martes, 5 de marzo de 2013

CARTA ABIERTA A EDUARDO ALIVERTI


Señor
Eduardo Aliverti:

Tengo 71 años y soy el padre de Cecilia Pando.

Si bien mi hija no tuvo la lamentable desgracia de llevarse por delante a ningún ciclista, como le sucedió a su hijo,  similar situación de angustia y sufrimiento  pasó mi familia, hace algunos años.


De lo de Cecilia Pando no nos enteramos por la Policía, no intervino fiscal alguno y no hubo que hacerle ningún test, lo de mi hija fue simplemente enviar una  carta de lectores defendiendo a su Obispo,  publicada por el diario La Nación, que funcionó como disparador para que algunos periodistas “la crucificaran”.

Le ruego me disculpe que aplique el mismo término que usted utiliza en su muy particular situación familiar y personal y me alegra que nos recuerde la existencia de una ética periodística.

En el caso de mi hija fueron varios los crucificados, particularmente  su  esposo, 7 hijos, padres y hermanos, lo que muchas veces, aunque ha pasado el tiempo, nos vemos obligados a dar explicaciones acerca del parentesco con Cecilia Pando, simplemente por portación de apellido.

La diferencia con usted y es de público conocimiento, que ella se hizo cargo personalmente de todo, no necesitó de su padre para dar explicación alguna.

¿Cecilia Pando había matado a alguien, como en el caso de su hijo?; en absoluto, simplemente hizo uso de su libertad, que no configura delito alguno, libertad  de la que hoy notamos ya no gozan algunos de los periodistas que la entrevistaron porque el gobierno se encargó  de cortarles, los dedos y la lengua.

La “turba romana” de los empleadores de su esposo, hicieron el resto y ¡oh! casualidad eran soldados, ya retirados, de los Césares Néstor y Cristina,  que ignoraron que la libertad de expresión  está consagrada por  la Constitución Nacional y lo despidieron.

Cecilia Pando no se escondió y atendió a muchos colegas suyos, otros  prefirieron no entrevistarla pero sí  prejuzgarla y criticarla, utilizando para su caso un eufemismo, que le he robado, crucifixión.

Le recuerdo que entre los  “soldados romanos”  que se “encargaron” de Cecilia Pando,  se encontraba usted, Eduardo Aliverti.

¡Qué paradoja! Usted manifiesta públicamente que algunos de sus colegas  lo fusilaron.

Cecilia Pando y su familia también tuvo “su pelotón de fusilamiento”, sin embargo dimos vuelta la hoja, eso sí, perdóneme recordarle –nuevamente-   usted  se encontraba entre la “tropa” de los “fusileros”.

Insisto que de ese fusilamiento no salió indemne su esposo, militar, que quedó en la calle, sin trabajo y sin carrera, con siete hijos.

Usted sigue trabajando porque la “orga” lo protege.

Tampoco Cecilia Pando se victimizó, ni tuvo que pedir disculpas a nadie, simplemente dio la cara.


A usted seguramente no le sucederá lo mismo, que al esposo de Cecilia Pando, no perderá su puesto de trabajo, pero me tomo el atrevimiento de aconsejarle que ahorre palabras, explicaciones, deje a  su hijo que tenga la posibilidad de defenderse solo, cuando pueda física y psíquicamente, al fin de cuentas, es mayorcito.

Atte.

Vicente Pando
DNI 7.973.490

¡ARGENTINA CAMPEÓN!


“¡Vosotros, que talasteis nuestros bosques, robasteis
nuestro ganado,  derrumbasteis nuestras templos y
quemasteis nuestras casas; vosotros, que matasteis a
nuestros padres, violasteis a nuestras hijas y
secuestrasteis a nuestros hijos: no abuséis, no abuséis!”

El jueves, una vez más, después de la tensa audiencia que se realizó en la Corte de Nueva York, a la que concurrieron, en representación de nuestro país Guita-rrita Boudou y el Invisible Lorenzino, recuperamos el primer puesto en el campeonato del riesgo-país. Si somos una de las naciones menos endeudadas –estoy hablando de deuda externa, no interna- en relación a su PBI, todo el mérito de haber regresado a ese podio corresponde a la señora Presidente y su curioso y multifacético pseudo gabinete económico, en el cual cada uno tiene una postura dogmática diferente.


El viernes, en su maratónico y autorreferencial discurso, por cierto a veces muy confuso, doña Cristina mencionó que hasta Evo Morales conseguía dinero en el mundo, en realidad mucho más del que pedía, a una tasa (4,5%) anual y a un plazo (20 años) inimaginables en nuestro mercado doméstico; si Argentina pretendiera regresar, en estas condiciones, a los mercados internacionales, debería estar dispuesta a pagar algo parecido al 30%, o sea, tasa de país en default. Olvidó la señora de Kirchner mencionar, cuando dijo que el Presidente boliviano había expropiado hasta el pasto, que siempre pagó a las empresas así adquiridas por su Estado Multinacional, mientras que aquí nos dedicamos, porque es más fácil y barato, simplemente a confiscarlas.


Después de castigarnos por casi tres horas con cifras dibujadas –las citó a valor nominal, negando que sufrimos una de  las inflaciones más altas del mundo (¡otra vez campeones!)-, describiendo un país en el que sería maravilloso vivir, y que hastiaron a los tele-espectadores, que optaron por cambiar de canal en su enorme mayoría, volvió a dar cátedra al resto del mundo –ese cuya crisis tiene, en América Latina, la enorme puntería de afectarnos sólo a los argentinos- olvidando que, tal cual dijo Martín Caparrós, el peor escenario europeo de hoy es infinitamente mejor al que se observa en muchísimas zonas del Conurbano.

El 30% de la población urbana de todo el país –cifra que equivale más de 11,1 millones de personas– vive con menos de $ 35,50 por día o $ 1.067 por mes.

Un párrafo aparte merecen sus referencias a los salarios de las fuerzas de seguridadGendarmería, Prefectura y Policía Federal- y a las inversiones en equipamiento destinado a las mismas. El Gobierno está muy preocupado por una protesta masiva que, de ser ciertos los rumores al respecto, se producirá el martes 5 de marzo de 2013 (5M), inclusive, ha trascendido una carta del jefe de la segunda (PNA) a sus subordinados, recordándoles la vigencia de la obligación de obedecer a sus mandos.


A continuación, descerrajó sobre Lorenzetti, el Presidente de la Corte, que no sabía qué cara poner cuando lo enfocaban las cámaras, el peor ataque que recuerde sobre la Justicia. No voy a referirme, hoy al menos, a las características de las reformas –elección popular de los miembros del Consejo de la Magistratura, limitación de las medidas cautelares y creación de nuevas cámaras de Casación- cuya sanción doña Cristina pedirá al ex Hº Congreso; las páginas de los diarios del sábado y de hoy han comenzado a realizar análisis de los anuncios que, con seguridad, será completada por mis colegas.


Pero, a la luz de lo que sucedió en nuestro parlamento con el trata-miento (la oposición trata, y el Gobierno miente) del acuerdo con Irán, pocas esperanzas tengo acerca de un eventual rechazo en la casa de las leyes para las propuestas de Olivos -¿o debería decir del Chino Zannini?- pero, como siempre, me preocuparon mucho las primeras expresiones de los opositores luego del discurso presidencial.


Recordé, entonces, una antigua y breve nota de un querido amigo, a la que tituló “Darse cuenta” (http://tinyurl.com/b6hlncy), que escribiera un año antes de morir y que debiera estar en la mesa de luz de todos los políticos no kirchneristas. Al utilizar el final de la República de Waimar para componer su metáfora, José Enrique Miguens esbozó, tal vez sin percibirlo, un futuro para la Argentina perfectamente comparable con la Alemania de Hitler; compruébelo usted mismo pinchando el link.


Si ha tenido la enorme paciencia de leer estas reflexiones semanales, verá con claridad que mis pronósticos acerca del panorama terrible que ofrece hoy un cristinismo dispuesto, confesadamente, a pelear hasta las últimas consecuencias para retener el poder, no hacen más que confirmarse. La “democratización” de la Justicia, como se llama el nuevo caballito de batalla del Gobierno, no es otra cosa que un intento de colonizar al último poder del Estado que le queda. Presumo que, después de leer la nota de Miguens, los opositores aprenderán a tratar con la Casa Rosada y, sobre todo, a no dejarse engañar más por los cantos de sirenas y los pomposos y atractivos títulos que ésta da a cada uno de sus disparates. Al respecto, recuerdo lo que expresé cuando quienes dicen no compartir las políticas oficiales votaron, casi por unanimidad, el ascenso de Gils Carbó a la Procuración General de la Nación; puede ser que, ahora, hayan descubierto que al primer apellido de la funcionaria le faltaba una “e”.


Ayer, con sus renovadas críticas a Lancha Scioli y a Massa, doña Cristina agredió a las únicas figuras que podrían llevar al triunfo su boleta electoral en la Provincia de Buenos Aires. Como sé que no confía en la popularidad de Alicia Kirchner, por mucha portación de apellido que ésta ostente, sólo me cabe concluir en que la señora Presidente –como yo mismo- no cree en un final democrático para su período imperial; ¿en qué variante del incendio de Roma estará pensando la mesa minúscula de Olivos? De todas maneras, parece haber algunos personajes del entorno que no estarían de acuerdo con que esa apocalíptica salida sería una solución paras sus futuros problemas y, preocupados por su libertad y su reciente fortuna, están pidiendo ser designados embajadores.
El 21 de marzo, la ciudadanía se ha autoconvocado a repetir, incrementándola, la masiva manifestación del 8 de noviembre, en los mismos lugares y con idénticos horarios. Me parece bien. Creo que hay que enviar un muy fuerte mensaje al Gobierno: ¡Hasta aquí llegaron, y de aquí no pasarán!


Bs.As., 3 Mar 13

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
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jueves, 28 de febrero de 2013

NO HAY JUSTICIA SIN LEGALIDAD


HIJOS Y NIETOS DE PRESOS POLÍTICOS

JUSTICIA es una palabra que le queda demasiado grande a cualquier Poder Judicial. Sobre todo cuando hablamos de la pérdida de un ser querido, en ese caso no hay reparación que pueda hacer el Estado para equiparar la ausencia.


Queda entonces la LEGALIDAD, ese conjunto de "Reglas del juego" que protege a los ciudadanos de los caprichos de sus gobernantes. Lo más cerca que puede estar el hombre de la justicia es la legalidad, el respeto irrestricto del Estado de Derecho por sobre los intereses individuales, exactamente lo contrario de la justicia vindicativa, del "ojo por ojo" con el que nos quedaríamos todos ciegos.


Algunos nos preguntan todavía por qué nos definimos como Hijos y Nietos de Presos Políticos. Tenemos prisiones preventivas que en varios casos superan los 8 años, cuando la ley permite 2  y a lo sumo 3 cuando se haya “impedido la finalización del proceso en el plazo indicado". Nuestros jueces violan los tratados internacionales de DDHH cuando niegan las excarcelaciones y los arrestos domiciliarios que les corresponden, sobre todo a los mayores de 70 años o los que están enfermos. Ya murieron 191 personas en manos de sus jueces, los mismos que debían asegurarles la salud. El propio Zaffaroni escribió respecto de las prisiones preventivas, que donde dice "pueda" debe entenderse "deba", ya que estas cosas no pueden quedar sujetas a la voluntad individual.


Nuestros viejos se enfrentan a condenas puestas de antemano donde se condena a cadena perpetua sin importar como hayan actuado o el rol que cumplían en el momento, por testimonios en los que reconocen a los imputados "por el perfume", "por los zapatos", o lo hacen hablando de fechas imposibles por cambios de destinos o incluso porque el imputado se estaba casando ese mismo día. Hay quien dijo reconocer a todos los acusados de ese juicio, aunque estuviese siempre encapuchado, porque murió mientras lo interrogaban y los "vio desde arriba" antes de volver en sí (y esto no es ni chiste, ni exageración). Estos son tan solo unos pocos ejemplos de lo que ocurre en estos juicios. Estos son los ejemplos que el Fiscal General de Casación Javier De Luca solicitó se le precisen. Cuando quiera, estamos a su disposición para ejemplificar la falta de pruebas con las cuales se condena indiscriminadamente.


Fiscal General de Casación Javier De Luca

Así y todo con estas, cuanto menos pobres pruebas, muchas veces contradictorias entre testigos, estos condenados en primera instancia esperan encerrados las revisiones de Casación y Corte Suprema, es decir siendo aún inocentes para la ley, a diferencia por ejemplo, del barrabrava Alan Schlenker que está libre en las mismas condiciones procesales.


A nuestros viejos se los juzga con lo que determina el Estatuto de Roma de 1998 sobre Lesa Humanidad, pese a que este dice expresamente que puede ser utilizado "únicamente con respecto a los crímenes cometidos después de la entrada en vigor del presente Estatuto respecto de ese Estado", para así respetar el principio de Legalidad, la misma razón por la que no se utilizó la nueva legislación sobre la Trata de personas en el juicio de Marita Verón.


Los padres y abuelos de todos nosotros están presos porque el Poder Judicial argentino lejos de cumplir y hacer cumplir la ley, se somete a la voluntad de los políticos, a la presión que les permite usar livianamente a los DDHH como blindaje a las críticas, como cortina de humo o para robar descaradamente como quedó expuesto en el caso de Schoklender y la fundación Sueños Compartidos.


Señores Jueces son ustedes, como brazo ejecutor de los politiqueros de turno, los responsables de las 191 muertes a causa de las violaciones que estamos denunciando, son ustedes los responsables de la incertidumbre y la injusticia que pesa en nuestras familias. Ustedes están arrastrando a los secretarios y demás funcionarios judiciales a ser partícipes necesarios de esta estructura organizada de poder que asegura que estos delitos se lleven a cabo.


Tengan claro señores jueces, que nuestros viejos no están solos, que sus familiares, sus amigos, que nosotros sus Hijos y Nietos vamos a asegurarnos no solo el respeto de nuestros derechos, sino de que caiga sobre ustedes todo el peso de la ley.

Es solo cuestión de tiempo                  

Hijos y Nietos de Presos Políticos

NO HAY JUSTICIA INDEPENDIENTE EN LA ARGENTINA, SE HAN ATACADO LOS PRINCIPIOS DE LEGALIDAD


LOS ESCLAVOS DE LA JUSTICIA ARGENTINA


Palabras dirigidas por el Dr. Ricardo Saint Jean durante el acto en Plaza Lavalle, este  26 de febrero de 2013:

Los militares y policías, y los civiles que desempeñaron cargos durante el gobierno militar, son los parias de la democracia.
Son discriminados como si fueran esclavos.


A los esclavos y sólo a ellos, se les aplica retroactivamente la ley penal, violándose garantías y derechos humanos consagrados en nuestra constitución.  Y se les niega la prescripción, todo lo cual es ilegal tal y como lo ha declarado para todo el mundo la Corte Suprema De Justicia Del Uruguay, citando expresamente al Dr. Fayt


A los esclavos y solo a ellos se les niegan los efectos de las leyes de amnistía dictados por el mismo Congreso que ahora mira para otro lado.

La Corte Suprema, ésta que hoy festeja el inicio del año judicial, cambió los criterios del plenario “Díaz Besonne” de la Cámara De Casación, sólo respecto de los parias y los esclavos.

De esta forma son los únicos a los cuales no se les otorgan excarcelaciones.

Los esclavos son los únicos en la argentina a los que se los mantiene detenidos por más de tres, cinco y hasta nueve años sin condena.

A los esclavos no se les permiten las salidas transitorias ni aun estando condenados, porque la estrategia, llamada por Lorenzetti “política de estado”, es formarle  siempre nuevos procesos, de modo que nunca alcancen los beneficios humanitarios que la ley argentina consagra para los penados. 


De esta forma los mantienen –increíblemente- en peor condición estando procesados, con el principio de inocencia vigente, que estando condenados.

A los esclavos se los condena sin habérseles probado una sola conducta delictiva concreta, simplemente por el destino o el cargo que ocupaban.  Aquel estaba en un destacamento de inteligencia, aquel se desempeñó en una unidad de ejército, este era ministro.  Y sin que a ninguno de ellos se les pruebe el dominio del hecho por el cual los penan.


Ni mucho menos la existencia de un supuesto ataque sistemático y generalizado a la población civil, requisito de los delitos de lesa humanidad, que ya el fallo de la causa 13 contra los Comandantes, descartó completamente con todas las pruebas en la mano.

A los esclavos viejos, los que tienen más de setenta años, se les prohíbe el beneficio de la detención domiciliaria.


191 han muerto detenidos, sin condena.  Pero no importa, son esclavos.

A los esclavos se los somete a juicios públicos donde ellos y sus familiares son insultados, amenazados y agredidos por militantes que festejan quemando patrulleros y vehículos del servicio penitenciario, haciendo más grotesco el linchamiento judicial.

A los esclavos se les hacía una marca visible.


Pues a nuestras causas, y solo a ellas, se las identifica en todos los juzgados y cámaras del país con un enorme sello rojo que dice “DDHH”, no sea que a algún distraído se le ocurra aplicarle el mismo derecho que se le aplica al resto de los habitantes de la nación.

El látigo disciplinario no es sólo para los procesados esclavos, lo es también para los jueces que quieren ser independientes. Que pretendieron sentar criterios legales objetivos.


A los jueces a quienes se les ocurrió conceder excarcelaciones a los parias, a los esclavos, se les pidió el juicio político, caso de Alfredo Bisordi, de Berraz de Vidal, de Durañona y Vedia, de Gustavo Hornos, de García, de Yacobucci y de tantos otros.

Los jueces federales que no tenían muchos procesos contra los parias y esclavos, sufrieron escraches en sus domicilios, y la visita preocupada de los organismos de DDHH siempre acompañados por el CELS de Verbisky y algún diputado esclavista.


Y en los exámenes para nombramientos o asensos, expresamente se les pregunta qué opinan sobre esta clase de juicios.

Asesinan a los parias y a los esclavos.


Como lo hicieron con mi padre, el Gral. Ibérico Saint Jean, los jueces Rosansky, Portela y Falcone, que lo mantuvieron en proceso contra diez informes suscriptos por diferentes médicos del cuerpo médico forense que lo declararon incapaz para estar en juicio.  Y con 90 años, enfermo de cáncer y sin posibilidades de caminar por sus propios medios, le revocaron la detención domiciliaria y lo enviaron a Ezeiza. 

Y persiguieron a los médicos forenses que habían dictaminado a favor denunciándolos ante la Corte Suprema.

Hasta que se descompensó.

Mi padre murió, sin condena, tan solo dos semanas después, en el pabellón del Hospital Militar que aloja a los esclavos.

Hospital Militar Central

Los esclavos son mercancía, moneda de cambio. 

Por eso el gobierno le explica sordamente a la ciudadanía que nos roban y nos matan en la calle por cualquier cosa, pero que no se preocupen, porque ellos persiguen a los represores que habrían cometido delitos hace 35 años. 

Cualquiera y en cualquier lugar roba y mata por unas zapatillas o un celular, pero no se preocupen, la policía y la justicia funciona, hoy detuvimos a otro esclavo que habría cometido un delito en 1975.

Y le explican a la ciudadanía que los trenes descarrilan y muere gente, “pero Estela, estarás contenta porque hoy condenamos a otros nuevos parias a los que juzgamos por hechos de hace 35 años”.


La droga se enseñorea a lo largo y ancho del país y la corrupción de los funcionarios es la más alta que alguna vez hayamos visto, pero no hay impunidad,  mantenemos ocupados todas las agendas de los tribunales federales, que son los que deben investigarlos, con los juicios por hechos de hace 35 años.

¿Hay algo peor que una dictadura que viola los derechos humanos de sus habitantes?
Sí, una democracia que viola los derechos humanos de sus habitantes.

Hasta qué punto se ha arrodillado la justicia que hoy traspasan los límites del veinticuatro de marzo del setenta y seis solo para perseguir a quienes eran policías o civiles que combatieron el terrorismo guerrillero en los años setenta y cuatro y setenta y cinco.

¿No ven acaso que solo se juzga y se persigue como esclavos a los antiguos enemigos de los montoneros?

Y no sólo a aquellos que los combatieron con las armas, sino también a los jueces que, con la ley en la mano, los condenaron, como es el caso del Dr. Jaime Smart.


Ya no solo saltan obstáculos legales y constitucionales insalvables para cualquier país civilizado.  Ahora dan además unas muestras de un zigzagueo jurisprudencial vergonzoso y asombroso para designar y perseguir a los parias, a los esclavos y a quienes consideran un obstáculo a sus ambiciones.

A tal punto ha permitido la Corte la vulneración del derecho que, al romper para los esclavos el granítico principio de irretroactividad de la ley penal, le ha abierto a este gobierno, y a todo otro que venga en el futuro, la posibilidad de perseguir a sus opositores políticos.


Porque usando el mismo precedente que le aplican a los militares, ahora acusan de delitos de lesa humanidad, a la señora de Noble, a Magneto, a Mitre, a Blaquier, a sindicalistas, a jueces, a sacerdotes

No se cumple este año ningún aniversario de ningún fallo de la Corte con el cual pretenden festejar el inicio del año judicial.  Este año se cumplen doscientos años de la Asamblea General Constituyente de las Provincias Unidas del Rio de La Plata.  La Asamblea del año 13.

Aquella que dejó sentado para siempre que en esta tierra no aceptamos prerrogativas de sangre ni de nacimiento. Que en la argentina no existen fueros personales ni títulos de nobleza.  Que en esta nación todos somos libres, e iguales ante la ley. 

No puede haber esclavos, ni permitirse su existencia.

El terrorismo guerrillero, en los 70, nos secuestraba y nos mataba como a perros. 
Por ser militares, por ser policías, por ser familiares de militares o policías  estábamos condenados a muerte. Y la Patria, si ellos triunfaban, a la esclavitud de la falta de libertades de Cuba, de China, de la Unión Soviética.


Ya para el año 74 y 75, cuando los hechos desbordaron a la ley, para cuando la violencia y el caos se adueñaron del país, tronaron las armas.  Y cuando los acontecimientos parecieron superar a las instituciones, la Junta Militar, los Comandantes de las tres Fuerzas Armadas, asumieron –contra la ley- el gobierno de la Nación.


¿Qué creen acaso?; ¿que los hijos y nietos de los presos políticos estamos de acuerdo con la ilegalidad de entonces, con la violencia, con el uso de las armas como medio para dirimir los conflictos?

¿Creen acaso que no sabemos de su dolor?  ¿Qué es diferente tener un padre, un hermano o un esposo detenido que tenerlos desaparecidos?,  aun cuando estén muriendo en prisión como nos ocurre a nosotros?

¿Creen que no consideramos a todo eso una injusticia y un dolor mayor al que estamos ahora viviendo nosotros?. 

Pero señores, ya no una vez, sino varias en la historia argentina, abandonamos la ley para alcanzar lo que creíamos justo. 

Si la Junta Militar abandonó la ley para alcanzar la victoria sobre el terrorismo, abandonar la ley, en democracia, para alcanzar lo que consideramos que es justo, es la vuelta a la selva, a la venganza, a los más bajo de nuestra naturaleza. Es el suicidio del sistema. 

Es violar los derechos humanos en nombre de los derechos humanos.

¿Y creen ustedes por ventura que el poder judicial, este poder judicial federal, es el que habrá de solucionar nuestros problemas?


Este poder judicial federal integrado por jueces que  pugnan porque les hagan notas en Página 12 o reportajes  en los medios oficiales, para explicar cómo y porqué hacen lo que está prohibido por la ley?; que se abrazan con los querellantes, emocionados, cada vez que condenan a cadena perpetua a los esclavos. Con esos jueces que quieren ser Dalessio, Strassera, Moreno Ocampo, pero condenando a agentes y cabos de la policía y del servicio penitenciario hoy ancianos, y oficiales que tenian 20 y pocos años cuando ocurrieron los hechos, con generales que se les mueren en las cárceles insanas, abandonados y sin respaldo de la institución a la que sirvieron y de la Nación que los envió a combatir del modo que lo hicieron?

¿Estos jueces que son débiles con el fuerte y fuertes con el débil?


Son ustedes, gobernantes, los que apañan a los ideologos de ayer, los que respaldan sólo a los familiares del terrorismo guerrillero, los que gozan de privilegios y algunos además se enriquecen, mientras mantienen presos a la policía y a los militares.  Ustedes, que silencian a la prensa, que controlan los precios, que escrachan a los jueces independientes y atemorizan a los disidentes.  


Son Uds. Quienes, en lugar de actuar como padres de una comunidad de hermanos, bregar por el perdón, la reconciliación y la unión de los argentinos, fomentan el odio, el resentimiento, la eterna división.

Y dicen: que haya unión, pero con justicia.  Señores, la ausencia de legalidad, es una renuncia a la justicia.

La Argentina nos queda grande.  Y no por su vasto territorio. Nos falta grandeza de alma a los argentinos para superar nuestros abismos, para conseguir los objetivos por los cuales vivieron y murieron tantos compatriotas.


Me pregunto si es porque desde nuestros inicios, por cada vez que prometemos vivir coronados de gloria, tres veces juramos morir por ella. 

Una Nación donde –en definitiva- pareciera que es más fácil morir por amor a los ideales, que aceptar el desafío de vivir con ellos.

Mientras contemplamos, impávidos, la decadencia de un país que se divide en countrys y villas miserias.

¿Qué hacemos, regodeándonos en el pasado del dolor y la violencia, cuando millones de nuestros chicos nacen en los mundos marginales de la violencia, la droga y el desamparo?. ¿No debiéramos darnos allí la mano,  en el rescate a los más necesitados, a los urgentemente necesitados, allí donde un sacerdote fue asesinado el día que renunció a la violencia para abrazar la ley?.


Ese hombre seguía a quien hace 2000 años dijo:  “aquel que ha puesto la mano en el arado, y mira hacia atrás, no sirve para el reino de dios”.

No se trata de una prohibición de mirar hacia atrás, o un ocultamiento o censura del pasado.  Se trata de una invitación a poner –todos y cada uno- la mano sobre el arado.


Para construir nuevos surcos en el presente, surcos que son preparación para el futuro… que es lo único que podemos hacer para transformar el pasado, para convertir ese tiempo cruel, estéril, trágico,  en algo provechoso, útil para quienes estamos aquí y ahora, y para los que vendrán.

Nosotros, que sufrimos entonces y que estamos sufriendo ahora, les tendemos la mano a quienes nos consideran sus enemigos,  y les proponemos trabajar juntos en el presente, por el pasado, para el futuro.

Pero que a nadie se le ocurra ver en este gesto un signo de claudicación o de debilidad. No es el débil sino el fuerte el que extiende sus brazos cuando arrecian los latigazos. 

Porque nuestros presos y nuestros muertos nos hacen cada día más fuertes.  Porque estamos al lado de los militares, los policías, los agentes del servicio penitenciario, la gente de prefectura y gendarmería y somos testigos de estas humillaciones, más la falta de equipamiento, el desánimo, la incomprensión, la persecución, el fomento del odio y de la desconsideración social. 

Y lo más trágico, sin un futuro a la vista, mientras la nación sufre un aumento sin precedentes de la inseguridad fronteras afuera y fronteras adentro de su territorio.

Nosotros no vamos a parar. Nosotros no podemos parar, porque somos herederos de quienes vivieron y murieron para que todos los argentinos vivamos como hombres libres. 

Porque no aceptamos ser esclavos ni toleramos que nadie, en nuestro país, sea tratado como tal.

Porque luchamos por una argentina que viva unida, reconciliada, caminando hacia un objetivo común.

Por la libertad de los presos políticos.

Por la recuperación de la legalidad.

A todos los que sufren y a todos aquellos, que dieron la vida por nuestra argentina,  les decimos que por ellos, la patria está viva. 

A quienes nos siguen agrediendo.  A los magistrados cobardes que traicionan el derecho. A los dirigentes que no se atreven a realizar la gran empresa argentina, para todos ellos tenemos un mensaje que les transmitimos en palabras de dos hombres extraordinarios: el  bravo soldado Luna y el sargento Cabral:

“ACÁ NO SE RINDE NADIE, CARAJO, VIVA LA PATRIA!!”

FUENTE: https://www.facebook.com/pages/Justicia-y-Concordia/257291257644198

NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.