por Enrique Guillermo Avogadro
“Estamos dispuestos, y que el
Gobierno lo sepa, a defender por encima de todo a nuestras familias y nuestros
hogares, a proteger nuestro derecho al trabajo, la nobleza de nuestro obrar
cotidiano creando nosotros mismo, para poner fin con toda clase de medios a una
sucesión de actos intolerables y ruinosos, los medios de defensa que hasta
ahora habíamos cedido a las leyes del Estado”.
Asociación Bolognesa de Defensa Social (1920)
Alberto Fernández dijo al Financial Times que no tenía un plan porque no creía en ellos. Como hace a cada hora mintió, pues sí lo tiene, aunque éste le haya sido impuesto por su jefa política. En el conurbano pregunté a muchos cuál era su principal preocupación en este momento tan complicado, y la unánime respuesta me sorprendió: es indispensable, aunque resulte carísima e inoportuna, una reforma del fuero federal criminal y el funcionamiento de la Corte Suprema. Me pareció raro, porque estaba convencido que el problema más grave era la pavorosa inseguridad cotidiana, traducida en una irracional violencia; luego seguían la proliferación del narcotráfico, la desocupación y el hambre, el futuro pos cuarentena en la economía personal, el cierre de las escuelas y, claro, el aumento de los fallecimientos atribuidos al Covid-19. A partir de eso, entendí el porqué del enorme apuro que el Presidente para anunciar sus intenciones.









