martes, 22 de octubre de 2013

SE FUE UN HIJO DE LA PATRIA


Por Patricio Lons

Es el título que merecen los argentinos bien nacidos cuya sangre sirvió a la nación y mucho más merecido lo tienen, cuando este servicio se dio a lo largo de las generaciones.

Ha fallecido un maestro del periodismo, don Carlos Manuel Acuña Ramos Mejía, pluma brillante y vibrante de La Prensa, de su propio medio El tábano y de El Informador Público y en los últimos tiempos había incursionado en la televisión digital desde TLV1, el canal que dirige Juan Manuel Soaje Pinto. Los frutos de su diario batallar se vieron en la muchedumbre de amigos y familiares y en las palabras afectuosas que hoy lo despidieron en el cementerio de la Recoleta.

Lo conocí hace pocos años gracias al señor Juan Olmedo, caballero de Bella Vista que lo invitó a dar una conferencia y me honró con su afecto recibiéndome numerosas veces en su departamento de avenida Las Heras, siempre con su trato amable, abierto a las diferencias de ideas y a pesar de su prestigio nunca se mostró condescendiente con opiniones ajenas ni con ninguna persona, por el contrario sabía apreciar otros puntos de vista que enriquecieran el pensamiento.

Compartimos juntos homenajes a la patria, entre ellos en Vuelta de Obligado al Restaurador de las leyes, junto a un numeroso grupo de patriotas. No era rosista, tampoco peronista, era conservador, “el último conservador” como le gustaba decir,  pero ya estaba de vuelta de las peleas y de las estériles confrontaciones que se dieron entre los argentinos. En el diario transcurrir de estos años apreciaba lo inútil que era todo enfrentamiento, pues no siembra más que odios, sentimiento totalmente alejado de él, un hombre generoso que pensaba en el futuro que le depararía a sus hijos y a sus nietos y a la juventud argentina que la veía indefensa ante el avasallamiento de los abusos del poder de turno.

Fue un hombre valiente, dijo lo que tenía que decir en cada tiempo y lugar que se lo requirió; en cada trinchera disponible él se hacía presente, incluso arriesgando su libertad al asistir a los tribunales en defensa de lo que creía correcto, como remarcaron sus amigos Agustín Monteverde y el Dr. Enrique Guillermo Avogadro. Fue de un valor que nacía desde las más profundas entrañas de la tierra que pisamos; más de una vez conversamos sobre la responsabilidad que tenemos los hijos de las familias fundadoras de la patria, pues si bien todos bajamos de los barcos, recordaba que… “algunos bajamos de barcos a vela y otros bajaron de barcos a vapor”…  y esa diferencia no otorgaba mayores derechos, pero si marcaba una responsabilidad mayor.

A partir de ahora, ruego que desde su nuevo lugar, pueda  iluminar nuevas plumas y nuevos sables, nuevos ánimos en cada trabajo realizado por todo argentino de bien, en todo argentino decente que es la mayor honra que el respetaba.

Por eso, podemos decir que se fue un hijo y una pluma de la patria. Y al Creador, le pedimos que lo reciba en sus brazos de Buen Padre y que le permita interceder desde la patria celestial, para que quienes quedamos, podamos restaurar a su mayor pasión, que será siempre la nación Argentina.