Estimados Amigos y Camaradas:
La semana pasada los dichos de un periodista mercenario y cobarde pretendió manchar el honor de nuestros Veteranos de la Guerra de Malvinas, como respuesta recibió la repulsa de la mayoría de la sociedad argentina.
Estimados Amigos y Camaradas:
La semana pasada los dichos de un periodista mercenario y cobarde pretendió manchar el honor de nuestros Veteranos de la Guerra de Malvinas, como respuesta recibió la repulsa de la mayoría de la sociedad argentina.
Ciudad de Buenos Aires, 26 de agosto de 2020
Señor Jefe del Ejército:
Me dirijo a usted como máxima autoridad de las FFAA. No lo hago ni ante el ministro de defensa ni ante el presidente de la República porque considero a ambos enemigos de las FFAA y responsables de lo que en estas líneas he de denunciar ante usted. Son enemigos porque ideológicamente representan el pensamiento de quienes en los años 70 mediante el terrorismo, el secuestro y asesinatos sembraron de sangre al pueblo argentino. Desde que están en el poder no han cesado en su espíritu de venganza hacia quienes los derrotaron en el campo de combate subversivo que ellos mismos instalaron, y mediante una justicia corrupta que manejan a su antojo han procesado, enjuiciado y condenado prevaricadoramente a un sinnúmero de jefes, oficiales, suboficiales de las FFAA, de seguridad, policiales, penitenciarias y civiles que los combatieron en defensa de valores y principios. Es por ello que no sólo no les reconozco ningún tipo de autoridad sino que, al igual que ellos, los sigo considerando enemigos.
No tuvimos el honor de conocer personalmente al señor Coronel Ramón A. Recio, sin duda un hombre honesto y ejemplar, un militar profesional y de honor. Todo ellos testimoniado por sus hijos, compañeros, subalternos y superiores. Nunca habíamos recibidos tantos testimonios sobre un Militar Preso Político e indudablemente víctima de la venganza ejecutada de la mano de una justicia prevaricadora.
por Enrique Guillermo Avogadro
“Algunas derrotas tienen más
dignidad que una victoria”.
Jorge Luis Borges
Los argentinos estamos acostumbrados a
devaluar las palabras, inclusive en la economía: nos preguntamos cuánto subió
el dólar, en lugar de cuánto bajó nuestro peso. Y decimos que la imagen
positiva del pseudo Presidente es aún muy fuerte, sin averiguar cuántos de los
que apoyan esta "cuareterna"
son empleados públicos o, aún siendo privados, reciben su salario sin quita
alguna mientras están confinados.
Pero Alberto Fernández, como ya todos
sabemos, bate todos los records, a punto tal que seguramente ingresará al
Guiness. No solamente se pasó diez años despotricando contra su actual jefa
-¡cuánto lamentará tantos archivos!- sino que, desde las PASO de 2019, se ha
contradicho tantas veces que cuesta imaginar cuánto vale hoy su palabra. Los
extremos a los que llegó fueron mentir en su calidad de profesor de la UBA y
los argumentos que utilizó para negarse a renunciar como presidente de una
sociedad y a dar a conocer el listado de los clientes de su estudio
profesional, como le reclamó su propia Oficina Anticorrupción. Sin embargo, y
como cualquier embaucador, pretende que creamos en sus disparates.
Esta semana puso en la balanza su palabra y
la de Mauricio Macri y, obviamente, no pudo cosechar éxito alguno en la
medición. Muy suelto de cuerpo, atribuyó al ex Presidente haber dicho, en una
conversación que mantuvieron ¡hace seis meses!, que debían morirse los que
fuera necesario para no cerrar la economía. Si esto hubiera sido cierto, y dado
que debería estar grabado, hace tiempo que lo hubiera dado a conocer, puesto
que el Gobierno pretende replicar ahora la bastarda elección de Cristina
Fernández como sparring que hizo Cambiemos durante su propio mandato.
Pero el ángulo en que más se percibe el
fracaso de su gestión es, precisamente, en el de la pandemia y en el método
elegido para frenarla. Después de criticar a otras naciones, y generar los
naturales conflictos diplomáticos con sus gobiernos, como Chile, Brasil,
Suecia, etc., hoy está palmariamente demostrado que no somos un buen ejemplo,
en especial porque ya sabemos que no ha servido para poner a punto el sistema
de salud y, muchísimo menos, para frenar la expansión del virus.
Sobre un total de 215 países que exhiben
sus datos, Argentina está 11° en casos totales,
4° en nuevos casos, 18° en muertos totales, 6° en nuevas muertes, 10° en
casos aún activos, 7° en casos aún críticos, 32° en casos por habitantes, 36°
en muertos por habitantes y 124° en tests por habitantes. Mientras tanto, el
confinamiento obligatorio, el más prolongado del mundo, nos ha puesto primeros
en caída del PBI, y ha dejado a la economía en ruinas, tan destruida que ya ha
superado los efectos que sufriera cuando estalló la convertibilidad, en 2001.
Se han perdido millones de puestos de trabajo, registrado e informal, y cientos
de miles de empresas han cerrado definitivamente sus puertas.
Pero el fracaso no termina allí. El cambio
permanente de las reglas de juego y la obvia preferencia por los peores
sindicatos ha hecho que, desde que asumió la dupla Fernández², no solamente se
paralizara Vaca Muerta sino que han comenzado a abandonar el país decenas de
empresas de todo tipo (autopartistas, aerolíneas low cost, fábricas de pinturas
especiales, etc.) y varias líneas aéreas internacionales han cancelado a la
Argentina como destino. Y los monumentales broches de oro de esa intencionada
política aislacionista lo constituyen la absurda ley de regulación del
teletrabajo, el congelamiento de las tarifas y, esta misma semana, la
intervención en el mercado de las telecomunicaciones (televisión por cable,
Internet, etc.), todo lo cual derivará en la necesidad de importar
combustibles, en la pérdida de calidad en la transmisión de datos y en el
incremento en el corte de los servicios; volveremos a la edad de piedra.
El jueves, a medianoche, el Senado dio
media sanción a un proyecto de reforma judicial que, una vez más, constituyó un
atropello a la oposición, ya que el dictamen que había sido aprobado en
comisiones, sufrió nuevas modificaciones en una nueva violación al reglamento
de la propia Cámara. El más notorio rasgo de esas modificaciones son las
cámaras de apelación, juzgados y fiscalías que se crearían, generando así 500
cargos a cubrir, que servirán para el "plan
canje" con gobernadores y diputados tránsfugas.
Eduardo Duhalde regaló titulares anunciando
que no habrá elecciones y sí un golpe de estado que, en teoría, llevarían a
cabo oficiales jóvenes de las fuerzas armadas; en realidad, el experto político
nos notificó que estamos en anarquía y que ese golpe la dará el propio Gobierno
suspendiendo el acto electoral, aún a riesgo de una guerra civil.
Ello no obsta a que el ataque de Cristina
continúe, con prisa y sin pausa, contra los camaristas Pablo Bertuzzi y
Leopoldo Bruglia, el Juez Germán Castelli -todos han fallado en su contra- y
contra el Procurador, Eduardo Casal. Quien puede frenarla es la Corte Suprema,
a quien le bastaría con resolver la inconstitucionalidad de la modificación en
la composición del Consejo de la Magistratura, que tiene en consideración hace
cuatro años, o haciendo lugar al recurso per saltum que han interpuesto los
damnificados.
Bs.As., 29 Ago 20
LA
ESPERADA RECOMPOSICIÓN SALARIAL
Circular
116
“Hay
que acortar dos brechas muy importantes, la primera es que hay eliminar la
mayor cantidad de suplementos no remunerativos en el salario militar y, por
otra parte, hay que reducir la enorme diferencia entre los sueldos de los
uniformados militares con sus pares de las fuerzas de seguridad.” Ing. Agustín Rossi, Ministro de Defensa (Infobae, 17/12/2019).
“La totalidad de los suplementos no remunerativos que cobra el personal militar se cobrarán como remunerativos. Eso es volver a poner las cosas en orden.” Dr. Alberto Fernández, Comandante en Jefe de las FFAA (Reunión de Camaradería, 22/07/2020).
27 de agosto de 2020.
Puede ser que Duhalde haya sacado de la galera el conejo de un posible golpe para distraer a la sociedad de la inminente reforma judicial sin tener en cuenta que en la infausta saga de las, según él, catorce “dictaduras militares” el partero de las dos primeras haya sido un coronel fascista que desde el olimpo de la mediocridad, deshonestidad e incompetencia que ha signado a la clase política argentina, aún sigue vigente en la cabeza de un pueblo al que esa misma ralea política ha hecho -para su propia conveniencia- miserable e ignorante. Tampoco es cuestión de dramatizar ante el miedo al pasado cercano, puede ser que esta aseveración, el posible “golpe militar”, sea solo una fantasía afiebrada producto de un cerebro que poco a poco se va esclerosando.
Estimados Camaradas y Amigos
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