miércoles, 4 de febrero de 2015

EL NEGOCIO DE LOS DDHH EN LATINOAMÉRICA


En 1976, Michel Foucault propuso invertir la máxima de Clausewitz acerca de que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, a una aseveración más controvertida, pero más apegada a la dinámica social: “la política es la continuación de la guerra por otros medios”. Esta afirmación es aplicada totalmente por el Foro de San Pablo, el que al momento de su fundación en 1990 tenía como único miembro que ejercía el poder ejecutivo en un país soberano al Partido Comunista de Cuba. Veinte años después la mayoría de sus miembros accederían mediante las urnas a ejercer el gobierno en distintos países latinoamericanos o formarían parte de coaliciones oficialistas, otros llegarían a ser primera fuerza de oposición.

Una vez en el poder, iniciaron el plan del Foro de San Pablo para destruir las Fuerzas Armadas de los distintos países que controlaban. Ellas comenzaron a sufrir los embates de otro tipo de guerra, más sutil pero no por ello menos destructiva: La Guerra Cultural.

En dicha guerra se apropiaron de la política de Derechos Humanos, a través de ONG de izquierda, e hicieron un verdadero negocio con dádivas estatales y donaciones internacionales, especialmente de Europa.


En nuestro país el líder del PRO, Mauricio Macri, denunció el “curro de los derechos humanos”; lo primereó al Frente Renovador de Sergio Massa, quién se vio obligado a salir a la palestra con un discurso similar.

Hoy les dejamos un artículo de Antón Toursinov[1], escrito en la República de Guatemala, pero fácilmente adaptable a nuestra realidad cotidiana.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
Por una Nueva Década en Paz y para Siempre


 

LA OTRA GUERRA EN LA GUATEMALA DE POSGUERRA
3 febrero, 2015

por Antón Toursinov

Las ONG que encubren actos terroristas mientras reciben dinero de contribuyentes europeos deben ser una precaución para Latinoamérica

Antón Toursinov

El caso de los nefastos resultados de la “paz” guatemalteca debe servir de ejemplo a los países latinoamericanos, hostigados por las guerrillas rojas que intentan legalizarse a toda costa. Los únicos objetivos de los terroristas guatemaltecos, salvadoreños, colombianos, mexicanos, peruanos y de otros países han sido llegar al poder para vengarse del propio Estado y sus fuerzas de seguridad y, de paso, lucrar con la desgracia humana que los mismos terroristas han sembrado.

En Guatemala en 1996 se firmaron los Acuerdos de Paz bajo las condiciones chantajistas de la guerrilla. Los países europeos, siendo garantes de estos acuerdos, insistieron en la creación de las organizaciones no gubernamentales (ONG) dedicadas a la protección de los derechos humanos —organizaciones no auditables y no fiscalizables— y se comprometieron a mantenerlas económicamente a través de las donaciones.

Así, la “defensa de los derechos humanos” se ha convertido en un negocio en este país centroamericano, pero un negocio exclusivo de los exguerrilleros terroristas. Sin embargo, escondiéndose bajo la piel de los “defensores” y percibiendo millones de euros del dinero ajeno, los activistas de ONG siguen sembrando el terror entre la población y continúan destruyendo la propiedad pública y privada.

La “defensa de los derechos humanos” se ha convertido en un negocio en este país centroamericano, pero un negocio exclusivo de los exguerrilleros terroristas

Desde principios de los años 90, los exguerrilleros han conseguido espacios en el Gobierno y en la prensa nacional: entraron en la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH) y otras organizaciones semejantes que “contabilizaron” sin ningún rigor estadístico —o por lo menos hasta la fecha no lo han presentado— las 200.000 y pico víctimas de la guerra civil, lo que horrorizó al mundo.

La información sesgada sobre Guatemala les ayuda hasta la fecha a provocar más pena y lástima en el extranjero, por lo que los ahora “defensores de los DDHH” —los mismos terroristas de la época del conflicto— han logrado donaciones astronómicas. Por ejemplo, entre 2007 y 2013, el Gobierno y ONG guatemaltecas han recibido más de €135 millones de parte de la Unión Europea, entre otras donaciones.

Claro que el enfoque mediático principal de la exguerrilla es la comunidad internacional. Las ONG, al sembrar el terror y al perpetuar crímenes en Guatemala, crean la imagen de la violencia desmedida y la violación de los derechos humanos y con eso logran su objetivo: formar la opinión pública internacional, arraigar las imágenes de los horrores de la miseria en Guatemala en la mente del público de allá y asociar la palabra “Guatemala” con los conceptos de injusticia, irrespeto a los derechos humanos y delincuencia en general. Todo ello permite aumentar el flujo de las donaciones.

El caso más sonado en las últimas semanas es el acto terrorista en el municipio de San Juan Sacatepéquez, a escasos kilómetros de la capital guatemalteca.


En el lugar fueron masacradas 11 personas (todos ellos campesinos indígenas). Se supo desde el momento del crimen quiénes son los responsables: los mismos que se escudan bajo el falso título de los “defensores de los derechos humanos” —concretamente el Comité de Unidad Campesina (CUC) encabezado por exguerrillero y beneficiario de las donaciones internacionales, Daniel Pascual. El mismo CUC que quemó la Embajada de España en 1980 con múltiples víctimas mortales. El mismo CUC que ahora es mantenido con el dinero proveniente de España y otros países europeos— o mejor dicho, con el dinero de los contribuyentes españoles y europeos.

A las ONG en Guatemala les provoca rabia y odio la prosperidad ajena porque sería el fin de sus negocios lucrativos de las donaciones internacionales.

Los asesinados de la manera más brutal del pasado 19 de septiembre eran miembros de las familias que trabajaban en la construcción de una planta cementera en la aldea y conformaban un comité de las víctimas del terrorismo causado por las ONG.

El CUC y demás ONG se ensañan contra las empresas (cementeras, hidroeléctricas, mineras) y contra sus trabajadores, que operan en el país llevando el progreso, generando empleo, construyendo escuelas y centros comunitarios, capacitando a los trabajadores y a los vecinos de los lugares donde construyen sus plantas. Sin embargo, a los “defensores de los DD.HH”. Les provoca rabia y odio la prosperidad ajena porque sería el fin de sus negocios lucrativos de las donaciones internacionales.

No obstante, hay esperanzas de que todo esto no suceda en los demás países que deben tomar en cuenta todos los errores cometidos en el proceso de la mal llamada “paz” en Guatemala. La comunidad internacional, sobre todo los donantes europeos de las organizaciones guatemaltecas, deben estar conscientes de que están financiando el crimen organizado y el terrorismo legalizado que van a seguir sucediendo mientras exista este financiamiento.

Al fin, los ciudadanos europeos tienen que exigir a sus Gobiernos la rendición de cuentas del gasto de sus propios impuestos.



[1] Es doctor en Filología, coordinador de los posgrados en Lingüística en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Se dedica al análisis del discurso y al estudio de la argumentación y manipulación en el discurso político.
ALBERTO NISMAN, VÍCTIMA Y SÍNTOMA
El fiscal fue víctima de una sociedad anómica[1], un sistema político disfuncional y un gobierno perverso, corrupto y desconectado de la realidad

Últimas noticias sobre la muerte del fiscal argentino

Por Héctor E. Schamis 23 Ene 2015

Para escapar del Laberinto, donde habían sido encerrados por Minos, Dédalo fabrico alas para él y su hijo, Ícaro, y así volar hacia la libertad. Dédalo instruyó a Ícaro no volar cerca del sol, porque las alas estaban adheridas a su cuerpo con cera. Desoyendo a su padre, sin embargo, y ante la fascinación de ser capaz de volar, Ícaro voló tan alto y tan cerca del sol que el calor derritió la cera que sostenían sus alas. Las perdió y cayó al mar, donde murió.


La alegoría es por Alberto Nisman, quien voló demasiado alto para una sociedad resignada a que los poderosos queden siempre impunes y la verdad, oculta. Todos estos años siguiendo su investigación sobre el caso AMIA, cada vez más cerca del fuego, siempre pensé en la analogía de Ícaro. Nisman fue un Quijote dispuesto a llegar a la verdad hasta sus últimas consecuencias. Descubrió que el gobierno que le encomendó esa tarea, ahora, en la figura de la viuda y heredera política de quien lo nombró, era cómplice de los criminales que él mismo había identificado y acusado. Y eso por petróleo, así de insignificante.


Nisman se propuso exponer la simulación de un gobierno corrupto y ahora también criminal. Su fingida retórica de derechos humanos, de igualdad de género, tan progre y tan moderna, se desvanecería para siempre ese lunes en el Congreso Nacional, ese lunes al que Nisman nunca llegó. Ese lunes habría sido el momento más dramático de la historia política argentina desde 1983. Y, al final, el día más dramático fue el anterior, el domingo de su muerte, una muerte solitaria. Tan cerca del fuego, el calor derritió sus alas.


Ahora mártir de la democracia argentina, no puedo dejar de pensar en Nisman muriendo en un departamento de Puerto Madero, ese lugar horrible, barrio irreal sin historia, ni afecto, ni identidad, burda imitación de Miami Beach, pero más caro y sin sentido estético alguno. En ese lugar, arquetipo del exceso y la ostentación, bunker del kirchnerismo y aguantadero de sus más corruptos funcionarios, allí murió Nisman, en soledad.

Nunca sabremos la verdad. Tal vez se suicidó. No puedo evitar recordar a Favaloro, quien se mató porque Argentina era demasiado corrupta para alguien que solo aspiraba a curar. ¿Qué menos haría quien solo buscaba justicia al darse cuenta que el mismo gobierno que iba a la AMIA cada año a honrar a las víctimas del terrorismo, era cómplice de los terroristas? O tal vez lo asesinaron cualquiera de las mafias a las que desnudó, la de Irán y sus trasnochados socios locales, la de los servicios de inteligencia politizados, o la de un gobierno hundido en el barro de una corrupción de inimaginables proporciones. O las tres mafias juntas conspirando contra la verdad y la justicia prometida a los familiares de la AMIA.

Ahora Nisman es la víctima número 86 de aquel ataque, solo que a él no lo mataron los terroristas, a él lo matamos entre todos, de a poco. En realidad no importa demasiado quien apretó ese gatillo, porque Nisman es nuestra víctima, seamos sinceros, asesinado también por una sociedad anómica, un sistema político disfuncional y un gobierno perverso, corrupto y desconectado de la realidad al que votamos no una, no dos, sino tres veces. ¿Acaso no ha sido una verdadera crónica de una muerte anunciada?

Al mismo tiempo Nisman es un síntoma. Su muerte y el acoso sufrido en vida—siendo además fiscal federal—son el síntoma más feroz de toda esa patología colectiva. Tal vez empezamos a matarlo cuando asesinaron a José Luis Cabezas en 1997, un reportero gráfico que seguía pistas de corrupción entre contratistas del Estado, o cuando desapareció Jorge Julio López en 2006, querellante en un juicio por violación de derechos humanos por quien la justicia no hizo demasiado.


Tal vez lo matamos cuando gritamos “que se vayan todos”, acelerando la descomposición de un sistema político que jamás se recuperó de aquella crisis. Tal vez lo matamos con la fragmentación del peronismo, nunca más evidente que en 2003 cuando tres peronistas se disputaron la presidencia. Aquello transformó lo que había sido el partido político más importante de la Argentina en una mera confederación de jefes territoriales sin cohesión alguna, obligados entonces a negociar el control de sus distritos con toda forma de ilegalidad imaginable: el juego, el tráfico y las barras bravas del fútbol.


Esto importa porque de las ruinas de ese partido político nació el kirchnerismo, un proyecto que entendió la conveniencia de la fragmentación y se abocó a profundizarla, haciendo política siempre con la chequera en la mano, intimidando al crítico, centralizando todo el poder en el Ejecutivo y financiándolo con los precios internacionales más favorables que Argentina tuvo en al menos dos generaciones.


A ese tren se subió más tarde la actual Presidente, decidida a exacerbar ese modo de hacer política instalado por su pragmático esposo, pero ahora con un barniz pseudo ideológico presentado como moralmente superior, barniz tal vez extraído de pretender ser una intelectual de izquierda. Una Presidente que sonaba como Mafalda pero cuyos zapatos de Prada siempre le recordaron al país que en realidad es Susanita. Y digo sonaba porque parece haberse curado repentinamente de su crónica verborragia: ahora está muda.


Tal vez allí también comenzó a morir Nisman. Toda esa hipocresía ha sido el sello de una época que hoy concluye en una muerte trágica, y que transformó ese estilo de hacer política en algo aún más perverso y autoritario. La viudez le puso en bandeja la reelección, y usó la empatía popular para hacerse impune y, con un cierto fundamentalismo, justificar el acoso a la prensa crítica, la intimidación a los jueces y fiscales independientes, la politización de la inteligencia, las platas mal habidas y la pretensión (fracasada) de perpetuarse en el poder. En definitiva, ha sido un gobierno autoritario pero también psicópata, tan psicópata que ya ni sorprende que hayan dicho que el principal culpable de la muerte de Nisman ha sido el propio Nisman. Y cuando dejaron de hablar de suicidio para decir que fue asesinato, lo hicieron por las encuestas, preocupados por la imagen presidencial.

Esta tragedia nos marcará. Por ahora nos toca hacer introspección, hacer el duelo y hacer tripas corazón frente a la peor crisis de los últimos treinta años. Aunque tal vez haya algo más que podamos hacer: en el próximo octubre electoral no olvidemos nada de esto y votemos por quien haya estado más lejos de esta manera de hacer política, por aquel que se haya situado en las antípodas del fenómeno más perverso que la Argentina democrática haya conocido.


Ese será el candidato que tendrá mi voto. Ojalá que gane y haga sucumbir cualquier intento neo kirchnerista. Recién entonces esta pesadilla podrá quedar definitivamente atrás y seremos capaces de honrar a Alberto Nisman y las restantes ochenta y cinco víctimas.

Twitter @hectorschamis


NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original

martes, 3 de febrero de 2015

RATOLANDIA


La famosa fábula política difundida de Tommy Douglas, prominente activista y político Socialdemócrata. En 2004, lo votaron “el canadiense más grande” de todos los tiempos en un concurso televisado a nivel nacional, organizado por la Canadian Broadcasting Corporation.

El video tiene sus años, pero estando ya, en un año de elecciones generales es bueno tener presente lo siguiente:

Normalmente toda fábula tiene una moraleja, enseñanza que sirve de lección para el vivir humano y que aporta al conocimiento de lo que se considera moral, que generalmente se transmite mediante el relato histórico o narración ficticia; y que evita los prejuicios y estereotipos que impiden su real comprensión, implicando que el mismo oyente, lector o espectador determine por sí mismo cual es la enseñanza (o, lección). ¿Cuál cree usted que es la moraleja de la fábula narrada por Tommy Douglas? Por favor deje su respuesta como un comentario.


EDITORIAL DE EL MERCURIO - CHILE


Los vecinos opinan sobre nuestras desgracias e incomprensible realidad con respeto y perdida admiración que no merecemos, por lo menos los argentinos actuales.

¡¡¡Cuánta verdad y cuánta vergüenza!!! ¡¡¡Cuánta incertidumbre y cuánta preocupación!!!  ¡¡¡ Cuánta bronca y cuánta impotencia!!!


Quienes no dudaron, cuando fueron legalmente convocados, a combatir ese flagelo que nos ahoga, están presos en cárceles inmundas muriendo por la indiferencia y complicidad del gran pueblo argentino salud.

Y están en esa situación indescriptible, injusta y arbitraria a partir de la voluntad omnímoda de tránsfugas y asesinos seriales que han convertido a la democracia en un instrumento idóneo para sus latrocinios y perversidades.


Refirmo y lo reitero, porque nadie parece darse cuenta de la gravedad inusitada implícita en las atroces consecuencias de esas acciones, que existen responsables directos, con nombres y apellidos, secundados por cómplices secuaces, testaferros, súbditos etc., del mayor genocidio ocurrido en la historia de América Latina. Cientos de miles de habitantes de este suelo condenados a la muerte por olvido, pobreza, promiscuidad, enfermedades, vicios promocionados, analfabetismo, pues los fondos destinados a cubrir sus necesidades fueron a parar a los bolsillos de los sujetos (as) mencionados.

Sin ninguna limitación, desparpajo y en la más insolente impunidad. Todo ello merced a la mentira y la tergiversación instrumentada de hechos, historias y circunstancias. Manejan a la perfección su estrategia para el mal.

Y nunca pagarán sus crímenes de lesa humanidad potenciada, porque “lo han hecho en democracia”.
 
Triste experiencia aquella de los soldados de la Patria que fueron convocados y enviados a una guerra extraña para preservar del colonialismo ideológico a una sociedad que en el fondo no deseaba ser salvada. Más aún, le daba igual cualquier cosa mientras pudieran dormir tranquilos la siesta.
 
Una sociedad hipócrita y abúlica capaz de tolerar y aceptar cualquier aberración mientras esté recubierta de un manto engañoso de seriedad, justicia y libertad.

Y así es y seguirá siendo porque se han agotado todo tipo de reservas y límites morales y espirituales. Recurrir a esos argumentos que delinearon la historia del mundo es obsoleto y pasado de moda.

Seguramente lo que viene, que estará muy condicionado por cierto, será más de lo mismo. Detrás de una verborragia característica y promesas sin perspectiva de cumplimiento, subyace el mismo afán por los oropeles del poder que de alguna forma también terminará siendo ilimitado.

Dios quiera aparezca una solución armónica y eficaz, pero lamentablemente lo dudo. Personajes que se dicen opositores bregando con más énfasis por la proyección personal que por las ideas. Temerosos de llamar a las cosas por su nombre y patear el tablero. Incapaces hasta el momento de proponer un código de conducta superador y objetivos convincentes para el bien común y la erradicación de la basura.

Dirigentes sin prontuario, dispuestos a demostrar que en la Argentina querida y deseada, el delito, en cualquiera de sus niveles, ámbitos y metodologías debe pagar sin dilación, ni telas de araña ni subterfugios, sus pesados y ejemplarizadores costos

Gloria a la  imagen de la Argentina que fue. Desprecio a la Argenzuela actual. Inmensa pena y total incertidumbre por el país que nos espera.


Por lo menos, así, lo veo yo.

El Soldado Desconocido





Jueves 22 de enero de 2015

LA ÉTICA ASESINADA

Por Cristian Warnken

“Que un país con el capital humano y cultural de Argentina esté en esta trágica encrucijada es una señal de alerta para nosotros mismos, que nos hemos creído inmunes a la corrupción en el contexto de Sudamérica...”


Un hombre muerto yace tirado en el piso de su baño en un departamento de Puerto Madero, en Buenos Aires, y no descansa en paz. Se ha llevado con él un secreto terrible, un secreto que tiene a un país entero en vilo, al borde del abismo. Qué soledad la de ese fiscal, qué desolación la de Argentina. Porque, incluso en el improbable (no imposible) escenario de que se demostrara la tesis del suicidio, de todas formas la sospecha quedaría instalada, porque no es la primera vez que mueren testigos clave antes de un juicio en Argentina. Cuando ya es muy difícil desenredar las hebras de la mentira de las de la verdad, un país puede hacerse inviable.

El país de Borges, de Cortázar, de Sábato y Piglia, los grandes narradores rioplatenses, el país donde nació el tango, “ese pensamiento triste que se baila”, el país donde se habla de filosofía y psicoanálisis en los cafés y donde las librerías están abiertas hasta la madrugada, el país del rock que nos abrió las puertas de la percepción en la década de los 70, es hoy un país de “cerdos y peces”, para usar el título de una emblemática revista de la cultura “under” de Argentina, dirigida por Enrique Symns. Los cerdos andan en los pasillos de los ministerios, en los sórdidos intersticios del poder; los peces son los que -a pesar de todo- hacen respirar la cultura de un país de una creatividad y riqueza admirables. ¡Cuánto nos duele ver a Argentina así, país hermano que nos ha abierto mundos y perspectivas! Hay una Argentina que hoy está llorando de verdad, la Argentina de los ciudadanos honestos, que ve en el suelo junto al cuerpo inerte de un fiscal, el alma de un país.

¿Qué arruina a un país?, ¿la riqueza fácil tal vez? ¿Y por qué una porción significativa del pueblo argentino terminó por entregarles el país, casi con resignación primero y después cinismo, a oscuras mafias disfrazadas de ideología?


Hay un momento en la historia de nuestros países, en que con el silencio cómplice, todos podemos ser parte del círculo vicioso de crímenes y mentiras. Es más fácil no ver, no denunciar, no decir.

Que un país con el capital humano y cultural de Argentina esté en esta trágica encrucijada es una señal de alerta para nosotros mismos, que nos hemos creído inmunes a la corrupción en el contexto de Sudamérica, pero que hemos visto cómo en las últimas semanas ha caído el velo que ocultaba la promiscua relación entre política y negocios. ¿Que aquí todavía no matamos a testigos y fiscales? Sí, es cierto, estamos todavía bien lejos de llegar ahí. Todavía. Pero no digamos “nunca”. Nadie está libre en el mundo de hoy de una gran descomposición en curso, que empezó hace mucho tiempo, cuando la política fue cooptada por el dinero. Ya lo dijo el poeta del Siglo de Oro español, Quevedo, “(...) pues que da y quita el decoro y quebranta cualquier fuero, poderoso caballero es don dinero (...) Madre, ¡yo al oro me humillo!” En el siglo XX, otro poeta, pero norteamericano, Ezra Pound, denunciaría qué pasa cuando la usura corroe la civilización, en su feroz poema “Con Usura”.


Falta escribir un poema sobre el efecto devastador de la mentira en la sociedad. Es la primera señal de que “algo huele mal en Dinamarca”. ¿No es preocupante acaso que algunos de nuestros senadores y ex candidatos a la presidencia hayan mentido y, ya acorralados, hayan dicho que lo que cometieron no fueron ilícitos, sino “errores”? Qué fácil cruzar la delgada línea roja por ambición o avidez. Cada cultura tiene su propio estilo para mentir. En Argentina -país de grandes narradores- se miente descaradamente y casi con estilo. Aquí se miente con un poco más de vergüenza (solo un poco), con cara de niños buenos, pero se miente.


Usura, mentira y política. ¿No estamos hablando en realidad de Ética? Para Aristóteles, el griego que pensó la política, ética y política iban juntas. En algún momento se separaron. Hoy el cuerpo de un hombre muerto se interpone entre ambas, como una grieta que sangra.


NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.

lunes, 2 de febrero de 2015

YA NADA SERÁ IGUAL

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION

Ya nada es como era. Un gobierno asediado por su pasado está ahora en lugar del que todavía, a principios de enero, conservaba la iniciativa política. El proyecto del cristinismo de retener un significativo poder después del final de su mandato vacila también dramáticamente. Un gobierno desesperado sucedió, en fin, al que hasta hace poco se pavoneaba con su capacidad para organizar la política a su antojo. No fue el fiscal Nisman el arquitecto de semejante derrumbe.


Nisman sólo mostró sin maquillajes, y por otras razones, la increíble promiscuidad entre servicios de inteligencia y el lumpenaje político que rodea al oficialismo, entre empinados funcionarios y operadores de ideología nazi-fascista. La extraña muerte del fiscal y la pésima reacción de la Presidenta contribuyeron, sí, a profundizar las consecuencias políticas de aquella denuncia.

¿Qué provocó esa muerte? ¿Un suicidio? ¿Un suicidio inducido? ¿Un homicidio? Las teorías y sus interpretaciones abundan. Sólo existen tres hipótesis. Una es la de la Justicia argentina, que hasta ahora no encuentra más pruebas que la de un suicidio, aunque sigue investigando el caso bajo la carátula de “muerte dudosa”. Otra es la de su familia, que coincide con la de gran parte de la sociedad argentina, que no cree en el suicidio de Nisman. La tercera viene del exterior. Varios países occidentales (Estados Unidos, entre ellos) desconfían del suicidio y promueven una investigación profunda de lo que sucedió en el departamento de Nisman el día de su muerte. El gobierno de Israel (o un sector de él) está convencido de que lo mataron sicarios del gobierno iraní con cómplices locales. Es la teoría que, a grandes trazos, publicó el influyente diario británico The Telegraph, aunque éste incluyó a una célula de espías locales cercanos al Gobierno que habría operado sin autorización de Cristina Kirchner.


Una Argentina desconfiada no creerá jamás en el suicidio de Nisman. Digan lo que digan, muestren lo que muestren. Es imposible establecer ahora si la espectacular denuncia de Nisman sobre el presunto encubrimiento de terroristas por parte de la Presidenta y su canciller merecerá una condena judicial. Pero ya existe una condena política en la sociedad, sobre todo después de las escuchas telefónicas que mostraron lo peor del kirchnerismo. Las grabaciones que se conocen son sólo una parte insignificante del material acumulado por el fiscal muerto. En diciembre pasado, Nisman le contó a un amigo que tenía grabadas conversaciones desde teléfonos de la Casa de Gobierno que probaban el encubrimiento. No había intervenido teléfonos oficiales, pero éstos se habían comunicado con personas que sí tenían sus teléfonos intervenidos. “Tengo todas las pruebas en mis manos”, le aseguró Nisman a este periodista un día antes de hacer la denuncia y cinco días antes de morir.


Hasta es probable que Cristina Kirchner haya tenido información previa sobre el trabajo del fiscal. ¿Por qué decapitó a la ex SIDE en diciembre? ¿Por qué nombró en su dirección a Oscar Parrilli, el funcionario que hacía de nexo permanente (lo hizo durante años) con el piquetero Luis D'Elía, a quien el antisemitismo le brota por los poros? ¿Cómo despegar a Parrilli de Cristina, si Parrilli es, y fue siempre, un simple y sumiso cumplidor de órdenes presidenciales? ¿Por qué nombró como segundo del espionaje a Juan Martín Mena, el abogado que escribió el argumento jurídico del acuerdo con Irán? ¿Lo hizo, acaso, para que los autores de esos acuerdos secretos y oscuros se encargaran de desarmar el trabajo de Nisman? El trabajo de Nisman ya estaba hecho. Y desnudó, buscando otra pista, las covachas vergonzantes del oficialismo, como su vinculación con las barras bravas del fútbol. En estas grabaciones, otra vez apareció D'Elía como un nexo importante entre el trabajo sucio y la plata negra del oficialismo.


Es, al fin y al cabo, un gobierno sin suerte. O la desgracia es demasiado grande como para tener suerte. Intentó en vano tapar una muerte imponente con decisiones que sólo empeoraron las cosas. La disolución de la ex SIDE no carece de cinismo. El espionaje oficial fue el ejecutor de las políticas kirchneristas frente a opositores, empresarios, sindicalistas y periodistas. Muchos medios oficialistas recogen, y recogían, su información diaria en oficinas de la ex SIDE, no en despachos políticos del Gobierno. La vida privada de muchos argentinos, sus conversaciones telefónicas, sus historias manipuladas y falseadas fue obra de los agentes de la ex SIDE, debidamente publicada por los medios financiados por el Gobierno. ¿Cómo quejarse ahora, entonces, porque la democracia no supo hacer servicios de inteligencia profesionales, como dijo la Presidenta? ¿Cómo, si fueron ellos los que profundizaron la vieja práctica de la ex SIDE de meterse en cuestiones políticas y personales, en lugar de resguardar la seguridad nacional?


En esa atmósfera de reformas que no cambian nada aparece la figura de Alejandra Gils Carbó. La jefa de los fiscales provocó una bronca infinita entre los fiscales. “La denuncia de Nisman amerita una profunda investigación. Las escuchas están y comprometen al Gobierno”, dijo uno de los más serios y prestigiosos fiscales. Sin embargo, Gils Carbó no advirtió nunca que su cargo le imponía la responsabilidad de hablar pública y sinceramente del caso Nisman. Era su deber, pero el cargo la sobrepasa permanentemente. En lugar de ser la jefa de un virtual cuarto poder, según la Constitución de 1994, prefirió la adhesión política que terminó con el mal momento que debió pasar en el velatorio de Nisman. Hay, es cierto, una fisura entre los fiscales. Una minoría está vinculada a Justicia Legítima, la creación de Gils Carbó, que se manifestó escandalizada por el procesamiento de un fiscal alejandrino por su mala praxis, Carlos Gonella. Esa fracción no dijo nada sobre la muerte irremediable de otro fiscal, Nisman. Ni la muerte sensibiliza la dureza ideológica.

El contexto es el menos propicio para poner en manos de Gils Carbó las escuchas telefónicas, según el proyecto de la Presidenta. La intervención de los teléfonos por parte del Estado sólo puede ser autorizada por un juez. En teoría. El trabajo lo hace la ex SIDE, que termina escuchando las conversaciones de medio mundo. Cristina decidió ahora sacarles ese poder a los espías en los que casi no confía para depositarlo en manos de Gils Carbó, en la que sí confía. Ahora bien, si es un trabajo que sólo pueden ordenar los jueces, ¿por qué la oficina de intervenciones telefónicas no está en la órbita de la Corte Suprema de Justicia? Porque la Corte es considerada enemiga por la Presidenta.


La otra decisión de Cristina Kirchner para distraer fue la designación del abogado penalista Roberto Carlés como miembro de la Corte Suprema. No será juez de ese tribunal, porque la oposición se comprometió en un documento firmado a no darle al Gobierno los dos tercios necesarios de los votos en el Senado para nombrar a un juez supremo. Carlés mintió en su currículum y, encima, era un empleado sin funciones específicas en el Senado. Hizo cosas peores. En noviembre pasado lo llamó por teléfono desde el Vaticano al senador Ernesto Sanz, presidente del radicalismo, partido que tiene en el Senado el mayor número de votos opositores, para insinuarle que era el candidato del papa Francisco para el cargo en la Corte. Le aseguró a Sanz, a quien no conoce, que recibiría llamadas de importantes personas. Nadie llamó a Sanz. Tuvo la misma conversación con el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, a quien le pidió que intercediera ante Sergio Massa. Un dirigente opositor decidió chequear la información con el Vaticano. La respuesta de un colaborador del Papa, corta y definitiva, fue así: “Pasó por aquí como pasan tantos argentinos, pero el Papa no tiene candidatos para ningún cargo”. Carlés es el típico argentino pícaro.

El final de una era personalista y autoritaria no significa nunca una transición ordenada hacia un régimen distinto. Está marcado siempre por un escandaloso derrumbe, que amenaza los valores esenciales del sistema político. Y está impregnado por la degradación de la palabra, de la razón y de los sentimientos.


NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.

domingo, 1 de febrero de 2015

MARTÍN TORO, DUEÑO DE LA EMPRESA DE SEGURIDAD DE LE PARC, ESTARÍA VINCULADO A POCINO Y BERNI

Por Guillermo Cherashny

No sería casual que las cámaras de seguridad de la torre Le Parc de Puerto Madero no funcionaran ni el sábado ni el domingo, cuando se produjo la muerte violenta del fiscal Alberto Nisman. Y tampoco las cámaras de los ascensores. Ya es sabido que la custodia policial habría liberado la zona para que algunos entraran y limpiaran las huellas de la Bersa 22 Thunder que le había entregado Diego Lagomarsino el sábado a pedido de Nisman. Pero lo que reforzaría la presencia de la célula K que conduce Fernando Pocino es que Martín Toro, el presidente de SIE, la empresa que le presta seguridad a Le Parc, estaría vinculado al mismísimo Pocino, quien entró a la SIDE a pedido de la UCR en la época de Hugo Anzorreguy. En el ‘99, Fernando de Santibáñez, con el apoyo del grupo sushi, lo sacó del medio y lo mandó a vegetar a la Cámara de Diputados de la Nación. Allí empezó a conspirar contra el gobierno de Fernando de la Rúa asesorando a la entonces diputada Cristina Fernández, quien exigió la renuncia de aquél. Cuando los Kirchner llegaron al poder, Pocino fue nombrado director de reunión interior y participó en tareas menores pero no menos sucias, como la de descalificar a políticos opositores como Enrique Olivera o Francisco de Narváez, generalmente en combinación con el periodista Horacio Verbitsky, quien se sumaba con sus editoriales a estas campañas sucias. Con el correr del tiempo y cuando el juez Claudio Bonadío empezó a investigar el caso Hotesur, desde el máximo nivel empezaron a llegar órdenes de sacarse de encima a los jueces que molestan a la presidente. Y como tanto Francisco Larcher como Jaime Stiusso se negaron, se produjeron los cambios de autoridades en la SI y no para transparentar sino todo lo contrario. Es decir, sacarse de encima a la parte del Poder Judicial que molestaba a CFK. Así es que entraron los camporistas Enrique Aurelli y Josefina Kelly, para formar rápidamente un grupo de amigos de la presidente. Justamente unos 20 días después entró en escena el fiscal Alberto Nisman con la denuncia de encubrimiento contra la presidente por el Memorándum de Entendimiento con Irán.

Limpiando el pasado


Ayer la comunidad chiíta argentina que se reúne en la mezquita de Flores decidió defender a Yusuf Khalil como un hombre vinculado a chiísmo, diferenciándolo indirectamente de su estrecho contacto, Luis D’Elía, el supuesto “vendehumo” de esta historia. En la CIA y la Mossad se inclinan por descartar que agentes iraníes participaran en la muerte de Nisman. Esto es coherente con el repudio que tanto Irán como el Hezbolah hicieron de la masacre en Charlie Hebdo. Esto quiere decir que tanto Irán como Hezbolah quieren que el mundo crea que no harán más actos de terrorismo en el exterior, lo que ocurre desde hace varios años. Pero les queda la mancha de los atentados a la embajada de Israel y la AMIA en la Argentina y querían darle un punto final a ese acto de terrorismo. Y esa voluntad expresada desde el 2005 ante los cancilleres Rafael Bielsa y Jorge Taiana fue finalmente receptada por la presidente actual y su canciller, con el fin de absolver a Irán de sus actos de terrorismo.


Guillermo Cherashny


NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.

LA INSÓLITA ALEGRÍA DE CRISTINA KIRCHNER

Sábado 31 de enero de 2015

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
  
Divertida y burlona por momentos, con su notable narcisismo político expuesto abiertamente en otros, Cristina Kirchner usó ayer 62 minutos de la cadena nacional para no decir nada. No parecía la presidenta de un país estremecido por una muerte tan escandalosa como simbólica. Ni siquiera nombró una sola vez al fiscal Alberto Nisman ni a sus familiares. Otra vez se olvidó de dar el pésame y, otra vez también, prefirió tapar esa muerte enorme con anuncios que se parecieron a los saldos de verano de una tienda. Hablemos de otra cosa, se propuso. Y lo hizo.


Llama la atención la frialdad y la frivolidad con que Cristina Kirchner abordó desde el principio el conflicto desatado por la denuncia y la muerte de Nisman. En el fondo de su alma, Nisman se había convertido en su enemigo, y lo sigue siendo cuando ya no está en este mundo. Su nuevo enemigo íntimo es ahora el informático Diego Lagomarsino, al que nombra o alude cada vez que habla. Ayer se acordó de él, sin nombrarlo, por un viejo tuit de hace dos años, que sus servicios de inteligencia rebuscaron mientras hurgaban en su vida personal hasta encontrar algo. Su problema es Nisman, no Lagomarsino.

La muerte del fiscal es un caso más grave aún, incluso, que el crimen del fotógrafo José Luis Cabezas, que conmovió el final del menemismo desde 1997. El insoportable crimen de Cabezas expresó, es cierto, los límites que enfrentaba la libertad de prensa frente a poderes mafiosos. Pero él sólo había mostrado una foto de un empresario de la peor calaña, Alfredo Yabrán, con fuertes vínculos con el oficialismo de entonces.


Otra cosa es la muerte del fiscal del atentado más importante que sufrió el país y el más importante que padeció la comunidad judía desde la Shoá. Nisman murió extrañamente cuatro días después de que denunciara a la propia presidenta por encubrimiento de terroristas. Ésa es la realidad que enfrenta la Presidenta, aunque ayer quedó demostrado, más que nunca, que su realidad es el relato y que no importa si éste está respaldado o no por datos objetivos.

Aprovechó para anunciar un aumento en los haberes jubilatorios, que dispone la ley de manera automática luego de una vieja acordada de la Corte Suprema de Justicia. Inauguró formaciones de trenes, pero no dijo que el kirchnerismo se ocupó del conflicto ferroviario (que consistía en trasladar personas en trenes inhumanos) diez años después de llegar al poder, luego de la tragedia de Once que dejó 52 muertos. Firmó un acuerdo de desendeudamiento con 17 provincias en medio de un discurso sobre el valor de las provincias, que sonó hipócrita en boca del gobierno más unitario de la historia en la distribución de los recursos federales.

Y, por último, suscribió una concesión de obras en el aeropuerto de Trelew, una noticia de una magnitud insignificante.

Hizo, de paso, un balance desordenado y parcial de su gestión y no se olvidó del maravilloso veraneo de muchos argentinos (no de todos, ni siquiera de la mayoría), convertido en el único termómetro válido del cristinismo para repintar la grisura económica por la que atraviesa.

Repitió hasta el cansancio que hacía anuncios que eran los “más importantes de la historia” o que hacía, en oportunidades modestas, el anuncio “más importante de los últimos 50 años”. El narcisismo que interpreta a la política como una perpetua autorreferencia.

En fin, decidió cambiar de estrategia una vez más. No dio en el blanco desde la muerte de Nisman. Casi todo lo que dijo sobre esa muerte resultó falso. Casi todas sus deducciones terminaron siendo equivocadas.

Se resistió a hablar por cadena nacional, hasta que terminó aceptando que no podía dilatar más ese momento. Pero habló por cadena nacional para referirse a ella, no a Nisman.


Alguien (o ella misma) creyó que la exhibición impúdica de la silla de ruedas crearía solidaridad entre los argentinos. Resultó al revés: ¿qué comparación podía soportar una silla de ruedas temporal con una muerte irreversible? Ayer decidió terminar con sus inferencias en Facebook y con el nombre de Nisman. Siguió hablando de ella, pero en el contexto del autoelogio global de su gestión. Que la criticaran por sus afirmaciones sobre la economía, no por el caso Nisman. A veces, el estrépito del silencio es peor que el error explícito.

El espectáculo presidencial no careció de bromas, de sobreentendidos y de diálogos con funcionarios que estaban con ella. Por momentos, se pareció más a Susana Giménez conduciendo su programa de televisión. Ése es el trabajo de Susana Giménez. El trabajo de la Presidenta es otro.


La estrategia de enterrar definitivamente a Nisman sucedió, para peor, el mismo día en que el filósofo Santiago Kovadloff se convirtió en la referencia moral de la Argentina dolida.

Ocurrió cuando el periodista Marcelo Longobardi le hizo la pregunta más simple del mundo (¿cómo estás?) después de que Kovadloff fuera uno de los pocos oradores en el sepelio de Nisman. Kovadloff dijo que se sentía mal, recordó la mirada de una hija de Nisman mientras él hablaba en el cementerio y, por último, señaló que la tarea de intelectuales y periodistas es “insistir, insistir, insistir para que no convierta la palabra en basura”. En ese momento, él, un orfebre de las palabras, se quebró. Un llanto suave, casi inferido, expresó más al país que nos toca que la posterior alegría de la Presidenta ante su eterna barra de excitados aplaudidores. Era la realidad y el relato de la realidad sucediendo el mismo día, con pocas horas de diferencia.

Cristina hizo sólo dos alusiones periféricas al caso Nisman. Una fue cuando se ofuscó con un directivo de la Asociación de Fiscales, que le reclamó moderación en sus palabras en los momentos en que se refiere a una causa judicial en curso. Cristina defendió su derecho a la libertad de expresión y evocó la Constitución para decir que todos los argentinos son iguales. Todos los argentinos son iguales, es cierto, pero no todos pueden decir lo que quieren en el momento que quieren. Sobre todo, si se trata de la jefa del Estado. Lo que aquel fiscal le reclamó era que, como presidenta de la Nación, no interfiriera con sus palabras en una investigación judicial en marcha. El sentido común más básico. Pero Cristina es Cristina: ni siquiera fue capaz de aceptar que se equivocó con la mayoría de los datos que suministró sobre la muerte de Nisman.

La otra referencia fue muy genérica. Les pidió a los argentinos que no permitieran que se trasladara al país la “mugre internacional”, en una clara alusión al conflicto de Medio Oriente. ¿La muerte de Nisman ya no es un suicidio ni un homicidio simple, acaso, sino una gran confabulación de intereses geopolíticos con centro en la disputa israelí-palestina? ¿Eso quiso decir?

Hace más de 20 años que ese conflicto se incrustó criminalmente en el país; fue cuando volaron la AMIA, con 85 muertos, y cuando redujeron a cenizas la embajada de Israel en Buenos Aires. En el caso de la AMIA, la justicia argentina concluyó que fue el gobierno de Irán el que ordenó y financió el devastador crimen.

La propia Cristina Kirchner, y su esposo, pidieron varias veces en las Naciones Unidas que Irán permitiera la declaración indagatoria de los dirigentes iraníes acusados por el atentado.


El conflicto no está llegando a la Argentina. Ya estaba en el país. La conclusión fue, precisamente, el resultado del trabajo de Nisman, que el directorio de Interpol, integrado por todos los países del mundo, aprobó cuando aceptó la persecución internacional de cinco altos dirigentes del régimen de Teherán. Un trabajo que acercó a Nisman, por un camino u otro, al final prematuro de su vida.



NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.