martes, 25 de octubre de 2016

LA MENTIRA Y EL MIEDO

24/10/2016 08:21

Por Hugo Esteva

Mucha gente -y entre ella parece que también las autoridades- cree que la “cultura” consiste en tenidas musicales, un poco de teatro, algo de cada vez más dosificada y más pegadiza literatura (tapas ilustradas, letra grande, frases cortas), una pizca de ensayos socio-políticos, documentales, cine y televisión por doquier. Por supuesto, alguna gota cultural puede haber en todas esas actividades. Pero así como comprar las entradas más caras, ponerse corbata para ir al Colón o pasear por las librerías y los salones de arte mezclando frases hechas en varios idiomas, no alcanza para ser cultos; así tampoco los funcionarios que reparten presupuesto en espectáculos y promociones están a la altura de dirigir los pasos culturales de un país. A menos que su función sea la de mantenerse en la línea de decadencia del Occidente que vivimos.

La verdadera cultura -esa a la que siempre debe apuntarse pero a la que nunca terminamos de acceder- es camino hacia la sabiduría, y ahí sólo se llega por la verdad. A la vez, la verdad sustenta la vida; así como la mentira conduce a la muerte. Por eso es inaceptable que las autoridades culturales de un país adopten a la mentira como hilo conductor: es como decir –a conciencia o no- que dirigen el país hacia la muerte.

José D’Angelo

Como ejemplo inverso de búsqueda de la verdad en un terreno que se ha hecho más que difícil, vale la pena referirse brevemente a “Mentirás tus muertos” (El Tatú Ediciones, Buenos Aires 2015), el libro de José D’Angelo. Se trata de una lección incontrovertible. Ordenado con precisión, enseña con numerosas pruebas todas las variantes contenidas en la grosera irregularidad de los números publicados por la CONADEP en 1984, los todavía más manipulados del Informe de la Secretaría de Derechos Humanos de 2006, y el verdadero disparate propagandístico del Parque de la Memoria-Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, en la Costanera porteña. Al cabo de su consulta, quien quiera escuchar no va a tener más remedio que oír, y hacer silencio ante el cabalmente probado invento de los 30.000 desaparecidos. Allí están datos y más datos, casos y más casos, sobre “desaparecidos” aparecidos con vida y subsidiados, otros “desaparecidos” muertos en combates provocados por ellos mismos, otros ejecutados por los propios guerrilleros, otros que se suicidaron, otros que murieron en acciones fuera del país, otros entregados a sus familiares luego de muertos en enfrentamientos, otros enterrados y ocultados por sus secuaces, otros sepultados como NN y nunca reclamados por sus allegados, y hasta otros muertos en accidentes con explosivos manipulados por ellos mismos. Pero todos atribuidos por la cultura imperante a la represión ilegal llevada a cabo por las Fuerzas Armadas argentinas en la lucha contra la subversión teledirigida desde Cuba y desde la entonces Unión Soviética.


Se trata de más de 550 páginas con largas listas de nombres y datos, sistemáticamente ordenadas, con apéndices voluminosos y decenas de reproducciones de recortes de diarios y páginas de libros. Impone, inicialmente. Sin embargo, se lee con notable fluidez. Uno diría: “de un tirón”.

Esto no sólo porque está escrito con una corrección sintáctica difícil de encontrar entre buena parte de los periodistas –como, más allá de su condición de oficial retirado del Ejército, se titula a D’Angelo en la solapa–, sino también porque tiene un especial atractivo literario. Es que, en medio de tanta precisión y tanto dato –la mayoría proveniente de publicaciones de los propios terroristas-, el autor es capaz de novelar con veracidad y singular hondura psicológica estas historias abrumadoramente trágicas.

Con ser tan importante, no es ese el problema principal que pone de manifiesto la obra de D’Angelo. Lo verdaderamente grave es que su sola existencia muestra, además, cómo –por omisión– el gobierno actual se ha hecho cargo de semejante mentira venida de los anteriores, sin denunciarla. Y -cómo mientras cantidad de presos políticos sigue muriendo a causa de mala praxis institucional, crónicamente encarcelados y mal enjuiciados desde los años de Néstor Kirchner por haber obedecido la orden de aniquilar a la guerrilla- las autoridades persisten en permitir que la falsedad sea una “política de Estado”. Frente a la realidad que la obra denuncia y de ninguna manera puede ni pudo desconocerse, ¿cómo justificar que el Presidente haya acompañado al de EEUU a tirar flores al río desde el mismo Monumento de la Memoria, plagado de tergiversaciones?

El homenaje a cualquier muerto de nuestras guerras civiles debe ser entendido y tiene intocable valor humanitario, más allá de ninguna ideología. Pero elegir un sitio de engaño para hacerlo implica, como mínimo, liviandad ante lo que debería ser extremadamente serio. Más aún ante los delitos cometidos por ambas partes en la guerra.

A diferencia del respeto con que D’Angelo describe a quienes formaban parte del bando al que él mismo combatió voluntariamente cuando el asalto terrorista al cuartel de La Tablada, en los confusos tiempos de Alfonsín, la actual superficialidad de las autoridades sólo puede ahondar heridas. Heridas nacidas esencialmente de la ignorancia. Una ignorancia que, no hay duda, provoca temor intelectual entre quienes “gobiernan” nuestra cultura. Temor capaz de paralizar al más valiente y que, en lugar de impulsarlo a buscar la verdad, lo suma a la legión de los adoradores de las “culturas” pre-digeridas.

Hay que saberlo: tal miedo, tal falsedad, tal aceptación liviana de la mentira, es anti-cultura. O, más claro, es la personificación de la cultura de la muerte.



NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.

FALLECIMIENTO DE UN INTEGRANTE DE LA MESA DE TRABAJO DE LA UP












A TODOS LOS CAMARADAS DE LAS FUERZAS ARMADAS, FUERZAS DE SEGURIDAD, FUERZAS POLICIALES Y FUERZAS PENITENCIARIAS.

A LOS INTEGRANTES DE LAS DISTINTAS INSTITUCIONES Y ONG VINCULADAS.

A LOS FAMILIARES DE LOS PRESOS POLÍTICOS.

A TODOS LOS ALLEGADOS, AMIGOS E INTERESADOS.

Estimados Camaradas y Amigos

La Unión de Promociones, expresa su más profundo pesar por el reciente fallecimiento de quien fuera el 1er Presidente de la UP - Delegación  Mendoza,  Coronel (R) Julio Celestino DELUCCHI  (Artillería - Promoción 80 - CMN).

El deceso de nuestro Camarada y Amigo, quien actualmente integraba la Mesa de Trabajo de la UP, nos deja imborrables recuerdos. Será siempre un ejemplo, su constante lucha.

En este doloroso momento, vaya nuestro particular reconocimiento y gratitud, dado que siempre estuvo colaborando, trabajando y sumando esfuerzos, para facilitar las acciones destinadas a paliar la situación de tantos Camaradas Presos Políticos y sus familias, que hoy continúan sufriendo el sistemático proceso de persecución, venganza y extermino, donde señalamos una vez más, se continúan reiterando infinidad de irregularidades jurídicas, instrumentadas en el ámbito de una justicia prevaricadora.

Le rogamos a Dios nuestro Señor, conceda a toda su familia, compañeros de Promoción, amigos y allegados, pronta y cristiana resignación ante esta irreparable pérdida.

Coronel (R) Guillermo César Viola.

Unión de Promociones

lunes, 24 de octubre de 2016

ESPERANZA


A muchos argentinos nos sigue llamando la atención que más de dos mil personas permanezcan en prisión acusados de delitos de "lesa humanidad" por su actuación en la guerra revolucionaria de los 70 integrando las fuerzas armadas y de seguridad movilizadas por la Nación Argentina, incluyendo a oficiales y suboficiales de las más bajas jerarquías y muy jóvenes en aquellos años, mientras que en llamativo contraste, los principales jerarcas responsables de los ejércitos irregulares del terrorismo gozan de la más plena libertad en nuestro país o en el extranjero, habiendo ejecutado un plan de eliminación sistemática de todo aquél que fuese obstáculo para su mesiánico objetivo de instaurar una dictadura marxista. Sus blancos fueron en su mayoría la población civil ( integrantes de las fuerzas de seguridad), y en número no desdeñable otros como  sindicalistas, empresarios, diplomáticos, periodistas, y diplomáticos.

Tenemos la esperanza de que la reapertura de la causa por el secuestro, torturas y asesinato del Coronel Larrabure, por haberse negado a colaborar con el terrorismo, signifique el comienzo de la aplicación del elemental principio de igualdad ante la ley, ignorado con fines inconfesables en los últimos doce años.

Santiago Floresa

Capital Federal

ACTUALIZACIÓN ESTADO DE SALUD DEL PRESO POLÍTICO MIGUEL A. FURCI


Muchas personas se han preocupado por el preso político Miguel Ángel Furci. Les agradezco en nombre de él su interés y les respondo por este medio público cómo sigue.

En el día de ayer lo vinieron a buscar con una silla de ruedas para llevarlo al "Hospital" (?) de Devoto. Sus compañeros pensaron que lo evacuaban hacia un hospital real. No fue así, volvió al rato con los medicamentos (antibióticos de 1000 mg) que debían haberle dado hace 4 días. Ahora está tomando los antibióticos y está un poco mejor pero el problema de fondo no se soluciona.

Tienen que operarlo y, por una cosa u otra, la operación se demora. Hace diez meses que se encuentra con una sonda urinaria que es una herida abierta permanentemente.

El gran problema es que su operación se la tiene que hacer el Hospital Público que, encima, debe coordinar los traslados con el Servicio Penitenciario Federal. Cuando uno tiene turno el otro no tiene móvil.

Los que festejan esta barbaridad dicen que es el sistema que se le aplica a todos los presos pero estas personas no son todos los presos, son presos políticos. Son perseguidos políticos porque no existen presos de más de 60 años en prisión.

Si tienen tanto interés en mantenerlos presos tienen la obligación de proveerles los elementos básicos para su supervivencia. Si no los tienen, mándelos a sus casas y que ellos se ocupen de su salud. No se puede aislar a una persona y negarle los medios básicos de supervivencia porque eso es homicidio y ya han habido varios.

Muchos de estos campeones de los Derechos Humanos festejan esta salvajada, ya sabemos, antes mataban con bombas, ahora lo hacen utilizando al Poder Judicial como arma. Crean un paralelismo imaginario con la persecución a los nazis, dicen que Alemania ha tenido presos hasta de 90 años. Cuando tengan presos gerontes como los tienen en Alemania, como los cuidan en Alemania, hablamos. Si quieren seguir jugando al "primer mundo" háganla completa o no hablen. Por lo menos, cállense la boca. Muchos estamos hartos de escuchar tanta estupidez en nombre de los Derechos Humanos.

Andrea Palomas Alarcón


domingo, 23 de octubre de 2016

ANTE LAS PROMESAS DE CAMPAÑA DEL SEÑOR PRESIDENTE DE LA NACIÓN ARGENTINA


Señor Ing. Mauricio MACRI
CRUZADA CONSERVADORA PETICIONA
Ley de amnistía

Se pretende que esta sea una ley de olvido, que va a restablecer la calma de la situación política y social y a fundar la paz en nuestra vida pública o como dicen hoy cierre la grieta.

A nadie escapa que a partir de este día domingo, tras un año de las elecciones, el Poder Ejecutivo tendrá que blanquear la situación institucional, tan escondida, con respecto al futuro de los PRESOS POLÍTICOS. Es el deseo de millones de argentinos que otro País, tal vez,  comience a asomar. A tal efecto y para no dejar duda alguna, si ese nuevo amanecer argentino no se basa, no tiene sus cimientos en la reconciliación nacional, de nada habrá servido tanto sacrificio, tantas miserias y tantos agravios a nuestras instituciones.

Ni los acusados ni los acusadores, ni ellos ni nosotros hemos olvidado nada. Lo único que se ha olvidado y se olvida son las lecciones de nuestra historia, de nuestra triste experiencia. ¿Cuántas leyes de amnistía se han dictado y los hechos se han vuelto a suceder con dolorosa regularidad: la rebelión, la represión, el perdón? Y está en la conciencia de todos que esta amnistía, que se supone ser la última, no lo será; será muy pronto, tal vez, la penúltima. Porque las causas que producen estos hechos subsisten, y no sólo en toda su integridad, sino que se agravan cada día que pasa.

Han pasado muchas décadas desde que la anarquía subversiva llevó al país a la conflagración. Luego, vinieron los cambios y los sucesos que todos conocemos.

Algunos buscamos la paz, en el convencimiento, en la prédica, en las buenas doctrinas para poder llegar a la verdad institucional. ¿Y cómo nos encontramos hoy?

Debo responder: ¡Han fracasado, lamentablemente, todas las teorías evolutivas y nos encontramos hoy peor que nunca!

Porque esta es la situación de la República.

¿Cómo podemos esperar que por esta simple ley del olvido vamos a modificar la situación, vamos a evitar que se produzcan cambios de actitud de aquellos que hoy nos gobiernan?

Se han cometido excesos jurídicos que nos avergüenzan ante las grandes naciones civilizadas.

No nos dirá esta ley de amnistía, que pretenden solicitar , no nos dirá esta exigencia nacional, que es un pedido a gritos de todos los puntos cardinales de la República, esta exigencia de perdón, que vive en el fondo de la conciencia colectiva nacional, algo que dice: Esos hombres no son criminales; actuaron conforme a mandato legislativo y nacional; esos hombres, algunos, dada la dimensión del conflicto, pudieron haber equivocado el rumbo, pero obedecían por encima de todo a un móvil patriótico.

Sólo habrá ley de olvido; sólo habrá ley de paz, sólo habremos restablecido la unión en la gran familia argentina, el día que todos los argentinos tengamos los mismos derechos.

Repito: no sólo no hay olvido, no sólo todas las causas están en pie, sino que los subversivos de ayer y de hoy siguen sembrando sus semillas de odio.

Quiera el cielo una verdadera ley de amnistía; sería responder a un gran anhelo público para curar y cerrar las heridas que hoy siguen desangrando a nuestra República. Que sea una ley de plena voluntad, con energía, con hechos que eleven los espíritus, que haga clarear el horizonte y que permita a los ciudadanos esperar en la efectividad de su derecho el renunciamiento a los actos del accionar subversivo y violento.

Pero debemos tener presente que no es admisible, en ningún caso, bajo ningún concepto, sin trastornar todas las nociones de organización política equiparar el delito civil al militar, equiparar el ciudadano al soldado. Son entes diversos. El militar tiene otros deberes y otros derechos; obedece a otras leyes, tiene otros jueces; viste de otra manera; habla y camina de otra forma. Él está armado, tiene el privilegio de estar armado. A él le confiamos nuestra bandera, a él le confiamos las llaves de nuestra fortaleza, baja o sube la bandera nacional, y todos estos privilegios se los extendemos bajo una sola garantía: su honor y su palabra.

Nuestros gobernantes y legisladores juran por Dios y por la Patria, con las manos sobre los Evangelios; el militar jura sobre el puño de su espada, sobre esa hoja que debe ser fiel, leal, brillante como un reflejo de su alma, sin mancha y sin tacha. Por todo esto, la palabra de un soldado tiene algo de sagrado y faltar a ella es algo más que un perjurio.

Es este el cartabón en que tienen que medirse nuestros jóvenes oficiales para saber si tienen la talla moral necesaria para ceñir la espada, que es legado glorioso de aquellos héroes que nos dieron Patria, cuyo bicentenario festejamos, para vestir el uniforme llenos de dorados y galones, que sería un ridículo oropel si no fuera el símbolo de una gloriosa tradición, abnegación y sacrificios que obligan, como un sacerdocio, al que lo vista.

Hoy, tenemos a cientos de ellos en la cárcel. Pero sepa el pueblo argentino que esos barrotes representan la disciplina y ordenanzas militares y sus guardianes el honor y el deber.

Establezcamos las diferencias, salvemos la disciplina y las ordenanzas; para entonces, sí y sólo sí, escuchar al unísono, en formación: ¡Subordinación y valor, para defender a la Patria!


SEÑOR PRESIDENTE DE LA NACIÓN, será JUSTICIA y habrirá a la PATRIA amplias vías de convivencia en la búsqueda definitiva de la tan soñada PAZ INTERIOR.


Fernando Castro Pintos
Presidente
castropintos@yahoo.com.ar

DE JUICIOS Y NEGOCIADOS


La renuncia de Carlos Rozansky al TOF de La Plata debería ser vista como un preludio de situaciones por venir. Los medios le regalaron, ante la noticia, el cubrirlo con oropeles tales como ser el presidente del tribunal que condenó a Miguel Etchecolatz.

Rozansky planteó su situación ante el Consejo de la Magistratura como la consecuencia de una denuncia hecha por el gremio de judiciales que conduce Julio Piumato. Cierto, pero parcial. A Rozansky se le abrió una investigación por hechos de corrupción tales como haber alquilado un teatro en La Plata a un amigo suyo para realizar allí los juicios de lesa humanidad. Rozansky niega que él haya alquilado esa propiedad, y señala que el que efectúa la contratación es el Consejo de la Magistratura. Técnicamente, debe ser así. Se le atribuyen también más de una veintena de viajes al exterior, y que sólo tomó licencia en dos ocasiones, cuestión que no niega. Su renuncia, que le da el privilegio de acogerse a la jubilación, no debió ser aceptada, porque todo lo denunciado queda en un cono de sombras que aleja la integridad de la construcción de la República.

El Consejo de la Magistratura debiera abocarse a investigar todo lo ocurrido en el plano administrativo con los juicios de lesa humanidad, porque en estos años, sobre la indiscutible necesidad de verdad y justicia para los detenidos desaparecidos y los niños secuestrados y apropiados, se armó un negocio de millones que han ido a parar al bolsillo de unos pocos.

Carlos Rozansky, al igual que Roberto Atilio Falcone, han usado los juicios para una construcción personal temeraria, que les permitió casi diseñar el Poder Judicial a su antojo. Que la salida elegante sea concederles el beneficio de la jubilación y todo que quede ahí, es muy pobre para una sociedad que no deja de reclamar verdad y justicia por todas las víctimas en un estadio de conciencia superior sobre el valor del sistema judicial. Entonces, que estos personajes se retiren a las sombras, indemnes de toda indemnidad, no es una buena noticia.

En Mar del Plata se está en las instancias finales del juicio a la CNU. En los alegatos, el narcoabogado César Sivo y sus correveidiles Gloria León, Irineo Di Mateo y Luciano Bayo adujeron persecución por ser abogados comprometidos en causas de derechos humanos. Curioso que sean perseguidos quienes, como ha quedado demostrado en sus propios alegatos, no pudieron exponer una sola prueba en el sentido penal procesal de las acusaciones, y se dedicaron a señalar, en extraño tema a los temas del juicio en sí mismo, que hay “un medio y un periodista que los ha atacado por este compromiso con los derechos humanos en el tiempo de este juicio“, sin la mención de nombres.

Sucede que, tal como dijo el abogado Bayo, “si tiene cuatro patas y ladra, seguro que es un perro”.Y si es abogado y paga los pasajes de sus clientes, participa de reuniones para asegurar la carga y en las escuchas de una causa de narcotráfico participa de las negociaciones, seguro que es un narcoabogado.

No son los derechos humanos, sino lo que la evidencia indica.

LA EJECUCION NUESTRA DE CADA DIA

Mienten de manera aleve aquellos que dicen que en la Argentina no hay pena de muerte. Al día de hoy han muerto en prisión trescientos ochenta y tres argentinos. No ha hecho falta ni un pelotón de fusilamiento ni una soga con nudo corredizo; simplemente fueron abandonados en manos de “jueces” que creen que su tarea está incompleta si no se convierten en verdugos de aquellos a los que han condenado bajo la imputación de lesa humanidad, infame subterfugio con el que se quiere denigrar a quienes defendieron a la Patria.


No hablemos de genocidio; trescientos ochenta y tres asesinados de manera vil no da para calificar de genocidio a una matanza. Caer en la tentación de hacerlo sería ponernos a la altura de los estafadores que durante años han repetido -pero que incluso hoy, lo siguen repitiendo estúpidamente tal como lo hace el secretario Avruj- la falacia de los 30.000 desaparecidos y que son incapaces de reconocer que ese número solo fue un pretexto para que los forajidos que, enmascarados detrás de presuntas “orgas” de derechos humanos, cobraran una y otra vez indemnizaciones millonarias.


No es genocidio, no exageremos. Exagerar no es de hombres veraces pero digamos de una vez por todas y repitámoslo cuantas veces sea necesario que lo que hoy sucede en la República -organizado por el gobierno anterior con el concurso de esa asociación ilícita que algunos aún llaman justicia argentina y mantenido demagógicamente por el actual- es simplemente la venganza más rastrera que pueda haberse imaginado jamás y que, por su naturaleza, es variada en su vergüenza pues esperaron que aquellos que los habían derrotados envejecieran, que quienes “administran” las instituciones que los enviaron al combate se vendieran por miserables canonjías y que, finalmente, para que el ultraje fuera mayor, amañaran la Constitución y las leyes para que, fechoría jurídica mediante, le hicieran creer al pueblo, ese mismo pueblo cobarde que en aquel entonces pedía cadalsos en la principales plazas del país y hoy se come cualquier verdura podrida que le venden, que ellos, los anteriores y los de ahora, sí se manejan con la “legalidad”.

A hoy  -son las 02:26 horas del domingo 23 de octubre de 2016- ya han sido ejecutados trescientos ochenta y tres de estos condenados a muerte pero dentro de una hora, un día o unos pocos días más, solo Dios lo sabe, esta cantidad sin duda alguna se seguirá incrementando por las mismas causas de siempre: edad de los condenados agravadas por falta de asistencia médica, excesiva distancia a los centro médicos de alta complejidad y carencia de una contención psicológica para detenidos de esta edad y condición.

Pero también se seguirán repitiendo las condiciones en que mueren. Salvo los pocos que han tenido la suerte de acceder a la prisión domiciliaria -tipo de prisión a la que por ley todo argentino mayor de setenta años tiene derecho- la mayoría morirá en la más absurda soledad, con medicamentos retaceados, con tratamientos mal provistos o dispuestos cuando ya era tarde, privados de los alimentos que sus enfermedades requerían o como producto de los accidentes- nunca atendidos- que normalmente aquejan a los hombres mayores de edad.

Para mayor vergüenza de la sociedad argentina, si es que esta considerara que avergonzarse ante la iniquidad fuera una virtud, estos condenados a muerte tienen sus “sicarios designados”. Son los jueces de ejecución, ¡nunca tan bien puesto este nombre!, que se comportan con ellos como señores de horca y cuchillo; son los que dan las órdenes que restringen la prisión domiciliaria, los desplazamientos a hospitales, los que por principio dudan de las enfermedades de estos presos y los abandonan a su agonía hasta que la evidencia de la muerte los pone en el brete de justificar lo injustificable.

Estos hombres, que por definición de los carcamales de la Corte Suprema -con la única y digna excepción del Dr. Fayt- son reos de una política de estado que se ha llevado puesta Constitución y leyes, saben que morirán en los penales federales. Estos son los Presos Políticos que avergüenzan a la Nación Argentina. Presos de una revancha montada por logreros y cobardes, han desarrollado un especial orgullo que sostiene sus vidas y les hace gritar ¡presente! cada vez que invocan a sus camaradas caídos o que les hace cantar a voz en cuello el “Cristo Jesús”; orgullo que nadie les podrá quitar jamás porque fueron ellos, y solo ellos, quienes derrotaron a la subversión marxista que pretendía para la Argentina un destino cubano.

Buenos Aires, 23 de octubre de 2016

Jose Luis Milia