martes, 24 de septiembre de 2013

37 AÑOS DE IMPUNIDAD

El pasado 19 de septiembre se llevó a cabo en la ciudad de Rosario el 37° aniversario de “la Masacre de Rosario”, atentado terrorista perpetrado por la organización Montoneros en el año 1976 que le costó la vida a once personas inocentes. El acto se realizó en el lugar mismo de la tragedia, en la intersección de calles Rawson y Junín, donde precisamente se haya un monumento conmemorativo.


DAVIDREY.com.ar no sólo que fue el único medio presente, sino que además el titular de dicho medio tuvo su espacio para brindar un discurso al respecto de los 37 años de impunidad.

Las siguientes palabras desean hacerse extensivas a todas las víctimas del terrorismo en Argentina.

DISCURSO DE DAVID REY EN HOMENAJE A VÍCTIMAS DEL TERRORISMO


En esta ocasión quiero pedir permiso para hablar como si yo no fuera un periodista. Ya bastante trabajo periodístico, en materia de época del 70, ha sabido insumir mi mayor dedicación como asimismo mis mejores horas. Hoy quiero hablar como si yo fuera el hijo, el padre o el hermano de una de esas personas que hoy estamos homenajeando. Y si me lo permite la generosidad del público, también quisiera hablar como si yo fuera una de esas personas que hoy no están con nosotros.


Por esto mismo es que yo siento que yo no tengo “ópticas” en materia de época del 70; yo no tengo un filtro de izquierda o un filtro de derecha. Yo tengo hechos, tengo testimonios y tengo lágrimas para observar el pasado no desde “una óptica” sino desde los mismos acontecimientos que configuran nuestra historia. Como muchas personas, yo no viví esa época, pero esto lejos de desautorizarnos debe movilizarnos a informarnos al respecto. Si por no haber vivido en los setenta no pudiéramos hablar, tampoco podríamos hacerlo de Mayo de 1820 o Julio de 1816.


¿Qué autoriza más a una persona que haber leído, estudiado e investigado sobre el tema que lo aboca? ¿Qué autoriza más a un hombre que el afán de acercarse lo máximo posible a la verdad de lo hechos? No hace falta haber vivido aquella época para poder hablar; hace falta solamente preocuparse por saber qué ocurrió. Por otro lado, aquellas personas que sí vivieron esa época, ¿cuán autorizadas están para contarnos lo que sucedió toda vez que sus mezquinas preferencias ideológicas las obliga a contarnos media parte de la historia? ¿Cuán autorizadas están para hablar aquellas personas que dicen haber sido “jóvenes idealistas” que lucharon por la democracia cuando en verdad fueron sendos criminales que atentaron contra ella? ¿Cuán autorizadas están para hablar esas personas que se hacen lenguas en materia de DD.HH. pero que no tienen el corazón de sentir lo que siente una familia que pierde un padre, un hermano o una madre en un atentado terrorista?


En efecto, la llamada “masacre de Rosario” ocurrida el 12 de septiembre de 1976 resume en el atentado terrorista que mejor ilustra el fragor y la intensidad de aquellos años, y que también mejor les saca la “careta” a esos que dicen “luchaban por un ideal”.  ¿Qué ideal humano es capaz de contemplar el asesinato de personas inocentes? Nueve jóvenes policías que venían de trabajar en la cancha de Rosario Central y dos civiles asesinados por la bomba que la organización  Montoneros colocó con el objetivo deliberado de aterrorizar a la ciudadanía… ¿qué ideales son esos?

Suele hacerse siempre, a este respecto, una discriminación entre civiles y uniformados, como si no fuera tan grave el hecho de haber atacado nuestras fuerzas de seguridad y como si se debiera a un simple “error” el saldo de civiles muertos en atentados terroristas. Como si estuviera bien dar muerte a un policía o a un militar; como si el objetivo del terrorismo no fuera la ciudadanía. Pobres corazones… aquellos que creen en pobres razones.


Para gran sorpresa del desprevenido, todo atentado contra las fuerzas destinadas a velar por la seguridad de la ciudadanía, en realidad, no es otra cosa que un doble crimen, porque mientras que se cobra la vida de un uniformado o la integridad misma de la fuerza por otro lado procura dejar indefensa a la población para su posterior sometimiento. Es mentira que la sociedad civil no fue el objetivo de los ejércitos guerrilleros. El objetivo de los terroristas no fueron las fuerzas de seguridad; el objetivo del terrorismo fue el pueblo. No buscaban la democracia ni la libertad… ¿Qué democracia y qué libertad se puede esperar de aquellos que aterrorizan a su propio pueblo? ¿No será una democracia donde el gobierno pretenda quedarse con los tres poderes del Estado? ¿No será una democracia donde el gobierno cada día cercena más a la prensa independiente? ¿No será una democracia donde el gobierno gane elecciones gracias al dinero que ingresa al país dentro de “valijas” provistas por el narcotráfico?

Las esquirlas del atentado en las paredes del barrio

El 12 de septiembre de 1976 Rosario fue noticia porque 37 personas resultaron víctimas directas del despiadado “idealismo” montonero. 37 años después Rosario vuelve a ser noticia porque absolutamente ninguno de los responsables de esa masacre ha cumplido la condena que bien le pesa por asesino y por terrorista. 37 años después, por más que quieran callarla, la noticia sigue siendo que en Argentina las víctimas del terrorismo siguen esperando Justicia.

Los caídos en la masacre de Rosario no tenían absolutamente nada que ver con las luchas intestinas que por entonces tenían lugar en nuestro país. Eran argentinos que volvían de trabajar, volvían para completar el día junto a sus familias, y resulta que la cruda realidad llegó para truncar aquel destino de familia que tanto ennoblece al hombre de bien y que tanto enaltece el esfuerzo del trabajador argentino. Aquellos “idealistas” que abandonaron sus familias para dedicarse a poner bombas, bien debieran saber que no existe ninguna forma de idealismo que no contemple al hombre junto con su familia.


Aquí, hoy, a 37 años del día funesto que se llevó la vida de 11 inocentes, tenemos que asumir el convencimiento total de que nada honra tanto a un hombre como el valor con que se anima a buscar la verdad, acercarse a la verdad y decir la verdad, por más molesta que resulte y por más que algunos chillen. Si la verdad molesta es porque hay gente que miente, y si hay gente que miente es porque hay gente que todavía nos sigue atacando. Que digan lo que digan y que chillen lo que chillen… Es la vida de víctimas inocentes la que nuestra voz reivindica y es el grito de Justicia el que arde en nuestros pechos. Aquí estamos nosotros para contar la historia completa, aunque algunos no quiera escuchar; para honrar a las víctimas del terrorismo, para ser la voz de los caídos; para seguir siendo familia, aunque quiera destruirla; para seguir siendo pueblo, aunque quiera dividirnos; para seguir siendo PATRIA, para seguir NACIÓN; para nunca dejar de ser, por más que les duela, LA FUERZA DE UN DESTINO QUE NO PUDIERON VENCER.



NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.