiscal habría de perder semejante oportunidad de
equiparar al Operativo Independencia con el horror nazi de Treblinka, de
igualar a la víctima Ana Frank con el victimario Gorriarán Merlo? Los judíos
europeos fueron asesinados por el “delito”
nazi de existir. Es un agravio y un deshonor al martirio de millones de
inocentes el, siquiera, equipararlos con esos repugnantes seres que no
respetaban ni la vida propia, ni la ajena.
Como broches del
alegato, Camuña solicita al Tribunal: 1) que en la sentencia se declare que,
durante el Operativo Independencia, no existió “enfrentamiento armado” (no se sabía de la adhesión a la corriente
historiográfica estalinista del fiscal) y 2) que los juicios que en su época
condenaron a los asesinos del capitán Viola y su hija sean declarados nulos
(nadie podrá acusarlo de incoherente). El juicio al Operativo Independencia es,
salvando las distancias, como el juicio por crimen de lesa humanidad que podría
¿instruirse? al comando militar que mató a Osama Bin Laden o el que podría
abrirse a los 88.000 policías franceses que participaron en la caza y muerte de
los dos terroristas que atentaron contra la revista Charlie Hebdó. Como mínimo,
sería considerado “Traición a la Patria”.
Las cosas son así y
poco o nada se puede hacer para evitar que esos ancianos se pudran en prisión.
Más allá de las defensas valientes y brillantes de los abogados defensores
tucumanos, no albergo la menor esperanza de justicia por parte de jueces que
son fieles a la “política de Estado”
antes que a la Constitución Nacional. No soy genocida, ni invasor, ni violador
de los derechos humanos por haber sido parte del Operativo Independencia. Al
contrario y por eso mismo me debo el reconocimiento de haber estado allí.
Guardo celosamente el diploma que acredita mi participación de soldado
argentino, que tiene en mi hogar el lugar de honor que se merece…
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