domingo, 2 de octubre de 2016

DICHO POR EL GRAL. BELGRANO:


“Últimamente he podido comprobar que existen algunos trasnochados políticos, muy poco enterados de mi vida, que me siguen titulando “Doctor”,  ignorando que nunca lo fui y que ni siquiera lo quise ser puesto que rechacé en su momento enfáticamente serlo pues lo consideraba una pérdida  inútil de tiempo dedicarme a obtener ese título académico, pudiendo  agregar que jamás... mi sentido del Honor me hubiera permitido usurpar tan especial distinción sin merecerla, y que así como he rechazado en su  momento obtener el título de “Doctor”, tan apreciado por algunos amantes de ciertos cerrados y fatuos círculos de los gabinetes, considero que mi mejor calificación, la que me ha proporcionado mayor gloria y que me ha permitido dar lo mejor de mí a la Patria, y por la que aspiro poder pasar con orgullo a su Historia, ha sido la de merecer el honroso título de  “General” de los Ejércitos de mi amada Patria Argentina, por la cual me sacrifiqué y obligué a sacrificarse a los hombres bajo mi mando, durante  tantos gloriosos años”.



“Reconozco que el cambio en mi sentimiento ocurrió a partir de iniciarme en la honrosa carrera de las armas cuando me convertí en militar y fui lo que muy pocos querían ser, y pude ir a donde muy pocos querían ir, para poder terminar lo que otros no querían empezar, cuando comprendí lo que significaba mirar al terror en la cara, y sentir muchas veces el escalofrío del temor y comprender sin embargo que era indispensable vencer a ese terror a toda costa para poder seguir adelante. Puedo hoy decir con orgullo que la vida me ha permitido regocijarme en momentos de amor, que lloré, sufrí momentos que muchos quizás preferirían olvidar, pero por sobre todas las cosas siempre tuve esperanza, por eso cuando me llegue la hora final que presiento se me aproxima rápidamente, puedo decir a todos ustedes que estoy más que orgulloso de haber sido lo que he querido  finalmente ser: UN SOLDADO.


Grl (R) David Comini

POR UN TRIBUNAL INDEPENDIENTE EN LA MEGACAUSA III DE SANTIAGO DEL ESTERO



Hoy está ocurriendo uno de los atropellos judiciales más grandes de los últimos tiempos.

Rebeldía constitucional: El cuestionado Tribunal del Juicio por causas de lesa humanidad en Santiago del Estero conocido como la “Megacausa III”, ha decidido continuar con el debate, desobedeciendo -una vez más- la suspensión de la causa dictada por la Cámara Federal de Casación Penal en Buenos Aires.

La Cámara, que hizo lugar a las quejas sobre los pedidos de recusación de los jueces por no dar éstos garantías de imparcialidad, ordenó la suspensión del juicio -emitiendo una resolución con “efecto suspensivo”-, pero el proceso judicial (de manifiesta ilegalidad) sigue, en abierta insubordinación al orden legal.

Sin garantías de imparcialidad: Los jueces María Alicia Noli (ex militante del ERP y cuyo marido fue también militante desaparecido del ERP), José María Pérez Villalobos (ex miembro del ERP que fue apartado de otras causas de lesa humanidad por prejuzgamiento) y Juan Ramos Padilla (conocido querellante por APDH) han manifestado que desobedecerán la resolución de Casación mientras se refieren públicamente a los imputados como enemigos, incumpliendo todo principio ético en relación a la responsabilidad de un magistrado quien debe ser imparcial e interesado solo en la verdad jurídica objetiva. No en ideologías revanchistas.
La Dra. Noli, que también ha intervenido en otras causas de lesa humanidad como testigo y querellante, ha reconocido y consta por escrito: "no puedo juzgar a mis enemigos", por lo cual ya había sido apartada de un juicio en Tucumán. Además manifestó públicamente su afinidad y cercanía con los organismos de DDHH reuniéndose “a solas” con sus abogados para organizar los juicios a espaldas de las defensas. 

Crueldad: Mientras estas irregularidades inexplicablemente se sostienen, tenemos que lamentar el fallecimiento de dos imputados en el juicio tras ser sometidos a extensas audiencias a pesar de su avanzada edad y el deteriorado estado de salud en el que se encontraban: el ex Juez Federal Dr. Arturo Eduardo Liendo Roca y el Teniente Coronel (R), Cayetano Fiorini. En ambos casos, tanto médicos particulares como de la Corte Suprema de Justicia de la Nación denunciaron ante el Tribunal que llevarlos a juicio implicaba un serio riesgo para sus vidas, pero no fueron escuchados.

Petitorio: por la memoria de Arturo Eduardo Liendo Roca, que no pudo sentir en vida el acompañamiento de la Justicia, imputado ilegalmente por delitos que no cometió y por los cuáles obtuvo una falta de mérito y tres sobreseimientos dictados en su favor por distintos Tribunales, pedimos a la Cámara Federal de Casación Penal que designe un Tribunal independiente en la “Megacausa III” de Santiago del Estero. El sistema judicial no puede mirar para otro lado mientras desde un tribunal militante y mediante un juicio simbólico se pretende ajusticiar a argentinos sin respetar las garantías del debido proceso y el derecho de defensa. Tampoco se puede permitir que se desoigan resoluciones de la Cámara vulnerando el estado de derecho.

Esta petición se enviará a: Cámara Federal de Casación Penal.





RECORDATORIO - 5 DE OCTUBRE 2016


sábado, 1 de octubre de 2016

NO A UNA EXTRADICIÓN


El 23 del corriente la agencia de noticias española EFE informó sobre la negativa de la Audiencia Nacional en conceder la extradición solicitada por la Argentina del ex militar Pedro Wagner -acusado de supuestos delitos de "lesa humanidad"- en razón de la prescripción legal para los hechos que se le adjudican ocurridos muy anteriormente a la vigencia (2004) del Estatuto de Roma, que creó la figura de este tipo de delitos. Esta negativa fundada en el universal y básico principio de la irretroactividad de la ley penal, sumada a la denegación similar en el caso del ex médico naval Gori en enero de 2016, representa un ejemplo de seguridad jurídica que si bien no será del agrado de los sectores ocupados en consumar la venganza del terrorismo, merece ser imitado por la justicia argentina.

Antonio Mascardi


PAZ EN COLOMBIA

Más incertidumbres que certezas

Una vez que parece que las dos partes implicadas en el conflicto colombiano han escenificado lo que parece el final del mismo tras más de medio siglo de guerra y el comienzo de una nueva era basada en una paz duradera, hay dudas razonables acerca del desenlace. Tanto el gobierno colombiano, que preside el camaleónico Juan Manuel Santos, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), alzadas en armas desde el año 1964, parece que esta vez van en serio y que hay voluntad para llegar a un punto y final a esta larga sangría que ha provocado ocho millones de víctimas, de las cuales seis millones son desplazados, y que la violencia sea un recuerdo del pasado en este país. Aun así, sobre la mesa hay más incertidumbres que certezas.

FIRMAR EL ACUERDO DEFINITIVO


La reciente rubrica de La Habana, tras años de negociaciones entre las partes, no es definitiva y el acuerdo final que ponga fin a la violencia en Colombia se firmará en territorio nacional. Para ello, obviamente, tendrán que levantarse las órdenes de búsqueda y captura a los máximos cabecillas de las FARC -ahora negociadores en Cuba- y la sociedad colombiana tendrá que aceptar que muchos de los crímenes perpetrados  quedarán impunes.

¿Aceptarán los colombianos esta paz de Santos a cambio de cerrar los ojos y tolerar una cierta impunidad? ¿Será ese el precio a pagar por la paz?

CONCENTRACIÓN DE LAS FARC EN VARIAS ZONAS

En total, según ha transcendido a algunos medios   bien informados -El Espectador, por ejemplo-, los guerrilleros de las FARC tendrán que agruparse en 23 zonas del país denominadas de “concentración”. Los antiguos  guerrilleros, ahora ya aceptados como actores del proceso político, se incorporarán sin armas y de civil a dichas áreas. ¿Se respetará la vida de los antiguos guerrilleros por parte de algunos grupos contrarios al proceso de paz? ¿Pasarán los antiguos terroristas, hasta hace unos días matando, secuestrando y extorsionado,  a la vida civil sin ocasionar más daños al país?

TRANSFORMAR ACUERDOS EN LEYES

Este aspecto es fundamental para las FARC,  ya que dotaría al nuevo Estado colombiano de una parte ideológica más cercana a sus intereses, mientras que el gobierno lo asume como una parte táctica. Sin embargo, para un país que es una democracia de opereta y donde los derechos fundamentales no fueron respetados nunca, ¿qué valor pueden tener estas palabras? Además, hacer concesiones a las FARC, ante el escepticismo de la sociedad y la mala imagen del proceso de paz, sería un precio demasiado alto a pagar y es más que seguro que se generarían controversias no exentas, seguramente, de violencia.

Pero, ¿cómo explicarían las FARC a la sociedad colombiana más de medio siglo de violencia sin apenas arrancar concesiones políticas a sus adversarios? Sería una renuncia histórica, en términos políticos, que las FARC abandonasen las armas sin haber conseguido ninguno de sus objetivos.

NARCOTRÁFICO

“Las FARC se consolidan como el primer cartel del narcotráfico del país”, aseguraba el diario El Espectador hace apenas un año. Las cosas no han cambiado al día de hoy y la ligazón entre el narcotráfico y la guerrilla más antigua de América es un hecho. Se calcula que el 60% del tráfico de drogas de Colombia hacia el exterior está controlado por las FARC y en los últimos años se ha detectado un aumento del número de hectáreas cultivadas de coca, habiendo llegado ya a las 160.000 en el 2015.

Numerosos cabecillas de las FARC están implicados en el negocio y no lo abandonarán fácilmente. ¿Cómo abordará este asunto el Estado colombiano, cómo se recuperarán los miles de millones de dólares depositados en el exterior por las FARC procedentes de este ilícito negocio?

RATIFICACIÓN POPULAR

El presidente Santos ha dicho siempre y lo ha repetido en todas las instancias nacionales e internacionales, incluso hasta las Naciones Unidas, que los acuerdos rubricados con las FARC serán refrendados por el pueblo colombiano en una consulta popular. El reto tiene sus riesgos, toda vez que la oposición política, pero especialmente el expresidente Álvaro Uribe que lidera al Centro Democrático, ya ha dicho que dará la batalla contra esta “paz” firmada por Santos, que según  él legitima la impunidad y la venta del país al terrorismo.


Pero también podría ocurrir que los colombianos  den la espalda a los acuerdos tras demasiados años de negociaciones. Podrían llegar a votar en contra de los  acuerdos, simplemente, o convertir a la abstención en un voto masivo de protesta contra la forma en que se ha conducido tan largo y barroco proceso.

REINSERCIÓN DE ANTIGUOS TERRORISTAS

Según las fuentes, las FARC tienen entre 8.000 y 10.000 alzados en armas al día hoy y repartidos en varios frentes a lo largo y ancho de este país agreste, montañoso, extenso y selvático. Garantizar que dejen las armas, se integren en la vida civil y política y abandonen toda actividad delictiva, tras años en la selva y un camino hacia la reintegración social realmente difícil, parecen unos objetivos, al día de hoy, imposibles de lograr. ¿Cómo conseguir que un antiguo guerrillero que hasta hace unos días volaba puentes o colocaba minas se integre en la sociedad colombiana? ¿Qué recursos se destinarán y de dónde procederán para pagar a los miles de guerrilleros que (seguramente) dejen de matar y retornen a la vida civil?

DEJACIÓN DE LAS ARMAS DEFINITIVA POR LAS
FARC


Este es uno de los aspectos más controvertidos y  complejos del proceso de paz, que no en vano se ha dejado para el final por las dificultades que entraña. Ese punto, de cumplirse, tal como está estipulado, sería el desarme de la guerrilla –u organización terrorista para el Departamento de Estado norteamericano y la Unión Europea– y el final de la utilización de la violencia como forma de hacer política, dando un paso hacia adelante histórico y poniendo fin a la pesadilla. Pero hay muchas dudas.
¿Entregarán todas las armas las FARC? ¿Harán         dejación de las armas todos los frentes de esta organización que ahora están fuera de control de la cúpula y actúan de una forma más o menos autónoma en varias zonas ignotas de Colombia? ¿Cómo controlar ese proceso si las FARC es una organización irregular sin apenas un listado de sus armas y pertrechos militares?

PARTICIPACIÓN POLÍTICA DE LA GUERRILLA

Ya se ha dicho durante el proceso que las FARC se acabarán convirtiendo en un partido político y su máximo líder en las negociaciones, ‘Timochenko’, así lo anunció en La Habana de una forma clara: “Claro que las FARC haremos política, si esa es nuestra razón de ser, pero por medios legales y pacíficos, con los mismos derechos y garantías de los demás partidos”. Sin embargo, el gobierno colombiano todavía no ha definido, al menos públicamente, cómo se formalizará esa participación de las FARC en las instituciones y si, finalmente, se les adjudicará un cupo a los guerrilleros en el poder legislativo y en la administración local.


Este asunto, por cierto muy impopular en determinados sectores colombianos, es crucial para el éxito de la paz de Santos, pues es evidente que las FARC dejarán las armas a cambio de que el Estado ceda en algunas de sus demandas. ¿Serán capaces las FARC de participar en el juego político como un partido en igualdad de condiciones que el resto de las formaciones colombianas?

¿Cómo se podrá realizar esa reinserción política sin apoyo social y sin haberse concretado todavía los términos de la misma?

Balance desolador del conflicto. Tras más de cincuenta años de guerra entre la organización comunista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Estado colombiano, que destinó ingentes recursos para derrotarla y no pudo, hay millones de víctimas que todavía padecen el conflicto y otros casi cuatrocientos mil colombianos  que no han vivido para contarlo. Algunos desaparecidos sin ni siquiera una tumba que los recuerde. Hay también entre seis y siete millones de desplazados –casi el 16% de población del país–, más de 3.000 desaparecidos que seguramente no aparecerán nunca y varios centenares de secuestrados en manos de las FARC de los nunca más se supo y nadie da fe de que puedan estar con vida.

@ricardoangoso

HARTO DE MESSI

El hijo del recordado escritor no se conmueve con la tristeza de un millonario futbolista. Lo sensibiliza los malabares que hace una maestra para llegar a fin de mes.

El llanto de Messi conmovió a la mayoría de los argentinos pero no a todos


Escribe Mario Sábato

Quiero felicitar al alumno Marito porque no le ha robado los útiles a su compañero de banco. Jamás ninguna de mis maestras de mi escuela en Santos Lugares me dijo algo así. No me enseñaron a ser honesto. Lo predicaron con su ejemplo y dedicación. No era un mérito, sino una obligación.

Este país, mi país, devastado por los corruptos que, como los nuevos ricos, son torpes y ridículos, y que perdona a los elegantes corruptores de siempre, se me hace como los parques de diversiones, con sus espejos deformantes que causaban gracia a los visitantes. Se veían grotescos, alargados y empequeñecidos. Y eso provocaba sus carcajadas.

Lo mismo, creo, nos pasa ahora. Solo que los espejos no son deformantes, nos reflejan cómo somos, cómicos para los demás, patéticos para nosotros.

Si fuimos grandes, alguna vez, fue por la excelencia de nuestra educación pública. Todos éramos iguales, pobres y ricos, y los guardapolvos blancos nos indicaban, sin necesidad de discursos, que teníamos los mismos derechos.

Recuerdo que la directora vivía enfrente de la escuela, y su casa era una de las más importantes del barrio. No era una gran cosa, pero tampoco era menos que la del médico, en mi modesto lugar en el mundo.

Crecí de esa manera, sabiendo algo que hoy parece olvidado. Que una maestra es tan importante como un médico. Más todavía, porque a la maestra la necesitábamos todos los días, y al médico solo nos llevaban cuando teníamos fiebre.

Nos pasó lo que nos pasó, y no nos damos cuenta de que la peor enfermedad, la de la ignorancia, es crónica y nos persigue todos los días.

Creo que me estoy quedando solo, como tantas veces me ha pasado. No me conmueve la tristeza de un jugador de fútbol, aunque sea argentino y el mejor del mundo.

Me gusta verlo jugar, y hasta me simpatiza. Pero no le agradezco su esfuerzo ni su pasión, ni me enternecen sus lágrimas, aunque sean sinceras. Este muchacho cobra 27 millones de pesos por mes por patear una pelota.

Y una maestra, como la que me enseñó a leer y escribir y, mucho más que eso, a centenares de chicos de mi barrio nos hizo saber que es bueno ser una buena persona, debe sobrevivir con algo así como 8.000 pesos mensuales. Eso sí que me hace lagrimear, y estar seguro de que vuelva Messi a la selección es mucho menos trascendente a que retorne la dignidad para los maestros que nos hicieron mejores.

Me parece infame que discutamos el valor del “Fútbol para todos” si no entendemos que es infinitamente más importante una buena educación para todos.

Sé que voy a contramano. Pero no me habitúo a los espejos que nos deforman, que nos hacen creer que lo que vale es tener el río más ancho del mundo, la avenida más larga del planeta, o un equipo de fútbol que gana una copa de no sé dónde.

Sé también que es una obviedad lo que voy a escribir: no es un seleccionado de fútbol el que nos va a salvar del país de los espejos deformantes.

Es la educación. Será una obviedad, pero pocas cosas son tan peligrosas como olvidar lo que debería ser obvio.


EL MITO DE LOS 30.000 DESAPARECIDOS

El debate sobre las víctimas de la violencia política y del terrorismo de Estado forma parte de la investigación histórica y la construcción de la democracia.

Luis Alberto Romero

"Treinta mil desaparecidos". Se nos dice que se trata de una cifra simbólica; de un adjetivo que indica la desmesura del horror.


No busquemos precisiones, pues en la redondez inalterable de la cifra está la clave que sostiene todo el arco de los derechos humanos. En suma, se nos dice que se trata de un mito.

Los mitos ocupan un lugar fundamental en cualquier CULTURA, pasada y presente. Explican lo inexplicable para la razón y sostienen las creencias y los valores. No se trata sólo de los viejos mitos, de Osiris o de Edipo. En el secularizado y desencantado mundo moderno los mitos cívicos o políticos ocupan el lugar dejado vacante por la religión.

Nuestra nacionalidad, por ejemplo, reposa sobre el mito fundador del 25 DE MAYO de 1810; la clásica narración del nacimiento de la Patria viene acompañada por otros mitos menores, como el sargento Cabral, el tambor de Tacuarí o las niñas de Ayohuma, y algunos mayores, como el de los héroes fundadores.

Es tarea de los historiadores examinar y desarmar estos mitos y presentar verdades menos cómodas. Por ejemplo, explicar que la nación no surgió un día sino que fue el resultado de una lenta CONSTRUCCIÓN, sólo madurada a fines del siglo XIX. Para el historiador preocupado por cuestiones públicas, como la educación escolar, las cosas son más complicadas. Es difícil conmover a un niño con algo tan abstracto como la patria sin la ayuda de un relato mítico. Sólo cabe discutir a qué edad el niño madura como para saber que la nación es una creación histórica, o que los héroes fueron personas notables, pero con todas las características de los restantes humanos.

¿Qué hace un historiador con la cifra de los 30.000 desaparecidos? Comienza constatando que, después de más de treinta años, sólo se han reunido referencias positivas sobre unos 9.000. Nadie reclamó ni dio precisiones sobre los 21.000 restantes; ni padres ni amigos ni familiares. Y ya no vale el argumento del miedo y el silencio.

Luego conjetura sobre el origen de esa cifra y sobre la escasa posibilidad que tuvieron en ese momento -plena dictadura- las organizaciones de derechos humanos para reunir una información precisa.

Finalmente recuerda las excelentes razones que las mismas tuvieron entonces para lanzar una hipérbole contundente y útil sobre la que, en definitiva, se fundaría la democracia.

Habría razones para mantener ese mito. Si estamos convencidos de que la democracia sigue amenazada por las oscuras fuerzas de la dictadura. Si tenemos poca confianza sobre las capacidades de intelección o la solidez de las convicciones de nuestros ciudadanos. Si, en suma, los seguimos considerando como niños. Pero no es éste el caso.

Además, aceptarla sin más supone otro conflicto para quienes nos sentimos comprometidos con la defensa de la democracia y los derechos humanos. El mito de los 30.000 desaparecidos, importante para el deber de "memoria", entra en colisión con otro deber: la "verdad".

LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

No se puede construir la democracia sobre la falsedad. Nadie podría decidir que la búsqueda de la verdad deba detenerse ante un mito. No es admisible descalificar la búsqueda esgrimiendo la sacralidad del mito. Esto se le puede pedir a una comunidad religiosa pero no a la ciudadanía madura. Quienes la buscan no deberían conformarse con murmurar, como Galileo después de su obligada retractación, "y sin embargo se mueve".

¿Por qué debemos seguir adelante, indagando sobre el número real de desaparecidos? La pregunta sobre el funcionamiento preciso del Estado represor no es banal. Debemos saber a quiénes se mató desde el Estado, y cómo se los eligió. ¿Hubo un criterio unificado o bastó con figurar en una libreta de direcciones o estar en el lugar y el momento inapropiados? Eso creímos, por ejemplo, con las víctimas de "la noche de los lápices", antes de saber que fueron seleccionados según objetivos precisos.


Necesitamos un recto conocimiento de lo ocurrido en esos años para entender la anatomía y la fisiología del mal.

La aspiración a la verdad debe llevarnos más allá de ajustar las cifras. Tenemos que discutir y cuestionar los criterios con los que hemos confeccionado, entre tantos muertos, la lista de las víctimas que deben ser conmemoradas.

Es una cuestión que atañe a la democracia en su conjunto y que, por eso, debe ser hecha con una perspectiva más amplia que la de los familiares, comprensiblemente subjetiva.

¿Por qué se computan sólo los muertos a partir de marzo de 1976 y no los de años anteriores, ya fueran víctimas de la Triple A o de las organizaciones armadas? ¿Por qué están en la lista los que asaltaron el Regimiento de Monte, en Formosa, y no los soldados conscriptos que murieron defendiéndolo? ¿Por qué se reconoce oficialmente sólo a quienes estaban vinculados de algún modo con las organizaciones armadas, y no a las víctimas de esas organizaciones, muchas de ellas casuales?

EL PASADO, LA MEMORIA Y LA HISTORIA

No se trata aquí de una cuestión judicial sino de comprensión del pasado, de memoria y de historia. Dejemos para otra ocasión las urticantes cuestiones de la manipulación del mito con fines espurios o las oscuras derivas de algunos de sus custodios.

Aun así, la democracia requiere que -sin desvalorar lo hecho por las organizaciones de derechos humanos- superemos una mirada sectorial y examinemos lo ocurrido como una tragedia que le sucedió al país, que nos sucedió a todos.

Requiere que, además de deslindar responsabilidades, examinemos el pasado desde una perspectiva humanista a la que las organizaciones de derechos humanos parecen renunciar cuando se embarcan en el camino sectario.

Quizás lo mejor sea que la ciudadanía recuerde a todos los muertos en la tragedia, reunidos sin distinciones en un memorial común, como lo propuso el recordado Héctor Leis.

Superar el trauma requiere conocerlo, iluminarlo con la verdad. La búsqueda de la verdad no puede clausurarse ni con el epíteto de "negacionista" ni con la condena social o política de quienes, con espíritu libre, plantean el debate. La cifra de 30.000 desaparecidos tuvo su razón de ser, y es probable que aún la tenga para un grupo sensible.

Admitamos que quizá no sea éste el momento de abordar la cuestión, aunque la exigencia de la verdad nos acucie. Pero sepamos que en algún momento deberemos haber crecido lo suficiente como para mirar el pasado de frente.

* (Publicado en el diario Los Andes 04-09-2016)