Las recientes declaraciones de la ministra
de Educación porteña, Soledad Acuña, sobre el adoctrinamiento al que son
sometidos los niños por parte de algunos docentes, no hicieron más que poner en
evidencia un aspecto, apenas, de la vasta revolución cultural que es ejecutada
en nuestro país desde hace décadas, sin prisa, pero también sin pausa.
Las raíces de esa revolución cultural
pueden ser rastreadas sin mayor dificultad, y de hecho ya han sido expuestas
aquí mismo en otras oportunidades.
Hace años sosteníamos ya las peligrosas
coincidencias de lo conocido como el “Decálogo
de Lenin”
con la actualidad de nuestro país. Baste decir ahora que ese decálogo, algunas
veces con pequeñas diferencias, tiene total vigencia. Nunca el comunismo lo dejó
de aplicar, unas veces más evidentes y agresivas que otras, pero siempre fue
continuado en el tiempo y pese al signo político del gobierno de turno.
El origen más claro está en un
contemporáneo de Lenin, el teórico italiano Antonio Gramsci,
creador del Partido Comunista de ese país. Gramsci, desde la cárcel (8 de
noviembre de 1926 - 21 de abril de 1937) desarrolló el concepto de que la toma
del poder debe ser precedida por un cambio de la mentalidad de las personas.
Con esta nueva visión, los intelectuales se convirtieron en combatientes. La
enseñanza se convirtió en el arma más importante, y la escuela en el campo de
batalla. En sus “Cuadernos” fijaba
como objetivos claros a conquistar:
I.
La educación
II.
La cultura.
III.
Los derechos humanos.
I. No hay duda de que la educación en nuestro país se está
volviendo cada vez más “gramsciana”,
donde los alumnos (militantes inconscientes hoy, pero que lo seguirán siendo en
el futuro, ya que son adoctrinados) “no
deben pensar, sólo sentir y ejecutar”. Todo se encamina desde lo puramente
emocional. Así, las víctimas aparecerán como victimarios y los transgresores de
la ley como “víctimas del sistema”.
Las huelgas “por derechos no respetados”
provocan que cada vez haya menos clases en las escuelas, colegios y
universidades. Los jóvenes entienden entonces nada más el hecho de que el
consumismo es lo imperante y que las personas son los sujetos y objetos de ese
consumo.
Para el “gramscianismo”
el poder discernir, aprender a escuchar, a observar y decidir en forma
individual, debe ser combatido y/o eliminado.
II. En el área de la cultura, siempre difusa y permanentemente acosada, se
trata de destruir los valores y reactualizar el concepto de Karl Marx de que “la religión es el opio de los pueblos”.
Así será más fácil “arrearlos”.
Hoy aparecen posturas o ideas que confunden
y se dan en todos los ámbitos, (educación, cultura, ciencia, salud) hasta en
una “Justicia Legítima” y sus
sostenedores que son seguidores de corruptos o de mesiánicos líderes.
Claro ejemplo de ello es ver lo que pasa en
nuestro país con el himno nacional, pocos son ya los que conocen su letra. En
las canchas de futbol la “masa” sólo
tararea, cual batucada, su introducción. Sin duda, estamos caminando
orgullosamente hacia atrás. ¿Hasta cuándo?
Gramsci hablaba de dominar los medios de
comunicación (y sólo existía entonces la radio, los diarios, libros y poca
gente sabía leer). Ahora esta fase se ha multiplicado y avanzó tanto que es
difícil su control. Cada día aparece algo nuevo que presenta esta etapa, el
abuso de niños, de mujeres, el cambio de sexo, el matrimonio “igualitario”, la droga, la
despenalización del aborto, etc. e impera la idea de que el esfuerzo y el
trabajo no son necesarios. Sólo importa el “tener
y de cualquier forma”. Para ello el exigir asistencia, pero sin esfuerzos,
es lo que los nutre y refuerza.
“En
este paso al siglo XXI, estuvo y está signado por la revolución comunicacional
que con las nuevas tecnologías alcanzó niveles impensados. Con ello, la
globalización borró fronteras y jurisdicciones territoriales a no pocas
instituciones, que veían desvanecer su poder de control sobre la formación de
las conciencias”.
Y hoy todo sigue igual, quizás cambió en
algo la forma, pero no su objetivo principal: Conquistar el poder a cualquier
precio y de cualquier forma.
Pero al “Decálogo
de Lenin” y a las enseñanzas de Gramsci, deben sumarse el accionar de la
llamada “Escuela de Frankfurt”
y del “Foro de San Pablo”.
Sólo basta dar un vistazo a internet para comprobar los fines que este “foro”
persigue (sería el continuador de la OLAS.
Por su parte, la “Escuela de Frankfurt” buscaría afianzar el marxismo gramsciano, es
decir la “revolución cultural”, esa
que buscaba transformar y disolver la Europa Cristiana. Recordemos cuáles son
algunas de las pautas de esta “escuela”:
a. Fomentar la desintegración familiar.
b. Hacer depender a los ciudadanos del
Estado o de los beneficios de éste.
c. Mantener un sistema legal desacreditado,
con prejuicios contra los sectores delictivos.
d. Promover el vaciamiento de las Iglesias.
e. Promover las migraciones para destruir
la identidad (perder el sentido de pertenencia).
f. Fomentar la destrucción de la autoridad
en los establecimientos educativos de todos los niveles.
g. Sustentar la invención del “delito
social”.
h. El cambio continuo para crear confusión,
entre otras normas.
Esto nos puede parecer escrito en la
actualidad, pero lo fue en el siglo pasado, aunque hoy está vigente en toda
Latinoamérica.
Cabe recordar que la expresidente Fernández
de Kirchner, en Córdoba junto a su secretario de Cultura, firmó acuerdos con la
“Escuela de Frankfort”. Acción
apoyada por las autoridades de entonces de la Biblioteca Nacional y el
Sindicato Unificado de Docentes de Córdoba.
Por otra parte, y en relación al “Foro de San Pablo”, Andrea von Roth,
economista y defensora de las “Ideas de
libertad”, en enero de 2016 escribía sobre el “Plan Comunista / Socialista del Foro de San Pablo para América
Latina”. Von Roth, sintetizando, decía:
1ra
Etapa. Implementación de un Gobierno Populista
mediante: Asistencialismo, “sembrar
votos” (subsidios, planes de emergencia, etc.). Aumento de cargos públicos
(un empleo representa 3 o 4 votos). Aumento de salarios y jubilaciones (aún sin
aportes son jubilados). En los medios de comunicación dar lugar a la oposición.
Persecución a las Fuerzas Armadas y de Seguridad. (¿Perseguir a quienes
derrotaron a la subversión?). Persecución mediática y judicial. Corrupción.
Discriminación de los DD.HH. Desvalorización de los símbolos patrios y creación
de nuevos símbolos (¿los pañuelos blancos?) Aumento de la delincuencia.
Inmunidad en hechos delictivos. Ocupación de fábricas no operativas y tierras
fiscales o privadas.
La
2da Etapa. Consolidación de ese nuevo sistema.
La
3ra Etapa. Creación de un Estado Comunista.
“No
se puede olvidar que el Foro de San Pablo permanentemente reivindica los
movimientos terroristas ocurridos en Sud América en los años "70".
Tampoco se puede olvidar que su actual estrategia en Sud América es la
mencionada "Guerra sin Tiempos", y que casualmente en su última
reunión, celebrada en Nicaragua, recomendó potenciar en nuestro continente los
movimientos indigenistas.”.
Teniendo en cuenta lo que dijo algún poeta,
eso de que "Con la verdad no temo ni ofendo”, repasemos la situación de
nuestro país a la luz de lo expuesto en este escrito y veremos cómo al analizar
los cambios de valores en nuestra sociedad cobra actualidad la letra de
“Cambalache”, tango compuesto por Enrique Santos Discépolo en el año 1934:
"hoy resulta que es lo mismo, ser derecho que traidor, ignorante, sabio o
chorro, generoso, estafador... -Todo es igual!, ¬Nada es mejor! Lo mismo es un
burro que un gran profesor".
El RP Santiago Martín FM. (Madrid), en su
Homilía del 27 de mayo de 2018 tenía razón cuando, en forma vehemente, decía
desde el pulpito “Tiempos complicados, sensación de incertidumbre, la sensación
es caótica, creo que avanzamos, orgullosamente hacia atrás”.
“SOLDADO, NUNCA TE ARREPIENTAS NI PIDAS PERDÓN POR DEFENDER A
LA PATRIA”.
FUENTE: https://centrodeestudiossalta.blogspot.com/2020/11/la-revolucion-que-hoy-esta-en-marcha.html