viernes, 5 de mayo de 2017

ASOCIACIÓN DE ABOGADOS POR LA JUSTICIA Y LA CONCORDIA - DECLARACIÓN


La Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia manifiesta que el fallo “Muiña” de la Corte Suprema de Justicia constituye un regreso a la legalidad luego de un largo período en el cual el Derecho estuvo puesto al servicio de intereses políticos e ideológicos.  El principio de la ley más benigna, reconocido legal, convencional y constitucionalmente, no establece distingo de delitos, por lo que su negativa a ser aplicada a personas acusadas de aquellos a los que se denomina de “lesa humanidad”, constituye una discriminación inaceptable.  Por otra parte, consideramos necesario recordar una vez más, que lo que se juzga en el caso “Muiña” y tantos otros, por hechos ocurridos en la década del 70, no constituyen crímenes de lesa humanidad,  ya que esa categoría delictual fue incorporada a la legislación argentina por la ley 25.390 del 9 de enero de 2007, siendo que el Art. 24 de dicho Estatuto, prohíbe a los Estados su aplicación retroactiva, respetando así el principio de legalidad, también conculcado por más de una década.  Se puede criticar el contenido de la ley 24.390 del “2x1”, pero nunca su aplicación irrestricta a todos los que ella beneficia.  Quienes critican el fallo lo hacen desde posiciones ideologizadas, movidos por el rencor, por intereses políticos o especulaciones electorales.  No podemos sino celebrar el volver a contar con fallos –y nada menos que de nuestro más alto Tribunal- inspirados en el interés de la ley y que honran además, en el caso,  principios y valores que han de estar siempre por encima de las pasiones o intereses del momento. 

Buenos Aires, mayo 5 de 2017.


Alberto Solanet
Carlos Bosch
Presidente
Secretario

FALLO DEL 2 X 1 E INDIGENCIA MORAL

04/05/2017
Por Mauricio Ortín

Que la discusión en los medios sobre el reciente fallo de la Corte, que acepta el 2 x 1 para los condenados por crímenes de lesa humanidad parta del supuesto de que son genocidas, constituye un despropósito epistemológico y ético. Ello porque de ninguna manera son tal cosa y los que así lo afirman, o actúan de mala fe o son unos ignorantes redomados. Ya en democracia, la guerra comenzó con el ataque artero, homicida y generalizado de las bandas terroristas contra civiles, militares y el Estado de Derecho. El objetivo confeso era imponer por las armas la dictadura comunista. La lógica reacción de los gobiernos de Juan e Isabel Perón fue actuar en defensa propia, del orden constitucional y de la sociedad en su conjunto ¿Qué otra respuesta distinta a la represión merecía la horda subversiva de Firmenich, la hija de Carlotto y compañía? Acaso, ¡que los militares y policías se echen al suelo a esperar que los capen los Montoneros! De que el peronismo y el gobierno militar no reprimió con la ley en la mano es un hecho (La paternidad peronista de la Triple A está fuera de discusión.) Ahora bien, la guerra de los ‘70 no se caracterizó por dirimir los conflictos en los tribunales sino a balazo limpio. Ello quedó más que claro cuando, después de amnistiados por el presidente Cámpora, los jóvenes “idealistas” se largaron a asesinar a los jueces que los persiguieron con la ley en la mano. Y, aunque se cuidan muy bien de decirlo, fue Juan Perón que comenzó con la represión “genocida”. Y no lo dicen porque, aunque miserable, es negocio posar de víctimas y no de victimarios. Además, ahí están los “milicos” hijos de la pavota para que se coman el garrón del victimario universal; esa y no otra es la sustancia que oculta la cáscara conocida como “Memoria, Verdad y Justicia” y “política de derechos humanos”.

Ahora bien, cabe preguntarse por las causas que disparate semejante no haya despertado la saludable reacción cívica que pusiera las cosas en su lugar. Que sujetos de baja estofa y, también, de buena leche, no hayan recibido la condena social oportuna por tergiversar los hechos con el objeto de demonizar el fallo, revela el grado de decadencia en el que está sumida la sociedad argentina. Dicho de otro modo, en la incapacidad para reunir la masa crítica de ciudadanos necesaria que incline la balanza hacia un país medianamente decente. De qué manera se explica, por ejemplo, que los “sedientos” de justicia se rasguen las vestiduras ante el fallo del 2 x 1 y no se perturben y hasta aplaudan que no se juzgue a los “jóvenes idealistas” por los homicidios y demás crímenes que cometieron ¿Qué pasa? ¿Son tontos, infames o se les ha atrofiado el sentido de justicia? Tal vez sea el pánico que infunde la posibilidad de exponerse a ser escrachado por la lengua venenosa de la Carlotto. Es que rinde mucho más y no implica riesgo alguno la cobardía (políticamente correcta) de, por ejemplo, gritarle “genocida” a un héroe de guerra como el teniente coronel  Guillermo Nani. La Secretaría de Derechos Humanos  de la Nación y las de las respectivas provincias y municipios, de hecho, se crearon para triturar a las Fuerzas Armadas.  Los recursos públicos “invertidos” en esa política son fabulosos. Hay que reconocer que hicieron bien su trabajo. Las multitudinarias reacciones en contra y las escasas a favor del fallo así lo indican.


En los últimos doce años la Argentina se llevó puesta a sus Fuerzas Armadas. Soy escéptico en cuanto a que sea factible reconstituirlas. Es que los soldados saben bien que el único gesto que pueden esperar de aquellos a los que socorrieron es una fuerte y soberbia patada.

miércoles, 3 de mayo de 2017

UN GENERAL DE LA NACION QUE CUMPLIO SU JURAMENTO CON HONOR:


“…a mis acusadores les debe sorprender desagradablemente que yo siga pensando igual frente al mismo enemigo, a los mismos episodios que ellos produjeron y a los que ahora nos retrotraen.” Luciano Benjamín Menéndez, General del Ejército Argentino.

Podrán pasearlo por cien circos vanamente llamados “juicios” y seguramente lo harán, ya que es el paradigma de lo que sueñan abatir. Podrán ponerlo cuantas veces quieran a merced de payasos togados que creen estar haciendo historia, sin reconocer que sólo están firmando la perversa sentencia ya escrita de una revancha impía que solo ha servido para agravar la división que una banda de facinerosos pergeñó para mantener a los argentinos envalentonados en un enfrentamiento estéril mientras ellos saqueaban la República.

Nuevamente los falsarios a quienes derrotó volverán a pedir su cabeza o tratar de infamarlo -plumas serviles mediante- inventando historias y repitiendo agravios para terminar, como siempre, en el insulto soez, prueba lapidaria que es lo único que les queda a estos miserables después de cada derrota que el General les vuelve a infligir en los estrados judiciales, porque prevaricación mediante y abyecto servilismo, lo podrán condenar pero nunca lo pudieron callar.

El solo queda. El General que quiso, corte marciales mediante, fusilar criminales y no desaparecer enemigos, que cargó sobre sus hombros el peso de una guerra que no se estudiaba en su época en la Escuela de Guerra y que seguramente le repugnaba. Pero era un General de la Nación y por ella combatió.

Son pocos -él, sus subordinados y todos aquellos que al igual que él creyeron que un juramento, “Defender a la Patria hasta perder la vida” no era un bien negociable- con los que aún quedan cuentas para ajustar.

Sería más honrada la “justicia” argentina si al igual que el “INRI” en la Cruz por sobre los telones de fondo de los tribunales orales estuviera escrito aquel perverso apotegma: “Al enemigo, ni justicia”.

Esa cabeza es el trofeo que desvela a quienes llevan adelante estos “juicios”. Ellos, los verdaderos autores intelectuales de tanto caos y muerte en tiempos idos. Ellos, los jefes desertores y falsarios que compraron su exilio acomodado con la vida de los “perejiles” que creyeron en su lealtad. Ellos, que tratarán por enésima vez de obtener el botín que pretenden para autojustificarse.


Esos son los que hoy no pueden soportar que un grupo de viejos, que ni se rajaron ni se acobardaron, les estén dando ejemplos de dignidad a diario. Una dignidad que ellos no tuvieron al entregar a los propios, esos que hoy victimizan y por quienes reclaman esforzándose en olvidar que murieron por su propia felonía. Es que, miserables de su laya, no podían contar con que en el Ejército había Generales que no eran meros uniformes aferrados a un escritorio y a una alfombra. También eran Soldados.

De nuevo asistiremos -porque el objetivo es que esta historia no tenga fin- a la perversa estrategia de destrucción diagramada por aquellos que arrastran su pasado indigno de tránsfugas y mercaderes de la vida de sus propios compañeros, ruina que pretenden llevar a cabo con la complicidad de jueces prevaricadores, testigos falsos, políticos cobardes, una sociedad anestesiada e hipócrita y unos uniformados de generales “nuevos” a los cuales han comprado con los treinta denarios de la traición.

Porque el enemigo que ellos deben batir es hoy lo que resta del Ejército Argentino, de las Fuerzas Armadas. Ese resto que hoy se sostiene en el ejemplo de los que por defender a la Patria penan su juramento en cárceles comunes, ejemplo que ha evitado hasta hoy que las Fuerzas Armadas se conviertan en una montonera de entecados morales incapaces de alzarse en armas ante una ofensa a la Patria.

Solo esperan conseguir con esta seguidilla de bufonadas jurídicas un mínimo gesto de desánimo. Eso quizás concretaría la destrucción pretendida. Error, Luciano Benjamín Menéndez es un Soldado. No un bufón al que se le untan malamente los calzoncillos si en otro momento un desquiciado de mirada errática le hubiera ordenado descolgar un cuadro.

José Luis Milia


FALLECIÓ OTRO PRESO POLÍTICO


Estimados Amigos:

A través de la Unión de Promociones hemos tomado conocimiento, en forma retroactiva, que lamentablemente el día viernes 14 de abril de 2017  corriente año falleció otro Preso Político el señor Comisario (R) Onésimo Molina (Policía de la Provincia de San Juan).

El citado Oficial tenía al momento de su fallecimiento 77 años de edad y sufría gravísimos problemas de enfermedad. Pese a todo ello, el Juzgado Federal de San Juan N° 2, dispuso su encarcelamiento en el Penal de "Chimbas" (San Juan), en Marzo del año 2015. Posteriormente, ante el extremadamente delicado cuadro de salud que presentaba, fue enviado a Prisión Domiciliaria, lugar donde finalmente falleció.

Ya son 401 (cuatrocientos uno) los fallecidos, pertenecientes a todas las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Policiales, Fuerzas Penitenciarias y Civiles; en el marco de este proceso de persecución, venganza y exterminio, donde SE CONTINÚAN REPITIENDO en forma sistemática infinidad de irregularidades jurídicas, instrumentadas en el ámbito de una justicia prevaricadora.

Debe destacarse que del total de Presos Políticos que han fallecido, 60 (sesenta) decesos se han producido desde el día 10 de Diciembre de 2015.
Expresamos nuestras sentidas condolencias a todos sus familiares, allegados, compañeros y amigos, rogándole al Señor, les conceda pronta y cristiana resignación.

Dadas las avanzadas edades y estados de salud de los Presos Políticos en la Argentina, estas lamentables noticias son cada vez más seguidas. Una vez más levantamos nuestra voz hacia el poder de turno, no pueden continuar con esta matanza selectiva… es su obligación como presidente de todos los argentinos garantizar el debido proceso, la igualdad ante la ley, brindar asistencia sanitaria adecuada y por sobre todo lograr la unión de la sociedad para superar las antinomias que después de casi 206 años aún nos mantienen divididos. Es hora de sin odios, ni venganzas, es hora de una mirada superadora. ¡BASTA!

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva

por una Nueva Década en Paz y para Siempre

lunes, 1 de mayo de 2017

BIFOCALIDAD Y JUSTICIA


"Un hombre común se maravilla ante las cosas poco corrientes; un hombre sabio se maravilla ante las cosas corrientes". Confucio

Si el pensador chino, que murió quinientos años antes de la era cristiana, hubiera llegado a conocer la Argentina, habría estado permanentemente maravillado porque aquí compartimos, desde siempre, una realidad virtual, en la cual nada de lo que vemos o hacemos es cierto, mientras ignoramos las normas elementales que permiten a los hombres vivir en comunidad. No me refiero a las leyes, de por sí bastante extrañas y contradictorias, sino al modo en que las aplicamos, según nuestro personal punto de vista, en general reñido con el de la sociedad en su conjunto; y, en la duda, optamos siempre por el que más conviene a nuestro relato, individual o colectivo.

Para ejemplificar a qué me refiero, basta con pensar que las normas establecen que quienes son procesados por delitos pueden permanecer en libertad mientas se sustancia el juicio y se llega a una sentencia firme, pero se niega dicho privilegio a aquéllos que, estando libres, pueden poner en riesgo la investigación, adulterar las pruebas o, simplemente, fugarse. Y los mismos criterios se aplican a los mayores de setenta años, aún con condena firme, respecto a la prisión domiciliaria; esto último se justifica especialmente porque ninguna sociedad civilizada combate a los supuestos caníbales comiéndoselos.

En estos días, los argentinos observamos con enorme perplejidad que dos jueces federales, los Dres. Ercolini y Bonadío, con el consentimiento de los respectivos fiscales que actúan ante sus juzgados, han concedido a Cristina E. Fernández y a su hija, Florencia Kirchner, autorización para realizar un paseo pseudo cultural por la vieja Europa, con el obvio propósito de exponer su inventada persecución política ante audiencias amenas y receptivas, como son los famosos izquierdistas "revolucionarios de escritorio"; si bien el segundo la otorgó bajo una caución real, el monto fijado resulta una nimiedad al comparárselo con las incalculables fortunas que la familia ha robado de las arcas públicas.

Creo que el asombro llega a Brasil, donde el proceso de limpieza contra la corrupción ha alcanzado cotas impensables en América Latina hasta hace muy poco, ya que muchísimos dirigentes políticos, gobernadores, senadores, diputados, empresarios, etc., se encuentran en la cárcel y a nadie se le ocurriría siquiera pedir algo así.

La viuda patagónica, recordemos, se encuentra procesada, entre otras cosas, por organizar y encabezar una asociación ilícita (un delito no excarcelable), fundada con el propósito de cometer una enorme multiplicidad de estropicios, de los cuales hemos sido víctimas todos y cada uno de los habitantes de este país, expoliado hasta la extenuación durante las sucesivas gestiones que compartió desde hace veinticinco años con su marido muerto; si como muestra basta un botón, allí tenemos a la Provincia de Santa Cruz, aunque ésta tenga una superficie comparable a la de varios países sumados y tenga bajo su suelo una riqueza saudí.

El choque entre este suceso y la realidad de las prisiones superpobladas de individuos detenidos sin sentencia firme por la comisión de delitos menores, como hurtos o arrebatos, ha producido una generalizada indignación, reflejada en las redes sociales y en las plataformas de peticiones públicas; y es razonable que así sea, toda vez que Cristina Kirchner y su entorno han demostrado hasta el hartazgo que están dispuestos a alterar las pruebas -como hicieron con los libros de las sociedades hoteleras involucradas- y entorpecer así cualquier investigación.

Esos hechos, ya probados, bastarían con enviar a la cárcel a cualquier pequeño comerciante, pero nuestros particulares jueces, que cuentan con narices más caras que las de los mejores perfumistas, son inmensamente tolerantes y permisivos ante quienes han ejercido, durante tantos años y con enorme fiereza, un poder omnímodo; no vaya a ser que, en una súbita recaída social, vuelvan al poder y quieran cobrarse las penas ahora aplicadas.

En otro orden de cosas, lo mismo parece suceder con aquellas personas que, como Hebe de Bonafini, son aún capaces de generar conflictos en la calle; aún tenemos fresco el recuerdo de cuando se negó a comparecer en Comodoro Py y el Juez aceptó interrogarla en la cocina de la Fundación Madres de Plaza de Mayo. El Dr. Eduardo San Emeterio y quien esto escribe la denunciamos -y, con ella, a la locutora del acto y a los organismos de pseudo derechos humanos firmantes del documento allí leído- por sus dichos en la Plaza de Mayo el 24 de marzo pasado; a más de un mes de haberlas radicado, no hemos sido llamados todavía a ratificar las denuncias, primer paso de la causa penal. 

En el otro extremo de ese espectro se encuentran los casi dos mil presos militares, ancianos (el promedio de edad es 76 años), la mayoría sin condena firme y cumpliendo prisiones preventivas que exceden en lustros el máximo legal permitido (dos años, más uno debidamente justificado), que se siguen muriendo en las mazmorras estatales por falta de atención médica adecuada. Acusados por testigos que, cuarenta años después, dicen haber construido colectivamente la memoria y reconocerlos por la voz o por el olor, privados de todo derecho a un juicio justo y víctimas de procesos judiciales amañados, cuatrocientos ya fallecieron (cincuenta lo han hecho desde el 15 de diciembre de 2015) y, naturalmente, el ritmo se incrementará con el mero transcurso del tiempo.

Cuando, muy esporádicamente por cierto, algún tribunal federal les concede el beneficio de la prisión domiciliaria -ayer fue el caso de un preso de 87 años, gravemente enfermo- la mayor parte de las veces no se hace efectivo porque otro tribunal la niega, y la saga continúa. Es que, rápidamente, se alzan los infames pasquines y las radios y canales de televisión que multiplican la vocinglera gritería de esos mismos organismos de pseudo derechos humanos que rechazan la democracia como sistema de vida y piden, a voz en cuello, el derrocamiento del Gobierno.

Nadie se pregunta, tratándose de los "genocidas", por qué se los mantiene en la cárcel, cuando no pueden alterar las pruebas del proceso ni corren riesgo de fuga. Es que a éstos, la sociedad los ha elegido como únicos receptores de la culpa general de haber llamado a las puertas de los cuarteles para parar el desmadre en que se había convertido el régimen peronista en 1974 y 1975, que amenazaba con despedazar el país.

Ya nadie recuerda -ni quiere hacerlo- cuántos civiles, en especial radicales, actuaron como funcionarios, ministros e intendentes del proceso militar, ni cuántos empresarios, obreros, comerciantes y estudiantes aplaudieron a rabiar a los generales golpistas. Es más cómodo transferir esa responsabilidad a unos pocos y lavar así los pecados colectivos, por más que, cuando la tragedia se produjo, esos pocos fueran extremadamente jóvenes y estuvieran en los grados más bajos del escalafón jerárquico; hasta el lamentable Gral. Milani entra en esta categoría, aunque deba permanecer en la cárcel hasta que sea condenado por ladrón.

Hace un año y medio, Mauricio Macri prometió terminar con lo que él mismo llamó el "curro" de los derechos humanos. Los argentinos, tan golpeados por la gigantesca crisis económica que nos dejó el kirchnerismo, necesitamos saber quién se llevó los más de US$ 2.500 millones en extrañísimas indemnizaciones, cuyos destinatarios el Gobierno aún se niega a revelar.

Argentina se está reinsertando en el mundo, y una prueba de ello será su próxima integración a las grandes mesas de discusión del comercio mundial, en especial en el área del Pacífico, así como la importancia que nuestro país está recuperando en la región, reconocida a través de los viajes presidenciales a China y la visita de grandes personalidades mundiales, como Angela Merkel. Evidentemente, mucho ha cambiado ya y, después de octubre, ese cambio se acelerará, cuando la esperable victoria electoral del Gobierno derrumbe la falsa prudencia de los inversores, sobre todo de nosotros mismos.

Pero debemos recordar que, para que esas esperanzas se transformen en realidades concretas, debemos tener una Justicia independiente, seria, confiable y rápida; con ella, todo será posible pero, sin ella, nada lo será.

Bs.As., 29 Abr 17

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado

ABOGADOS DE PERSONAS DETENIDAS EN LOS JUICIOS MAL LLAMADOS DE LESA HUMANIDAD PIDIERON UNA AUDIENCIA A LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA NACIÓN








sábado, 29 de abril de 2017

EX ENEMIGOS QUE DIALOGAN

27 de abril de 2017

El teniente coronel (R) Rodolfo Richter presentaba Lucha armada: el PRT-ERP y las condiciones revolucionarias.
Algo muy curioso ocurrió el miércoles 19 en esta Ciudad. Lo que en principio parecía la anodina presentación de un libro terminó suscitando un debate esclarecedor sobre el pasado violento de nuestro país y sus perspectivas a futuro, a partir de las opiniones de los protagonistas menos pensados.

Todo sucedió en un aula de la Universidad Católica Argentina. El teniente coronel (R) Rodolfo Richter presentaba Lucha armada: el PRT-ERP y las condiciones revolucionarias (Dunken). Es un volumen que revisa, con criterio desapasionado, los devaneos doctrinarios que a fines de la década de 1960 llevaron al grupo dirigido por Mario Roberto Santucho a tomar las armas en contra de lo que indicaban ciertos preceptos del marxismo-leninismo. El libro es la versión reducida y adaptada de la tesis que Richter defendió para acceder al doctorado en Ciencia Política.

Aquí un primer dato llamativo. Richter es paralítico. Perdió la movilidad de las piernas en febrero de 1975, cuando fue herido en el combate inaugural de la Operación Independencia que dispuso el gobierno democrático peronista para derrotar al ERP en el monte tucumano. Entonces tenía 26 años y era teniente de infantería del Ejército con las aptitudes de paracaidista y comando. Después de una trabajosa recuperación, logró rehacer su vida. Estudió y se convirtió en profesor de Ciencia Política. Lo que sufrió a manos de la guerrilla no le impidió estudiarla con seriedad hasta hurgar en las razones de su derrota estrepitosa.

Segundo dato curioso. Entre el público que asistió a la presentación, compuesto en gran medida por militares retirados, familiares de víctimas del terrorismo y algunos estudiantes, se destacaron dos personas. Dos miembros del PRT-ERP, ya septuagenarios: Luis Mattini, quien fue su último jefe máximo, y Carlos Gabetta, periodista y ex integrante del sector de inteligencia del grupo. Su ingreso no pasó inadvertido. Hubo miradas de asombro, gestos desconfiados y murmullos de fastidio, por obvios motivos. Alguna asistente recordó, por ejemplo, que uno de ellos habría participado en un ataque que provocó la muerte de su padre.

Pero Mattini y Gabetta no fueron allí a provocar. Richter los invitó. Ya antes se había reunido varias veces con ellos, compartieron más de una comida y los entrevistó para el libro que estaba presentando. Los antiguos enemigos pudieron encontrar un terreno común para conversar sin dejar de lado sus ideas, pero con la voluntad de respetarse y, de algún modo, aceptarse. Sólo Dios sabe adónde conducirá ese esfuerzo, que no se ha interrumpido, ya que Richter y Gabetta trabajan ahora en un libro conjunto sobre sus visiones diferentes acerca de lo que sucedió en los años '70.

Hacia el final de la presentación, a la hora de las preguntas, los dos ex guerrilleros pudieron expresarse con libertad. Gabetta incluso pretendió reivindicar el sentido de la lucha armada setentista, aunque a la vez se solidarizó con la situación de los cientos de militares juzgados por delitos de lesa humanidad a quienes muchas veces se les niegan los beneficios más elementales de la prisión domiciliaria y una adecuada atención médica, pese a que son ancianos y sufren graves problemas de salud. No fue aplaudido, pero tampoco repudiado. Al igual que Mattini se retiró con la misma libertad con la que había llegado.

Todo el acto fue como una metáfora de lo que podría construirse en un país desgarrado por la violencia y la división, y en el que otra vez se agita el fantasma de la guerra civil. Pero la grieta existe y no todos tratan de cerrarla. ¿Alguien se imagina a Aldo Rico asistiendo a la presentación de un libro de Roberto Perdía o del propio Mattini? ¿Podría salir vivo de semejante encuentro?

Jorge Martínez