lunes, 18 de julio de 2016

¿INDIGNOS PARA DESFILAR?


Por J.M. Perkins

Imaginemos juntos.

Tienes 23 años, estas en la base aérea de Villa Reynolds al lado de Villa Mercedes, San Luis.

Tienes a tu mujer, una hijita pequeñita y otro que viene en camino para dentro de un par de meses viviendo en el monobloque de la base. Están felices, a pesar del desarraigo, los vuelos nocturnos, el riesgo y los traslados permanentes.

Sos piloto de caza. Alférez piloto de A4B.


Tu avión es como un Ford falcón, ningún lujo pero es un fierro que vuela como un Halcón. Ayer fuiste volando en escuadra de entrenamiento con otros muchachos hasta “El Plumerillo”, la base que está al pie de Los Andes, donde aprendiste a volar.


Alférez, 23 años, toda una vida, una familia y una carrera por delante y ahora estas volando hacia Río Gallegos. Tu país está en guerra.

Te despediste de los tuyos y partiste. Ella quedó en la pista, respirando kerosén quemado y viéndote desaparecer en el horizonte con el corazón estrujado.

Los días de espera en Gallegos no pasan nunca. ¿Nervios? ¿Miedo?

Instrucción de combate aeromarítimo, ideal para vos que no conocías el mar. Prácticas de tiro y bombardeo volando sobre el mar…. Nervios y miedo pero que no se note.

Y llega el momento, el último chequeo, OK mecánico-técnico y comienza tu primera misión. Esta no es un simulacro, está vez no le vas a tirar al casco del carguero escocés encallado en Punta Loyola desde 1911.


Esta vez, tu A4B Skyhawks carretea, levanta la nariz y en el aire, ya no tienes tiempo de pensar en nada más que tu máquina  y el objetivo. Los que se decía que no iban a venir ya están ahí y son una amenaza para tus compatriotas. Tienes que ir y vas. Te educaron así. Sos un profesional.

Son la Real Task Force y tienen la flota más escalofriante y poderosa del mundo. A una horita y media de vuelo te esperan 100 buques con personal militar armado hasta los dientes con la tecnología de última generación que vos... no viste ni en películas.


Dos portaviones, ocho destructores, quince fragatas, siete submarinos (seis de ellos nucleares), dos buques de asalto y seis buques logísticos, tres buques ambulancia, un transatlántico hospital, dos transatlánticos para transporte de tropas, dos barreminas, un rompehielos, dos buques de patrullaje, otros dieciséis auxiliares y aproximadamente cuarenta y cuatro embarcaciones requisadas a la marina mercante….

La segunda flota de la NATO y vos volando un A4B de 25 años hacia la gloria, en vuelo rasante, a “ojímetro” porque no hay instrumental que asegure precisión para volar en la bruma. Hay que usar el túnel de protección. Hay que ser invisible a los radares para aprovechar la sorpresa.

23 años, Alférez piloto de Halcón argentino volando en el límite entre el aire y el mar. En el spray, la bruma, esa frontera imprecisa que no es, ni totalmente agua ni totalmente aire, que ampara al avión pero amenaza con devorarlo; ciego por la sal marina, reabasteces en el Hércules KC 130 y sigues rasante hasta saltar y ganar velocidad, hacia el objetivo. Tiras tu bomba como con una gomera y la pones como con la mano… y picas al escape rezando una plegaria para no ser alcanzado por un cuetazo de bandido.

Primera misión y, de tu escuadrilla de cuatro, el único que aterriza ciego por la sal, sos vos y tu halcón.

El viraje de 180° y despiste del Halcón ciego obedeció a varias razones, entre ellas la ceguera por la sal marina en el parabrisas, pero también habrá jugado un papel importante el estado emocional límite de un alférez piloto que acababa de perder a todos los miembros de su escuadrilla, mayores que él y con más experiencia por ser veteranos de la guerra contra la subversión. Casados, con hijos y mujeres embarazadas.

Este relato no es un invento mío, está tomado de una crónica de guerra del 12 de mayo de 1982.

La historia del Alférez Vázquez es real. Él y los Halcones no eran héroes ni Kamikazes, eran hombres argentinos de carne y hueso con sentido del deber, que hicieron cosas increíbles sólo porque había que hacerlas y esa era su profesión. Defender a la patria.

Sus hazañas marcaron un antes y un después que fue objeto de estudio por los ejércitos del mundo.

La guerra de Malvinas tuvo un total de 649 muertos argentinos de los cuales 310 fueron soldados y el resto oficiales y suboficiales profesionales.

En el caso particular de Fuerza Aérea hubo 55 muertos, pero 50 eran oficiales valientes pilotos que volaban por la gloria cumpliendo su deber mientras los argentinos mirábamos el mundial de España.

34 años tuvieron que esperar su derecho a desfilar y ser reconocidos en su país… 34 años!!!! Y todavía parece que no lo tienen porque la “polítiquería” sigue apoyando su palanca de fuerza en el punto de nuestro complejo nacional: “Los Militares”.

Porque si sos militar en la argentina… ¡NI JUSTICIA!

Deberían avergonzarnos los repudios tan injustos. Pensá con una mano en el corazón... ¿no te incomoda?


Nos quieren hacer creer que el último héroe fue el sargento Cabral. Ah, me olvidaba, también Maradona que recuperó Las Malvinas con la mano.