miércoles, 19 de junio de 2013

LA CÁMPORA SE INFILTRA EN LAS FUERZAS ARMADAS

Por Agustín Laje (*)

Restando pocos días para la asunción de Juan Domingo Perón a su tercera y última presidencia, el gobierno de Héctor Cámpora desplegó en 1973 el llamado “Operativo Dorrego”, que puso en las calles bonaerenses a 4 mil efectivos del Ejército y 800 integrantes de organizaciones de superficie de Montoneros, en el marco de tareas conjuntas de reconstrucción barrial.


Las hipótesis esbozadas respecto de los verdaderos objetivos de la actividad en cuestión han sido de lo más variadas. La historia oficial enseña que se trató de un intento de “reconciliar a las Fuerzas Armadas con la Juventud Peronista”, pero interpretaciones más ajustadas a los documentos secretos de la época sostienen que la intención de fondo consistía en inyectar nuevas perspectivas ideológicas en las Fuerzas Armadas. Tal es el caso del escritor Juan Bautista “Tata” Yofre, quien en su libro El Escarmiento cita la confidencial “Biblia Montonera” en la que la organización terrorista se refirió al Operativo Dorrego de la siguiente forma: “Se alternan tareas manuales con las intelectuales, y en los momentos de descanso prolongado se organizan reuniones de grupos mixtos, de civiles y militares, alrededor de los fogones del vivac, produciéndose de esta forma un intercambio de opiniones y una comunicación más fluida que durante las tareas cotidianas, posibilitando y facilitando la captación ideológica”.


Tras asumir Perón la presidencia, el Operativo Dorrego quedó en el olvido y la carrera del coronel Juan Jaime Cesio y del teniente general Jorge Carcagno –hombres del Ejército que impulsaron la actividad junto a dirigentes guerrilleros– se vino en picada. Perón ni siquiera concurrió al cierre del operativo el 25 de octubre de 1973, donde el Ejército hizo desfilar a sus tropas mientras las organizaciones de base de Montoneros también hacían desfilar a sus grupos militarizados: “Brigada Pablo Maestre”, “Brigada de Reconstrucción Eva Perón”, “Brigada Capuano Martínez”, “Brigada Fernando Abal Medina”. Cámpora terminó siendo virtualmente destituido por su propio jefe partidario, y pronto vería morir su carrera política en México, completamente solo y aislado de la Argentina.

A cuatro décadas del Operativo Dorrego, la historia se evidencia circular, redundante, repetitiva. Héctor Cámpora ya no gobierna el país, pero sí lo hacen quienes se dicen sus herederos políticos. La organización Montoneros fue exterminada, pero las llamadas “organizaciones de derechos humanos” recogieron el legado ideológico de aquélla. Las Fuerzas Armadas ya no tienen el poder de antaño, pero sí padecen una crisis moral similar a la que las aquejaba en 1973, cuando el aludido operativo tuvo lugar. Y en el marco de este anacronismo setentista que caracteriza los tiempos que corren, el kirchnerismo vuelve a la carga con el objetivo que jamás pudo cumplir Cámpora: adoctrinar a las Fuerzas Armadas con arreglo a ideas de izquierda.

Así las cosas, los recientes cambios en el gabinete del gobierno reflejan una nueva etapa en la estrategia kirchnerista respecto de las Fuerzas Armadas. Del año 2003 a esta parte, la destrucción moral e ideológica de las fuerzas fue la meta que guió a Néstor y Cristina en el trazado de sus políticas de defensa. El hombre clave de ese período se llamó Horacio Verbitsky, quien puso a la ex montonera Nilda Garré en el gobierno como ministra de Defensa primero, y como ministra de Seguridad después. De esta parte a lo que se viene, en cambio, es la reconstrucción de las fuerzas en virtud de una nueva ideología funcional al kirchnerismo lo que guiará al régimen. El hombre de esta renovada etapa sería el nuevo ministro de Defensa, Agustín Rossi, quien ya anunció que la estructura de las Fuerzas Armadas será utilizada para efectuar “tareas sociales” en pleno año electoral, apoyadas por los militantes de La Cámpora. ¿Un nuevo “Operativo Dorrego” está en marcha?


Lo cierto es que las intromisiones de La Cámpora en sectores vinculados a las Fuerzas Armadas han sido moneda corriente en los últimos días. El desembarco de la agrupación neomontonera en el área de defensa ya está en marcha. El caso más visible es el del dirigente camporista Santiago Rodríguez, que estuvo al frente de Fabricaciones Militares –totalmente cooptada por militantes– junto a su novia Bárbara Grané, y que ahora estará a cargo de la secretaría de Ciencia, Tecnología y Producción para la Defensa. Otros tantos camporistas, al igual que Rodríguez, han asumido puestos administrativos que los ponen en contacto con miembros de las fuerzas, permitiéndoles efectuar ese trabajo en el que se muestran expertos: el adoctrinamiento.

Fuentes que por razones obvias me solicitaron mantenerlas en el anonimato me aseguraron que el personal civil de los Casinos de Oficiales y Suboficiales de la Fuerza Aérea Argentina con base en la Guarnición Aérea Córdoba son militantes de La Cámpora, que cobran cerca de $5.000 mensuales. Según estas mismas fuentes militares, “el personal civil proveniente de La Cámpora se ha infiltrado totalmente dentro de nuestras Fuerzas Armadas, con conocimiento de la alta oficialidad encargada de los Institutos Militares”. Llamativamente, la preocupación se manifiesta en los cuadros más jóvenes, que advierten los esfuerzos por desvirtuar aquellos valores por los que decidieron incorporarse en las Fuerzas Armadas, tras un largo proceso de previa desmoralización.


La preocupación se fundamenta, en concreto, sobre dos cuestiones: el adoctrinamiento que ya están empezando a sufrir los miembros de las Fuerzas Armadas por un lado, y el contacto con el arte y la técnica militar que están teniendo los militantes de La Cámpora por el otro, de lo cual pueden aprender mucho.

Adoctrinar niños de jardín de infantes y presos en las cárceles ha sido, hasta el momento, una actividad relativamente sencilla para La Cámpora. ¿Pero cómo terminará esta nuevo “Operativo Dorrego” versión siglo XXI?

(*) Es autor del libro Los Mitos Setentistas, y director del Centro de Estudios LIBRE. En agosto publicará nuevo libro sobre el kirchnerismo, en coautoría con Nicolás Márquez.



NOTA: Las imágenes y negritas, no todas corresponden a la nota original.