martes, 11 de septiembre de 2018

LA ÉTICA PROFESIONAL MILITAR



Por Grl Heriberto Justo Auel

LA CIRCUNSTANCIA ACTUAL INVITA A REFLEXIONAR SOBRE ÉSTE TEMA.

LA NATURALEZA DE LAS COSAS.

¿PORQUÉ NECESITAMOS DETENERNOS HOY EN LA ÉTICA PROFESIONAL MILITAR?

LA CIRCUNSTANCIA ACTUAL INVITA A REFLEXIONAR SOBRE ÉSTE TEMA.

Preliminarmente pretendo plantear la importancia de dar tratamiento al tema enunciado. Es importante pues la crisis de arrastre que nos ha llevado a la actual decadencia, como Nación y Estado,  es de origen cultural y político y la circunstancia es oportuna, toda vez que estamos -según promesas oficiales- en las acciones preliminares de la recuperación del núcleo duro del Estado Nación: las FFAA. (1)

A las generaciones de Oficiales de las FFAA argentinas que egresamos en la década 1950/1960 nos tocó vivir, mientras revistábamos en actividad, las crisis socio-políticas más graves del siglo XX que culminaron con las guerras posnucleares -limitada y muy limitada- que hoy, en sus posguerras, retienen a nuestra querida Patria Argentina -mientras nos empeñamos en un nuevo y arduo intento de resurgimiento- en doble “estado de guerra” (2) (3) y en plena inseguridad pública y estratégica, que somatizamos diariamente a través de una fuerte ansiedad colectiva frente al futuro, aun en el de corto plazo.

Las guerras -en la Historia Universal-  son anteriores a la existencia de los ejércitos, que recién llegaron cuando lo permitieron los excedentes financieros de las comunidades organizadas. Estos -los ejércitos- siempre fueron medios disuasivos/defensivos frente al agresor eventual o bien, ante una situación crítica interior que conllevara un riesgo existencial y legitimara el empleo de la vía  institucional, para retener la sobrevivencia identitaria de la nación.



En manos del conquistador o del revolucionario, las FFAA fueron también empleadas para la perversidad en las relaciones políticas, internacionales o internas. Cuando se agota la comunicación política negociadora entre actores internacionales o internos, la alternativa es siempre la violencia organizada, impulsada por un agresor. En este caso estamos en presencia de una guerra ofensiva, ya fuere internacional o guerra civil -interna-. Ésta última es la peor especie de las guerras, pues su instrumento central es el odio social.

Expresadas estas generalidades conceptuales, volvamos a nuestra situación. Desde 1945, después de la Segunda Guerra Mundial -que finaliza con lanzamientos nucleares en Japón- se inicia la apertura de una nueva rama de la Ciencia Política: la Polemología y una nueva etapa de la Estrategia, la Contemporánea. Reaparecen -desde 1947- “actores agresores no estatales” en el marco interno y externo y la más primitiva modalidad de la acción violenta: el terrorismo. El espectro del conflicto se amplía así, bruscamente, es sus extremos: desde la hecatombe nuclear -en uno de ellos- a las primitivas guerras muy limitadas -en el opuesto- (4).

Al finalizar la Guerra Fría -1989/caída del muro de Berlín -1991/implosión de la URSS- la disuasión se hace abstracta por carencia de responsabilidad política de los nuevos actores-agresores. Surgen las nuevas amenazas y riesgos estratégicos que la Argentina -aun hoy- legalmente no reconoce, como lo demuestra la legislación de Seguridad Nacional vigente.

La Carta de la ONU y en particular la eficiencia del Consejo de Seguridad para preservar la Paz, ingresan progresivamente en un cono de sombras. El conflicto violento se difumina y generaliza en el orbe, abandona los teatros de operaciones militares y se posa sobre las sociedades, con un número cada vez mayor de “víctimas civiles inocentes” y también de dirigentes políticos y militares “confundidos” (4).

Así llegamos al siglo XXI y a la situación que nos abarca. De las actuales sesenta guerras activas en el mundo, la totalidad de ellas son internas, es decir, guerras civiles que se caracterizan por su tipificación “asimétrica”, “híbrida” o de “séptima generación” como bien lo expresa el artículo de La Nación -“Sin fronteras entre la defensa y la Seguridad”– del 14 Feb 18.

Son las guerras que la Argentina no puede planificar -prever- para evitarlas, por imposición de la vigente legislación de Seguridad Nacional. Esta irracionalidad no es casual, sino consecuencia de las derrotas estratégicas que sufrimos en el siglo XX, aun no asumidas.

Constituye la tremenda paradoja de estas horas: quienes fuimos los primeros en enfrentar a este desconocido tipo de agresión asimétrica sorpresiva -a partir de los años ’60- nos encaminamos ahora a repetir los mismos errores, medio siglo después, como si no nos  hubiese ocurrido nada.

El “relato” ha superado a la verdad. La “narrativa” se impuso a través de los medios y de la escuela (5). El pre-juicio domina a la realidad presente y la cobardía permanece ante la pseudo-revolución en retirada, herida pero no vencida.

La mayoría de nuestros vecinos ha reaccionado positivamente ante la evolución acelerada -al ingresar al siglo XXI- del fenómeno “socio-político” guerra. Nuestro país -su dirigencia-, contrariamente, permanece paralizado, confundido y en altísimo riesgo estratégico, frente a una situación que carece de tratamiento público e idóneo por los medios y en particular por parte de los responsables de la comunicación social referida a la Seguridad Nacional. “De eso no se habla”.

Mientras en el mundo desarrollado se vive una constante transformación doctrinaria y orgánica, acompañada por la multiplicación  de los presupuestos de Seguridad Nacional, la Argentina permanece de espaldas a esa realidad y a necesidades indiscutibles que la condenan, irremediablemente, a nuevos fracasos (6), si no se recupera el Estado Institucional.

LA NATURALEZA DE LAS COSAS.

Los cambios sorpresivos de la naturaleza del fenómeno guerra, que han llegado con el avance del alto ritmo de evolución de la civilización humana y la creciente crisis cultural de Occidente, no han podido superar -entre nosotros- la explotación estratégica colusiva que nuestros enemigos triunfantes -en el plano político-estratégico- nos han impuesto -a través del Estado- de un elaborado “relato”. Es la homologación de la “purga” que los bolcheviques impusieron a los Oficiales del Zar en 1921, impulsada aquí por el Decreto 158/83, que continúa llevando a centenares de soldados y civiles argentinos a ser condenados ilegalmente con el Código Penal Ordinario, por haber combatido y triunfado en los combates de la guerra contrarrevolucionaria -1974/1989-.

Ambas maniobras -la jurídica y la comunicacional- han “trastocado” la victoria -en combate- de los argentinos e impidieron la creación de una nueva Política de Seguridad Nacional, fruto de la durísima experiencia reciente. Esta ha sido reemplazada por una perversa y falaz política de derechos humanos, unidireccionados.


Prueba de ésta paradójica situación -en las presentes circunstancias- es que a los Cadetes de los Institutos de Formación de nuestras FFAA, no se les puede citar la agresión terrorista-revolucionaria -1959/1989-, sino solamente al “terrorismo de Estado” -1976/1983- bajo supervisión de la UNDEF y por parte de profesores provenientes de “Franja Morada”. Y esto mientras en Azul el JEMGE, al rendir homenaje a los muertos en el ataque al cuartel, expresó todo lo contrario. ¿Puede edificarse sobre la ciénaga del “relato” la personalidad de los futuros oficiales de las FFAA argentinas? ¿Puede existir tanta incoherencia dentro de las Instituciones, en un momento en que se dice que se las recuperará?

 Las guerras en acto -en el mundo entero- siguen siendo fenómenos “lúdicos y agonales” (7) (8)-como en el pasado- pero su naturaleza ha variado. Son de otra “especie”, diría Clausewitz y ellos -los noveles oficiales- inevitablemente -si el Estado no cambia el rumbo- deberán enfrentarlas a su egreso y a lo largo de muchos años, pues no las prevemos y por eso, llegan. Estas nuevas guerras no tienen fácil ni rápida resolución. Nuestra juventud militar ¿será lanzada a combatir -nuevamente- sin previsiones estratégicas y “formados” en las falacias de la política de los derechos humanos?

¿PORQUÉ NECESITAMOS DETENERNOS HOY EN LA ÉTICA PROFESIONAL MILITAR?

Nuestros enemigos -hoy en colusión- en las guerras que peleamos recientemente encontraron -en las posguerras- una “debilidad” en nuestra apertura de la guerra contrarrevolucionaria. El PEN lo hizo por Decreto -que no envió al Congreso- y en él no dictó el concepto “ético – jurídico” que correspondía  al empleo de las Fuerzas en el marco interno -la DENAC- (9) y la DEMIL (10). La Convención de Ginebra regula las guerras internacionales y en sus Protocolos II y III, trata la forma de encarar los conflictos armados internos.

Estas normas debieron ser homologadas en el Derecho Nacional,  pero no se lo hizo. Esa fue la razón por la cual cada Cte. de Zona tuvo que reemplazar aquel vacío conceptual –de neta responsabilidad política– en la polvareda del combate y establecer sus propias reglas de empeñamiento táctico. Todos ellos se hicieron responsables, pública y oportunamente, de lo que ordenaron durante las operaciones. Éste aspecto ético-jurídico, que es central, ha sido desarrollado detalladamente por el Grl Jorge Apa Ferraro, en su libro “Al gran fraude argentino ¡Salud!” (11).

Aquella “debilidad”, convertida en “vulnerabilidad” por la aguda experiencia coludida de nuestros enemigos, fue explotada a través de una maniobra de pinzas, jurídica y comunicacional, que aun sigue en curso. Tuvo un punto de partida en el Decreto 158/83, complementado por la demonización de las FFAA a través de los medios de comunicación del Estado; desde el mismo Estado que abrió operaciones militares de “aniquilamiento” de modo “defectuoso”, desde el máximo nivel político.

Así las cosas y como consecuencia de éste “trastocamiento” de la victoria táctica frente al terrorismo-revolucionario, en derrota política y estratégica de los argentinos, el país ingresó en una acelerada decadencia que se encamina aun al “Estado fallido”. Sus graves consecuencias están a la vista y en lo que hace a las FFAA, además de su objetivo desarme unilateral y extrañamiento constitucional, se les quitó el fuero militar. Quedaron sin Código de Justicia Militar y de su correspondiente Reglamentación, como principal sustento de la disciplina y del mando militar. Sepamos que somos el único país de la región que sufre semejante despropósito, agravado por los dos “estados de guerra”, como fruto del trastocamiento.



El Jus in Bello -en la Argentina- ha quedado en manos absolutamente legas, como lo están demostrando, hasta el ridículo, los jueces y fiscales de los TTOOFF, en todo el país. Si se entrara en operaciones ¿qué actitud tomarán los futuros mandos operacionales? En sus cuarteles generales ¿estarán los jueces federales y fiscales que acompañen a las tropas de primera línea, para autorizar la apertura del fuego? Tengamos presente que estarán  operando según el articulado del Código Penal ordinario y según los principios de la “legítima defensa”. Estos despropósitos, únicos en el mundo, no son solo ignorancia.

En realidad se los ha sancionado -para lograr el “control civil de los militares”- un Jus ad Bellum que, en línea con la legislación de Seguridad Nacional vigentes, niegan por ley la probabilidad de una guerra híbrida, interna. En consecuencia, es muy probable que esa guerra llegue y nuestra derrota está así asegurada, porque está prohibido preverla, por Ley. Como lo expresara Séneca: “Peor que la guerra, es tenerle miedo a la guerra” (13).

No terminan allí las consecuencias del “trastocamiento”. A las FFAA también se les ha quitado el Código de Honor Sanmartiniano y los Tribunales de Honor. Es decir, no solo se han destruido a las FFAA como Instituciones Constitucionales, sino que se ha destruido al SER militar, aquel al que se lo identificaba por su “Honor y su Valor”, y esto también está directamente relacionado con el objetivo de eliminar a las FFAA.

Se está hablando de “re-estructuración”, “reconversión”, “reconstrucción” de las FFAA. Hasta hoy no escuchamos una sola palabra dirigida a lo esencial: la recuperación de la autoestima militar, del espíritu militar, de las Instituciones Militares fundadas en su “Ética Profesional”. Napoleón lo decía en términos sencillos: “Una Fuerza no vale por el número de sus bayonetas, sino por el temple de sus corazones”.  Y las burocracias carecen de corazones. ¿Hay alguna “idoneidad” polemológica o estratégica en el ámbito de las decisiones políticas pertinentes? Yo no la observo. Deben ser mis sensores de dinosaurio.

El prostibulario Zaffaroni y la Cte Hebe no están buscando solo la ingobernabilidad. Están anunciando que la pseudo-revolución está activa y que pronto “puede haber un accidente violento”. ¿Así le llama ahora el garantismo -“un accidente”-a un asalto revolucionario violento, que probablemente prevén junto a las mafias de la corrupción, como aliados ocasionales?  Y qué hacen nuestros demócratas de cartón. Por lo menos deberían rasgarse las vestiduras, una vez más.

CITAS:

(1) Auel H. J. “¿Cómo salimos de la actual emergencia político-estratégica?. FFAA y Estado Nacional”. Ago 14. ieeba.org
(2) Auel H. J. “La larga guerra civil argentina y el actual estado de guerra civil revolucionaria”. Jul 13. ieeba.org
(3) Auel H. J. “La Política de Derechos Humanos”. Jun 16. ieeba.org
(4) Auel H. J. “La dirigencia argentina frente a los desafíos de la Seguridad Nacional en el Siglo XXI”. Ago 15. ieeba.org
(5) Auel H. J. “El narcoterrorismo, el Estado Nacional, la democracia y las FFAA”. Abr 14. ieeba.org
(6) Auel H. J. “El pensamiento estratégico militar en el siglo XXI”. Oct 14. ieeba.org
(7) Lúdico: Azaroso. Impredecible, pues será consecuencia del choque de voluntades inteligentes.
(8) Agonal: “Perteneciente a lo relativo a los certámenes, luchas y juegos públicos, así corporales como de ingenio”. Diccionario Enciclopédico Salvat. T. I. 8va, Ed. 1957. Aplicado al concepto guerra, el término indica que la Política -responsable de la apertura y el cierre de una guerra- es la que debe dictar a las FFAA “lo relativo” a las normas -éticas- a las que deben ajustarse. Estas, a su vez, emergen de la cultura de la Nación. De estos conceptos se derivarán las “reglas de empeñamiento” a nivel táctico inferior.
(9) DENAC: Directiva Estratégica Nacional.
(10) DEMIL: Directiva Estratégica Militar.
(11) Apa Ferraro. “Al gran fraude argentino ¡Salud!”. Ed. Edivérn SRL. May 17.
(12) Estado de Guerra: (O “estado de beligerancia”). “Situación que se plantea a una nación como eventual ruptura de hostilidades a través de un conflicto armado con otra nación o internamente, en el supuesto de una eventual guerra civil”. Diccionario Militar. T. II. Cabanellas de Torres y Alcalá Zamora. Bs. As. 1962. Argentina cumple con ambas situaciones: frente al RU, en razón de su permanente negativa de negociar la soberanía de las Is. del Atlántico Sur y frente al terrorismo revolucionario, pues éste retiene aun su actitud hostil, ratificada permanentemente por sus organizaciones y representantes actuales, con palabras y hechos.
(13) J. Auel. “Relaciones Cívico Militares, la necesaria reconstrucción del Estado y de imprescindible Seguridad Nacional, Regional y Continental”. May 13. www.ieeba.org

EL RESPETO POR SÍ MISMO


Por Mauricio Ortín










Néstor, Cristina y su banda, ¿robaron o no robaron en volúmenes oceánicos a los argentinos? Por lo pronto, el que una legión de empresarios, (los más importantes y adinerados del país) se auto incriminen y auto escrachen confesando la comisión de delitos no es algo que pasa todos los días.

El club de los arrepentidos. Ángelo Calcaterra, Héctor Zavaleta, Javier Sánchez Caballero, Carlos Wagner, Armando Losón, Juan de Goycochea, Guillermo Neira y Aldo Roggio.

Dejar de lado la imagen de hombre venerable y presentarse, ante la familia, los amigos, el mundo de los negocios y la posteridad como un corriente “coimero” no es algo que un empresario hace de buena gana. Menos, todavía, si ello implica exponerse a dar con los huesos a la cárcel. La prisión suele ser mucho más dura para aquellos que lo tienen casi todo.

Fotografía inolvidable e inocultable

Suena insólito y grotesco pensar que los empresarios que declaran acogiéndose a la ley de arrepentidos estén mintiendo y participando de un siniestro plan, urdido entre Bonadío y Macri, para eliminar a Cristina Kirchner de la política y/o tapar la crisis económica que atraviesa el país. Más aún cuando sus confesiones son congruentes con la otra legión: la de los funcionarios y cómplices arrepentidos.


Todos, casi al unísono, señalan a Néstor y Cristina como los jefes de la asociación ilícita. No hay día en que no aparezca arrepentido y acusado nuevo. La escala del robo no tiene antecedentes en la Argentina y, en América, sólo el chavismo-madurismo podría disputarle el título de campeón para luego ir por la corona mundial con algún despotismo asiático. De allí que los que sostienen, alegremente, que los procesamientos judiciales contra Cristina, De Vido y otros son políticos o cortinas de humo para tapar la crisis, tienen poco de cándidos y mucho de encubridores.


Entre estos, la pincelada extravagante la pone la izquierda; ya que, Bonadío, le entrega en bandeja la cabeza de la burguesía “cochina” y capitalista y la izquierda inexplicablemente la rechaza y, más aún, atacan al juez. ¿Pero no era que estaban contra el capitalismo?, ¿No es paradójico que Víctor Hugo, Sylvestre, Brancattelli, Moyano, los “Curas de la Opción por los Pobres” (casi se me escapa, “Opción por los Chorros”), D’Elía, Bonafini, experimenten éste súbito arrebato de amor al empresariado?


¿En qué quedamos? Resulta que Macri es el verdugo de los “cochinos” capitalistas y la izquierda la perdonavidas. Hay que reconocer, nobleza obliga, que este giro copernicano ha requerido, seguramente, el concienzudo y duro entrenamiento de los músculos faciales al que se sometieron periodistas y políticos. De que otra manera sino, podrían mostrarse impertérritos, tipos como Silvestre o Víctor Hugo, cada vez que manifiestan cosas como: “si no aparecen los cuadernos no hay pruebas”; “que robaban, pero, bueno… todos roban”, o “que robaban pero también repartían (lo robado)”.

Se llevaron todo!

El kirchnerismo no anda con chiquitas. Siempre van por todo. No sólo buscan evitar que Cristina y la banda paguen sus atrocidades sino que, además, quieren volver sujetar la sartén por el mango. Recuperar la teta del estado con Cristina presidente en el 2019 es el objeto de toda su prédica. Dicha ambición de impunidad y poder, obviamente, no hace buena a la mediocre gestión de Macri.


En un país decadente tal cosa es perfectamente posible. No así, como es obvio, en un país que contara con una masa crítica mínima de gente decente (no muchos más de la que Dios le pidió a Lot). Entregar conscientemente y sin una pistola en la cabeza, la salud y la moral pública, a una ladrona y a su banda sería algo así como un suicidio colectivo. ¿Qué respeto tendría entonces el mundo por los argentinos? Y, peor todavía ¿Qué respeto tendrían los argentinos por sí mismos?

NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.

lunes, 10 de septiembre de 2018

REVIVIR EL TERROR DE MONTONEROS EN ROSARIO, 42 AÑOS DESPUÉS


En septiembre de 1976 una bomba estalló cuando pasaba un colectivo de la policía en zona norte.

Por Diego Veiga

Domingo 09 de Septiembre de 2018






Omar Olivera (iba en el ómnibus), Angela Acosta (murió su hermano), Silvina González (murió su padre) y Eduardo Ferraro (manejaba el colectivo)

El reventón de la cubierta preanunció el desastre. El colectivo policial empezó a balancearse mientras el chofer, Eduardo Ferraro, intentaba no caer en el pozo que había sobre la calle Junín, donde se estaba construyendo un emisario. Se escucharon algunos impactos y al llegar a la intersección con Rawson, un coche voló por los aires. Era un Citroën con una bomba de fragmentación en el interior. Los proyectiles causaron decenas de heridos y once muertos, entre ellos, un matrimonio que circulaba detrás del ómnibus en un Renault 12. Su hija, de 15 años, sobrevivió pero jamás pudo hablar de este hecho. Se fue de la ciudad. Este miércoles se cumplirán 42 años del mayor atentado perpetrado por la organización Montoneros en Rosario. El hecho no tiene culpables y la investigación de la Justicia federal nunca avanzó.

El domingo 12 de septiembre de 1976 amaneció nublado. Ferraro había comenzado a trabajar muy temprano. "Llevé un servicio a Villa Constitución y cuando volví me dijeron que me tenía que quedar porque el otro chofer había pasado parte de enfermo", recuerda hoy con 78 años apoyado en el bastón que usa desde ese día, cuando una esquirla le destrozó la cabeza del fémur y le dañó severamente la arteria femoral. En la cara recibió otros dos impactos.

En la Jefatura de Policía se alistaban efectivos del Cuerpo Guardia de Infantería que iban a prestar un servicio adicional en la cancha de Central, donde el conjunto canalla dirigido por Alfio Basile enfrentaría a Unión. Como sucede hasta hoy, los adicionales permitían sumar algunos pesos a los sueldos policiales. Eso es lo que había llevado a Andrés Acosta, un cabo de 25 años, a anotarse para cubrir el servicio. "Andrés le quería comprar una heladera a mi mamá y por eso vivía haciendo adicionales", recuerda su hermana Angela.

Buscando los cascos y escudos para partir hacia el Gigante de Arroyito también estaba Carlos González, un suboficial de 21 años a quien el fanatismo por el Central que alistaba a Pascuttini, Killer, Aimar, Van Tuyne y Potente, lo había llevado a anotarse para hacer adicionales. Era el más joven de todos los policías que ese día iban a ser blanco del atentado de Montoneros. Su muerte abrió una triste historia para Silvina, su pequeña hija de por entonces poco menos de un año.

"Lalo" (así dice que lo conocen sus camaradas) Ferraro tuvo que cubrir a su compañero enfermo. Se sentó detrás del volante del colectivo Mercedes Benz de la policía y partió con 21 efectivos hacia la cancha. Ese día Central ganó 2 a 1 con goles de Potente y nada preanunciaba lo que sucedería unos minutos después.

"Estábamos por volver cuando el comisario a cargo me dice que había salido otro servicio adicional, una pelea de boxeo en Sportivo América, así que me pidió que volviera lo más rápido posible para el centro", rememora Ferraro.

Infierno

El suboficial cumplió la orden. Tomó por Gorriti, dobló en una arteria que no recuerda bien para poder conectar con Junín y allí se encontró con el pozo de la obra del emisario. Detrás del ómnibus, ajeno a lo que sucedería, Oscar Ledesma, un fotógrafo de 56 años manejaba su R12 junto a su esposa, Irene Dip, de 42, y la hija de ambos, Andrea, de 15 años.

Delante del colectivo de la policía, en tanto, una mujer trasladaba a cinco chicos en un taxi. Habían pasado pocos minutos de las 18. En la ochava de Rawson y Junín, del lado de los números pares, estaba estacionado un Citroën 3 CV color rojo.

"Yo venía sentado en la parte derecha del colectivo, en el tercer asiento del lado de la ventanilla. Tu hermano venía al lado mío, del lado del pasillo", le dice Omar Olivera, hoy de 70 años, a Angela, la hermana de Andrés Acosta.

Olivera habla en voz muy alta. No escucha bien desde ese día. Una esquirla le perforó el cráneo y le dañó la audición. "Acosta se incorporó, bajó del colectivo y se desplomó", le cuenta a la mujer, que siempre había creído que su hermano había muerto en el acto a bordo del ómnibus.

El estallido de la bomba fue quirúrgico. El Citroen voló en mil pedazos justo cuando el colectivo pasaba a escasos metros. El matrimonio Ledesma murió en el acto. Su hija fue llevada al hospital y salvó su vida. Desde ese día no quiso volver a hablar del hecho. La Capital intentó infructuosamente contactarla. Ya no vive en Rosario y quienes conocen la causa de cerca aseguran que quedó muy afectada por la muerte de sus padres.

Carlos Gallaza, un hombre que reparaba una moto en la ochava nordeste de Rawson y Junín también resultó herido, al igual que un niño que iba en un taxi Ford Falcon delante del colectivo.

En el ómnibus, en tanto, las escenas fueron dantescas. Cuerpos mutilados y gritos desgarradores coparon la tarde en el barrio Refinería.

"Todos los que venían sentados del lado izquierdo del colectivo murieron. Fue una explosión tremenda. A mí me pegó un ruleman en la cara, porque la bomba estaba hecha con todo tipo de municiones. Me pegó en la cara y me destrozó. Otra esquirla me partió el casco y me rompió el cráneo", señala Olivera.

"Me acuerdo de Luna, un muchacho que estaba prácticamente destrozado, unos ayudaban a otros. Fue tremendo. Yo me bajo y trato de reaccionar un poco y Luna me preguntaba si se iba a morir. Yo le decía que no, que estaba bien, pero tenía todas las tripas afuera", asegura.

Entre los muertos

"Lalo" Ferraro también estaba muy malherido. Una esquirla le había entrado por la cadera. "Lo último que me acuerdo es que me subieron al baúl de un auto y me llevaron a la Asistencia Pública (donde hoy está el Cemar, en Moreno y San Luis)", asegura.

Allí todo era caos. Los heridos se amontonaban. Ferraro asegura que a él lo pusieron junto con los cadáveres y que fue un instructor suyo el que se dio cuenta de que aún estaba con vida. Lo trasladaron al Italiano y allí estuvo cuatro meses internado. Después fue derivado al Hospital Churruca, en Buenos Aires. Le salvaron la vida pero las secuelas del atentado le quedaron para siempre.

"Lo que más complicó a los heridos fueron las infecciones", asegura y detalla que los médicos le contaron que las municiones que había dentro de la bomba de fabricación casera "estaban impregnadas de deshechos y materia fecal, con el objetivo de infectar una vez que entraban a los cuerpos".

Días después Montoneros se adjudicó el atentado. La bomba mató a nueve policías y dos civiles, causó decenas de heridos y aún hoy produce un amargo recuerdo en los vecinos de la zona.

No hubo detenidos ni sospechosos. En mayo de este año, el Juzgado Federal N 4 de Rosario, a cargo de Marcelo Bailaque, aceptó como querellantes en esta causa a viudas e hijos de fallecidos en el atentado. Su representante legal, Gonzalo Miño, adelantó que en pocos días aportará pruebas que señalan quiénes idearon y llevaron adelante el hecho. Mientras tanto, 42 años después, este miércoles volverán a recordar a las víctimas, a las 16, con un acto en la esquina de Junín y Rawson.


NICOLAS QUIERE MORIR COMO PABLO ESCOBAR GAVIRIA



Por el Cnel. (Ej) Rubén Dario Bustillos Rávago

El embajador de Venezuela ante la Organización de Naciones Unidas, (ONU) Samuel Moncada, realizó un análisis sobre algunos hechos ocurridos en la región que, a su juicio, están configurando una estrategia que tendría como fin una invasión armada de Estados Unidos a Venezuela, con el apoyo de algunos gobiernos de la región.

Samuel Moncada

“Todo nos dice que no se trata de una resolución sobre migrantes sino de una causa o pretexto para establecer una acción bélica (casus belli) contra Venezuela” -aseguró Moncada-.

Moncada falsea su informe, al asegurar que EE.UU. y sus aliados traman una acción militar en contra de Venezuela, omitiendo que lo requerido por las grandes mayorías del pueblo venezolano, es una “Acción policial internacional” en contra de la delincuencia organizada que mantiene secuestrado a más de 30 millones de ciudadanos que claman, por su liberación y el retorno de la democracia a la cual tienen derecho. Hay que tener presente que se trata de peligrosos delincuentes sin escrúpulos, armados y organizados y como tales tienen que ser tratados.

Marco Rubio

El propio Moncada, complementa su exposición, explicando de donde se originan sus temores: “Después de escuchar a Marco Rubio, citando su conversación con John Bolton, del Consejo de Seguridad Nacional. Estamos hablando de la “securitización” del tema migratorio… la gira de Mattis por la región, los movimientos militares de Brasil; Temer señalando que Venezuela rompe la armonía regional, el Canciller de Colombia anunciando en la ONU que el impacto migratorio en salud y educación ya es también un impacto en su seguridad, los ejercicios militares en Colombia, las declaraciones de Almagro pidiendo mayores sanciones contra Venezuela, las amenazas de corte de ventas petroleras de EEUU a Venezuela, la declaración de incapacidad para pagar deudas de Brasil a Venezuela, etcétera.”

Del contenido de esa información, es fácil inferir los temores de Samuel Moncada de perder sus privilegios que le permiten disfrutar de la libertad en el corazón mismo del Imperio al que tanto clama aborrecer y muy lejos del hambre y la miseria que sufre el pueblo venezolano.


Moncada trata de soslayar la existencia de la diáspora venezolana, convertida en un grave problema regional, producto de las acciones del régimen delincuencial de Nicolas Maduro, tal y como bien lo señala la revista colombiana Semana en su reportaje denominado “las marchas de la infamia”.

Comunismo y Narcotráfico tienen algo en común: ambas organizaciones permiten a sus miembros disfrutar del dinero productos de la corrupción o de la venta de drogas en donde la traición se paga con la muerte, la cárcel o el exilio.

Nicolás Maduro tiene miedo

En nuestra opinión, Nicolas Maduro no abandona el poder por temor a ser asesinado por sus cómplices cubanos, como sucedió con el líder revolucionario ruso de origen judío León Trotski, asesinado en Méjico por un agente soviético en 1940 o el presidente chileno Salvador Allende, quien fuera asesinado por sus guardaespaldas cubanos para impedirle entregarse a las tropas del Gral. Augusto Pinochet, en 1973.

Nicolás Maduro, por decisión de la Asamblea Nacional, AN, del 09 de enero de 2017 dejó de ser presidente de Venezuela para convertirse en un prófugo de la justicia.


De tal manera que, como lo hizo el capo del narcotráfico Pablo Escobar Gaviria en Colombia, o el narcotraficante panameño, Manuel Antonio Noriega, Nicolás está pidiendo a gritos una guerra que lo saque de la disyuntiva en que se encuentra y creemos que será complacido.

Pablo Emilio Escobar Gaviria fue abatido a tiros el 2 de diciembre de 1993 en Medellín

“Patria, Socialismo o Muerte” es la consigna, sin embargo, la Patria fue entregada a los cubanos y destruida por su régimen, el Socialismo es igual que el comunismo que opera como los carteles del narcotráfico. Entonces concluimos que a Nicolás solo le queda una salida honorable: morir como Pablo Escobar Gaviria.


NOTA: Las imágenes y enlaces no corresponden a la nota original.

EL PERRO Y SU COLA

Excelentes reflexiones del Dr. Enrique Guillermo Avogadro. Lectura recomendada, especialmente para políticos y funcionarios.





"No basta con ser patriota, también hay que acertar".
Manuel Azaña

La actual y, tal vez, transitoria tranquilidad de la economía y de la política me permiten hoy hablar de los problemas más graves y permanentes del país, en especial de uno al cual, de no encontrársele una solución a largo plazo, veremos crecer y complicar más aún nuestra evolución histórica como sociedad.

Me refiero tanto a la pobreza estructural, que ha castigado desde hace décadas a un enorme porcentaje de habitantes del Conurbano, cuanto a la complicación social y política derivada de la colosal concentración de esos marginados, y por eso fáciles presas del clientelismo más abyecto, alrededor de Buenos Aires, aunque afecta también a otras grandes ciudades, como Rosario o Mar del Plata. 

Es cierto que la reciente y fortísima devaluación, y el consecuente incremento de la inflación, obligan al Gobierno a adoptar medidas coyunturales que permitan no sólo tranquilizar la inquietud social, expuesta en numerosos episodios de nuestro pasado, sino hasta garantizar la supervivencia de muchos niños y hasta de familias enteras; pero esas medidas, sobre todo los subsidios y los planes, deberían ser precisamente eso, remedios excepcionales para situaciones agudas, y no transformarse, como ha sido, en una terapia crónica, que sólo sirve para mantener en la miseria y la marginalidad a quienes los reciben, ya que éstos tampoco son obligados, en la práctica, a trabajar o a atender a la salud y a la educación de sus hijos.

Me parece que es hora de que una de las mejores funcionarias de las que dispone el Presidente Mauricio Macri -me refiero a Carolina Stanley, la excelente y comprometida Ministra de Salud y Desarrollo Social de la Nación- desdoble una vez más su gabinete de asesores. Quiero decir con ello que, además de ocuparse de las incumbencias sanitarias y de negociar con las organizaciones sociales los crecientes sistemas de apoyo nacional a quienes, de un modo u otro, se han caído del mapa económico, destaque un equipo a pensar, a mediano plazo, en mejorar el futuro, es decir, actuar simultáneamente sobre la reinserción laboral de los afectados y, a la vez, sobre la redistribución geográfica de los mismos, en un país casi desierto. 

Porque resulta de todo punto de vista injusto, y hasta criminal, que se siga desperdiciando tal enorme cantidad de dinero, que se extrae sólo de las actividades productivas y de los confiscatorios impuestos que pagan los ciudadanos que tributan (castigando así al desarrollo de la economía, al empleo registrado y al consumo) y de la ANSES, perjudicando aún más a los ya tan empobrecidos jubilados, sin tocar ni un pelo de la estructura del gigantesco Estado. Mientras así se siga haciendo, el perro continuará mordiéndose la cola.

El gasto social, como está orientado actualmente, producto del diseño clientelar del peronismo, convierte a la Argentina en un país absolutamente inviable, en un mundo que se hartó de prestarnos divisas para que las dilapidáramos.

En primer término, resulta indispensable terminar con las llamadas "jubilaciones de privilegio", de las que gozan tantos ex funcionarios y legisladores, ya que constituyen un factor innegablemente irritante para una sociedad que se ve obligada a apretarse mucho el cinturón y que ve recaer diariamente en la pobreza a muchos que habían conseguido salir de ella; éstos, como es natural, son víctimas de un resentimiento que puede transformarse en un peligrosísimo caldo de cultivo para cualquier aventura destituyente.

Para solucionar todos esos problemas, sugiero que, tan pronto superemos diciembre, un mes clave si los hay para esta situación, comencemos a construir un círculo virtuoso, destinando parte del gasto, hoy improductivo, y con la colaboración e interacción de capitales privados, a la construcción de viviendas sociales, escuelas y centros de salud en el interior del país, en especial en aquellos lugares donde la fuerte devaluación ha incrementado la posibilidad de exportar productos de todo tipo y en los cuales falta notoriamente mano de obra. Entonces, y sólo entonces, resultará posible exigir a los beneficiarios de esa mal entendida, y mal encarada, caridad el cumplimiento de los requisitos y contraprestaciones que la propia ley originalmente les imponía y que hoy han sido olvidados.

Las ventajas de las acciones de este tipo son tan claras que casi resulta superfluo enumerarlas: mejoramiento en la calidad de vida, crecimiento de la actividad industrial y agropecuaria, generación de empleo legal, solución del problema habitacional, reinserción laboral de los beneficiados, incremento del consumo, acceso al agua potable y las cloacas, elevación del nivel socio-económico, disminución en la conflictividad social, efectiva escolarización y control sanitario de los niños, reducción significativa en la dependencia del gasto público, etc.

Los mecanismos para llegar al principio de ese camino de beneficios ya existen (fideicomisos público-privados) y, además, los proyectos de este tipo son beneficiados por fondos internacionales que se encuentran a disposición, muchos de ellos podrían recibirse bajo la forma de verdaderas donaciones de los organismos multilaterales para el desarrollo, como BID, CAF, etc.

La radicación de familias en las provincias del interior del país, que sin duda serían atraídas por la posibilidad concreta de mejores ingresos, vivienda digna y un futuro mejor para sus hijos, permitiría descomprimir muchas de las actuales villas de emergencia, donde conviven una mayoría de pobres pero dignos ciudadanos con el delito y la droga de unos pocos. A cualquiera que dude de esta afirmación le planteo una simple comparación: cuántos son los concurrentes a las marchas y piquetes, que tanto complican la vida en nuestras ciudades, con los cientos de miles de habitantes de esos asentamientos que, supuestamente, padecen los mismos males y sufren idénticas carencias.

La Iglesia Católica, que ha decidido mezclar, sin ton ni son, las cosas de Dios con las del César (por ejemplo, cuando opina sobre los acuerdos con el FMI) debería contribuir eficazmente a difundir estas propuestas, salvo que sus intereses terrenales e ideológicos actuales pasen exclusivamente por potenciar la conflictividad social y desestabilizar al Gobierno, a través de sus distintos voceros, sean obispos o pseudo dirigentes sociales. Por lo demás, si actuara positivamente, con seguridad contaría con la tan importante y necesaria colaboración de los evangelistas y del resto de las comunidades religiosas de otros credos.

Esta nota puede sonar grandilocuente, pero la escribí con la sana aspiración de dejar a nuestros descendientes un país viable y confiable, absolutamente mejor que éste al cual, con tanto esfuerzo y dedicación, nos hemos dedicado a destruir hasta los cimientos. Confío en que así se entenderá.

Bs.As., 8 Sep 18

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado