lunes, 16 de noviembre de 2015

ENTRE EL MIEDO Y LA ESPERANZA


Se apagaron las luces del debate presidencial, se jugaron ya todos los mensajes de campaña, se agotaron los argumentos y se lanzaron las apelaciones. Poco sabemos de lo que va a hacer Mauricio Macri si accede a la presidencia y nada de lo que haría Daniel Scioli en similar instancia. Algo, sin embargo, nos ha quedado muy claro. Scioli apela al miedo como argumento para pedir el voto y Macri a la esperanza, y la esperanza es justamente el más fuerte de los estímulos que nos impulsan en la vida. Por eso solo, Macri tiene las mayores chances de ser el próximo presidente de la Argentina sin necesidad de recurrir a ninguna de las muchas y dudosas encuestas de intención de voto a las que la experiencia próxima ha arrebatado toda credibilidad.


Pero hay más, mucho más que esta cuestión de nivel estratégico de campaña para presumir que un gran cambio se avecina. Arriba del nombre y la figura de Daniel Scioli, en la boleta electoral, se lee la denominación del Frente para la Victoria, la estructura jurídico política armada por el “kirchnerismo” para llegar al poder y debajo de Scioli está el nombre de Carlos Zannini, el representante más comprometido y fanatizado de ese frente que condujeron Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Encerrado en ese emparedado ideológico, sometido por las circunstancias que su propia debilidad generó, Scioli no puede escapar a la contradicción de pretender al mismo tiempo desligarse de los desastres del “kirchnerismo” y garantizar su continuidad.


Hay un porcentaje superior al sesenta por ciento de la sociedad que ha manifestado su hartazgo de las políticas actuales y del estilo del gobierno. Hartos de la inflación y la inseguridad, del asalto a las instituciones, de los ataques a la libertad de prensa, de las persecuciones ideológicas y de la prepotencia y la soberbia infinita que la señora presidente ha exhibido como rasgo dominante de su forma de concebir el ejercicio del poder político. Scioli lo sabe y querría desprenderse de ese legado pero no hay manera de disimular que es el candidato del Frente para la Victoria, que fue elegido autoritariamente por la presidente, que ha ocupado los cargos de vice presidente y gobernador y que ha sido un funcionario comprometido durante los 12 años de “kirchnerismo”.


Resulta patético observar sus piruetas y regateos para eludir las respuestas vedadas a las preguntas obvias, que aluden a su pretensión de brindar solución a los problemas cuya existencia siempre ha negado, porque los generó su propia fuerza, después de haber hecho nada al respecto durante los años en que fue un alto funcionario público del actual gobierno. La lápida sobre su gestión la asentó el hecho de que su fuerza perdió la provincia que él mismo gobernó durante ocho años demostrando (más allá de los pésimos antecedentes del candidato que postularon a gobernador) que ni siquiera quienes viven en la provincia de Buenos Aires están satisfechos con lo actuado por Scioli y el Frente para la Victoria.


Si gana Macri el 22 de noviembre sobrevendrá hasta la asunción presidencial de diciembre un período de escenarios abiertos. Hay un “escenario insensato”, poco probable, que respondería a las amenazas que se formularon para infundir temor, consistentes en la presencia en las calles de grupos de seguidores del modelo K generando disturbios para que la entrega de gobierno se hiciera en un ambiente de perturbación social. La entrega se haría con los patios de la Casa Rosada copados por militantes del Frente para la Victoria de manera desafiante e intimidatoria.


Un segundo escenario es el “negador” en que la presidente y los ministros se encerrarían en el silencio y el duelo, dedicados a preparar sus mudanzas, ordenar sus expedientes y triturar documentos hasta culminar con la entrega presidencial a cargo del vicepresidente Amado Boudou u otra figura secundaria


En el tercer escenario, llamémoslo “sensato”, la señora presidente luego de reconocer el triunfo de la oposición llamaría al presidente entrante y pondría a su disposición a sus ministros para realizar una entrega organizada y ordenada. Conociendo el carácter y estilo de quienes detentan el poder en la Argentina, esta entrega no estaría exenta de “chicanas” y requeriría de una negociación previa para qué a cambio de la deferencia de la normalidad, quienes asuman se comprometan a no desnudar de inmediato el panorama desastroso que encontrarán y a no lanzar acusaciones directas, por un tiempo, al menos sobre la figura presidencial. Todas estos escenarios o una mezcla de ellos no interrumpirán la llegada ineludible de un cambio profundo de forma y fondo en la vida nacional porque la fuerza imparable de la sociedad expresada en las urnas como esperanza de cambio así lo exige.


Así como el período entre el triunfo y la asunción del nuevo gobierno está rodeado de incertidumbre, lo que sucederá después presenta aspectos muy claros e ineludibles. La Argentina queda en un estado deplorable con las reservas seriamente comprometidas, el déficit fiscal llevado a valores insostenibles y la necesidad de implementar medidas drásticas y urgentes. Adicionalmente, y con la banda presidencial recién colgada, el flamante presidente tendrá que enfrentar las ya “clásicas” presiones de grupos marginales sobre los supermercados y comercios de alimentos ante la llegada de las fiestas de fin de año. Por muy cansadas que lleguen las nuevas autoridades después de la campaña tendrán que resignar sus vacaciones y ponerse a trabajar sin descanso, aprovechando los meses de receso del Congreso para enfrentar por decreto las medidas más duras y necesarias. El análisis político y social pronostica un verano muy caliente.


La otra alternativa, o sea el triunfo de Scioli, es ciertamente más desoladora. Sería el triunfo del miedo y del miedo solo puede surgir tragedia y mezquindad. Si pretende mantener sus promesas de campaña con la triada, cepo, planes y subsidios, el colapso de la economía será ineludible. Si intenta cambiar luego de buscar el consabido culpable interno o externo, será tratado por los suyos con la dureza y la crueldad que se aplica a los traidores con sus consecuencias de tensión y violencia. Por el bien de la república deseamos que Daniel Scioli no acceda a la presidencia.


Por nuestra parte, desde un espacio político que siempre comprendió y expuso las falencias morales y materiales del “kirchnerismo” y el daño que le han hecho a la república, celebraremos el fin del ciclo nefasto y la posibilidad de que la Argentina tenga una nueva oportunidad. Confederados con los partidos y grupos sociales que comparten nuestra visión, seguiremos el accionar del nuevo gobierno con la finalidad de ayudar allí donde nos necesiten y criticar allí donde se aparten de la voluntad del soberano y los intereses nacionales.

El 22 de noviembre estaremos frente a las urnas, votando y fiscalizando para que se cumpla acabadamente con la jornada electoral. Si de ella surge como esperamos la derrota del Frente para la Victoria, habremos alcanzado como sociedad el mérito de poner fin a un gobierno populista, de raíces montoneras y que quiso ir por todo, tan solo con la fuerza de los recursos de la Constitución. Será el mayor triunfo que la democracia puede obtener. Esa es la esperanza.

Esforcémonos y que Dios nos ayude para que así sea.

Buenos Aires 16 de noviembre de 2015
      

Juan Carlos Neves
Primer Secretario General

Nueva Unión Ciudadana