domingo, 15 de noviembre de 2015

¿QUÉ HACER FRENTE A LA TRAGEDIA DE PARÍS?

por Ricardo Angoso
@ricardoangoso

Estamos ante una nueva guerra. Tenemos ante nosotros nuevas amenazas y  desafíos que también implicarán respuestas novedosas. Se trata de una guerra diferente a todas las anteriores y requerirá una contestación muy alejada de los esquemas tradicionales que utilizábamos en los conflictos clásicos. Los atentados de París, seguramente perpetrados por miembros del Estado Islámico llegados a Europa en la oleada migratoria tolerada y alentada por Angela Merkel, implicarán el desarrollo de un nuevo sistema de seguridad que provocará molestias a los ciudadanos, un deterioro de nuestro ya de por sí maltrecho Estado de Derecho, un mayor control policial y una acción más coordinada de nuestros servicios de inteligencia.


La fecha elegida, la simultaneidad en los ataques, la clarividencia de los terroristas a la hora de ejecutar los atentados y los medios empleados, en la que ha sido seguramente una acción minuciosamente preparada durante meses, son elementos que inducen a pensar que nos encontramos ante un enemigo frío, calculador, bien preparado y entrenado para realizar acciones violentas y dispuesto a morir en la lucha. Al igual que en la mística fascista aquí no cabe espacio para la negociación y el diálogo, sino que son grupos, los yihadistas, que han nacido para vencer o morir, no hay una tercera vía para estos elementos que componen las células terroristas.

DERROTAR AL ESTADO ISLÁMICO POR LA VÍA MILITAR

En primer lugar, el elemento geoestratégico, que se vio alterado en su conjunto con la destrucción del Estado en Irak, está generando convulsiones, conflictos y amenazas para otros Estados, como Egipto, Jordania, Siria, Turquía y el mismo Irak. Pero, desgraciadamente, la respuesta al Estado Islámico, que creció a merced del caos en Irak y Siria, principalmente, solo puede ser militar. Occidente debe ponerse al lado de  sus aliados en esta zona del mundo y contribuir a la derrota total del Estado Islámico. No hay ninguna posibilidad de reconducir por la vía política a este flagelo que recurre a la barbarie mediática para aterrorizar al mundo y que se está revelando, más allá de sus actuales límites territoriales, como una amenaza global, capaz de golpear y matar hasta en el centro de París.

LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL, ABSOLUTAMENTE NECESARIA

"Demasiado tarde"

Como segundo elemento para combatir esta maldición habrá que intensificar la cooperación internacional entre todos los Estados que estamos juntos en esta batalla contra el terrorismo yihadista. La crisis de Oriente Medio no se puede resolver dejando de lado a aliados como Turquía o a países que hasta hace muy poco tiempo considerábamos como aliados en la lucha, como es el caso de Rusia. ¿Cómo pretenden los occidentales resolver la crisis siria sin contar con el régimen de Damasco y su principal apoyo, Rusia? "La historia de los fracasos en la guerra puede resumirse en dos palabras: demasiado tarde. Demasiado tarde en la comprensión del letal propósito del enemigo; demasiado tarde en tener conciencia del mortal peligro; demasiado tarde en lo tocante a la preparación; demasiado tarde en la unión de todas las fuerzas posibles para resistir; demasiado tarde en ponernos al lado de nuestros amigos", decía el general MacArthur. No hay otro camino que volver a un marco de responsabilidad compartida, de estar con nuestros amigos y aliados, de conformar una gran alianza que nos permita resolver las crisis juntos y aplicando recetas realistas y prácticas, tal como se hizo con el reciente acuerdo sobre el contencioso nuclear con Irán. Sin Rusia no habrá paz nunca en Siria.

SCHENGEN DEBE SER REVISADO

Otro aspecto fundamental, y ya como tercer elemento a desarrollar, habrá que hacer una revisión objetiva, rigurosa y seria de nuestras políticas migratorias. La aparición de un pasaporte sirio en los escenarios de los atentados de París muestra a las claras que el descontrol reinante en nuestras fronteras es parte del problema. La política de Alemania, en el sentido de abrir las mismas a todos los ciudadanos sirios sin distinción, ha sido uno de los más graves errores en política migratoria de la Unión Europea (UE) en décadas. Se calcula en más de medio de millón de personas las que han entrado en Europa sin que nadie comprobara de dónde venía, quién era y qué hacía antes de venir al viejo continente.


Schengen debe ser totalmente revisado y se debe poner coto a este desorden impuesto por la irresponsable canciller Merkel. Los atentados de París han mostrado a las claras cuánta razón tenían los gobiernos de Croacia, Eslovenia, Eslovaquia y Hungría cuando pusieron el grito en el cielo al serles impuesta una política migratoria por la cual eran forzados a recibir a miles de inmigrantes sirios -seguramente la mayoría inocentes- sin que nadie les pidiese siquiera el pasaporte. Una vez que metes el Caballo de Troya del terrorismo en tu país, no hay quien lo saque y lo más seguro es que los terroristas, aprovechando la tolerancia y la estupidez de los occidentales, acaben perpetrando atentados brutales.

UN NUEVO CONCEPTO DE SEGURIDAD

Por último, como cuarto elemento a desarrollar, habrá que proyectar unos nuevos esquemas de seguridad, que implicarán, con toda certeza, un recorte en nuestras libertades y una merma en nuestro endeble Estado de Derecho. Los atentados de los años noventa en Israel, sobre todo contra objetivos civiles sin ningún valor militar, provocaron la aplicación de estrictas medidas de seguridad en todos los lugares, incluyendo bares y restaurantes, el desarrollo de una estrategia policial para hacer frente a los nuevos riesgos y el impulso a una cultura ciudadana que aunaba la colaboración de todos en la lucha contra el terrorismo y en la percepción de las potenciales amenazas en las calles israelíes.


Al igual que ocurrió el 11 de septiembre de 2001, con el atentado contra las Torres Gemelas y otros objetivos, los atentados de París van a marcar un antes y un después, ya que se ha demostrado que los terroristas tratan de atemorizar de una forma indiscriminada y que los objetivos militares son para ellos secundarios. Quieren, simple y llanamente, sembrar el terror y causar el mayor impacto mediático, tal como ha hecho hasta ahora el Estado Islámico en todas sus acciones. Tenemos que cambiar nuestra forma de encauzar esta guerra, tomar medidas extremas, reconsiderar nuestro concepto de seguridad actual y evaluar las potenciales amenazas.

Es más que seguro que en los próximos meses va a haber más atentados terroristas en Occidente, no hace falta ser un genio para predecirlo, pero la historia demuestra que si tomamos las medidas oportunas, controlamos nuestras fronteras -tal como hacen los Estados Unidos desde el 11 de septiembre-, intensificamos los controles aduaneros, desarrollamos nuevos esquemas de seguridad y generamos una cultura policial y ciudadana, junto con el desarrollo intensivo de los trabajos de los servicios de inteligencia, es más que seguro que reduciremos la capacidad de los terroristas para cometer acciones violentas y, a la larga, les acabaremos derrotando.

LOS ATENTADOS DE PARIS Y LA EXPERIENCIA ARGENTINA

Los atentados terroristas  que sufrió la sociedad de Paris es una muestra de lo que nosotros sufríamos a diario en nuestro querido país. En su momento no fuimos comprendidos y muchos estados extranjeros ayudaron a las organizaciones terroristas y condenaron al país, Francia el primero.

Tal vez ahora nos comprendan y entiendan mejor al sufrir en carne propia la violencia del terrorismo. Mi solidaridad para las víctimas de ayer en Paris y con todo el pueblo francés. Sus autoridades tendrán que reflexionar junto a sus aliados y encontrar la forma de “aniquilar” y rápido el flagelo de terrorismo, sea del signo que sea.

De nada vale cuidar el planeta, si antes no cuidamos a la sociedad y la protegemos de estos enfermos extremistas.

En nuestro país las Fuerzas que cumplieron la orden de aniquilar el accionar del terrorismo, no cometieron “genocidio”, ni “crímenes de lesa humanidad”.

En el primer caso la guerra interna de baja intensidad, que iniciaron las organizaciones terroristas, según los considerandos de la sentencia de los Jueces que juzgaron y condenaron a las Juntas Militares en la causa N° 13; no reúne los requisitos del “genocidio”. Como antecedente se presenta el reciente fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, en la cual determinó que ni los serbios ni los croatas tuvieron intención de destruir al grupo contrario en el conflicto que mantuvieron entre 1991 y 1995. Fue un conflicto interno, NO FUE GENOCIDIO. Sí fue muchísimo más violento que nuestro conflicto de los ’70, involucrando más a la población y superando las 300.000 bajas de combate.

La ex U.R.S.S. pretendía infiltrase en América Latina en lo que se denominaba el “patio trasero de América” -Latinoamérica-, para lo cual se valían de la Revolución
Cubana y su dictador Fidel Castro.

Esa acción de infiltración la desarrollan a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Tal como lo demostrara Juan Bautista "Tata" Yofre en su libro "FUE CUBA".

Dada la gran paridad de fuerzas entre la URSS y las potencias de Occidente no se podían enfrentar directamente en un conflicto armado, ello hubiera significado una escalada en el empleo de la violencia y podría haber finalizado en una Guerra Nuclear… que todos querían evitar. Por eso eligen el camino de utilizar otras regiones del mundo en “conflictos de baja intensidad”, los cuales se desarrollan en América Latina, Asia y África.

Durante la época del gobierno militar conocido como Revolución Argentina el estado combatió al terrorismo con las Fuerzas Legales y la Justicia, para ello se creó especialmente la Cámara Federal en lo Penal de la Nación.

En ese período se producen un sinnúmero de gravísimos episodios terroristas, los que no enumeramos nominalmente para no extendernos demasiado en esta nota. Ellos eran atentados con bombas, asesinatos, secuestros, robos, toma de localidades, toma de unidades militares, etc.

Estos, como muchos otros delitos de terrorismo se sucedían casi a diario y ni el Estado nacional ni los provinciales podían dar una debida respuesta a los mismos, ya que se trataba de verdaderas bandas armadas con un modus operandi particular que se desplegaba por todo el vasto territorio nacional impidiendo que el Poder Judicial Federal actuara con competencia para investigar y juzgar cada hecho delictivo.

El gobierno militar decidió poner coto a la verdadera amenaza que se cernía sobre la República, a través del proyecto de ley presentado por el entonces Ministro de Justicia Dr. Jaime Perriaux.

El citado ministro, proyectó juzgar a los miembros de estas organizaciones terroristas en el ámbito del sistema judicial, separado expresamente del militar (Código de Justicia Militar). Su proyecto, adelantado a los países europeos como España (ETA) e Italia (Brigadas Rojas), consistía en la creación de un tribunal con competencia en todo el territorio nacional para juzgar en instancia única los delitos de índole federal que tenían que ver en su mayoría con la ruptura violenta del “…sistema institucional argentino y que afectan de manera directa los más altos intereses nacionales…” cometidos por “…vastas asociaciones criminales con proyecciones en distintos ámbitos…”.

El 28 de mayo de1971 se dictó la Ley 19.053 creando la Cámara Federal en lo Penal de la Nación, modernizando el Poder Judicial y colocando dentro de su estructura un órgano jurisdiccional ágil y eficaz para el juzgamiento de los delitos terroristas, ya que los jueces federales estaban desbordados totalmente por la magnitud y multiplicidad de acciones guerrilleras y con excepción de los implicados en el secuestro y muerte del General Aramburu, no se había logrado dictar ninguna sentencia. Con el cambio introducido a través de esta ley se logró, como se dijo, una modernización y agilización del sistema judicial para poder juzgar con rapidez y eficacia, los actos que tenían por fin destruir las instituciones de la República y evitar que dichos actos delictivos queden impunes.

Con el procedimiento de instancia única instaurado, con una primera parte escrita y una segunda oral, se garantizaba la celeridad, la inmediatez, la bilateralidad, la contradicción y la publicidad, asegurándose desde el inicio la defensa del imputado.

En muchos casos las defensas de los detenidos estuvo a cargo de abogados que formaban parte de la denominada Asociación Gremial de Abogados, muchos de ellos de estrechas vinculaciones con las organizaciones terroristas. Es decir que los imputados contaban con todas las garantías procesales indispensables y necesarias propias de una persona sometida a un proceso judicial penal.

Cabe agregar también que por Ley 19.081 de Seguridad Nacional – Empleo de las Fuerzas Armadas se estableció por el artículo 7º que en caso de que, como consecuencia de las operaciones militares se produjeren detenciones, las personas y los elementos probatorios serían puestas a disposición de la Cámara Federal en lo Penal de la Nación, lo cual constituye una muestra más del verdadero objetivo del Gobierno Nacional de ese entonces a través del Ministro Perriaux, cuál era el sometimiento a la justicia ordinaria de aquellas  personas imputadas de delitos de terrorismo.

Inclusive los jueces miembros de esta cámara llegaron a dormir en comisarías y otras dependencias del estado donde se hallaban detenidos los terroristas, para garantizar su seguridad física y jurídica.

Este estado de combatir al terrorismo con la ley en la mano se mantiene hasta la noche del 25 de mayo de 1983, cuando luego de obtenida la ley de amnistía, Juan Manuel Abal Medina -hermano de Fernando, el asesino de Aramburu- trepado a los muros de la cárcel de Devoto lograba que el Servicio Penitenciario liberara a los terroristas detenidos.

En materia de legislación, Esteban Righi desde el Ministerio del Interior promovería la promulgación de las leyes Nº 20.508, 20.509 y 20.510 que establecían la amnistía, derogaban las leyes represivas y suprimían el denominado fuero antisubversivo.

Abruptamente cesaban las funciones de la Cámara Federal en lo Penal de la Nación y posteriormente sus ex miembros fueron perseguidos, acosados y finalmente el ex juez Jorge Vicente Quiroga es asesinado el 28 de abril de 1974 por dos jóvenes en motocicleta, que lo balearon a la salida de su domicilio en un atentado que luego fue reivindicado por la organización ERP 22 de agosto. El resto de los ex miembros de la citada cámara opta por el exilio y nunca más la república dispondrá de una eficaz institución jurídica para combatir al terrorismo con la ley en la mano. Después cuando en 1975 en adelante se intenta recrear a la útil cámara del fuero subversivo, no se encuentran voluntarios para integrar una nueva cámara… el terror había surtido efecto.

Fervientemente deseamos que el terrorismo internacional sea aniquilado, para lo cual conviene entender la propuesta del sociólogo y escritor español,  Ricardo Angoso en la nota siguiente a esta.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
por una Nueva Década en Paz y para Siempre

ASESINOS TOGADOS


Sic transit gloria mundi

Tal como ha sucedido otras veces, la vertiginosa realidad se llevó el tema al cual, hasta ayer, pensaba dedicar esta columna: la conexión entre las detenciones de los familiares de Maduro, con pasaportes diplomáticos venezolanos, y las extrañas vinculaciones de la familia Kirchner con Hugo Chávez y su sucesor; deberá que esperar otra oportunidad.

En el cierto crepúsculo de la década más infame que recuerde nuestra historia moderna, encabezada por un matrimonio que hace caso omiso de los derechos humanos actuales y finge abrazar los de los viejos terroristas para lograr la impunidad para los enormes delitos de corrupción que han cometido, algunos jueces siguen recitando su canallesca e inmunda venganza, olvidando la esencial función que la sociedad les ha encomendado.

Carlos Rozanski

En este caso, me refiero a quienes integran el Tribunal Oral Federal de La Plata, presidido por el asesino Carlos Rozanski, acompañado por Pablo Vega y Pablo Jantus, el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata, compuesto por Néstor Parra, Mario Portela y Roberto Falcone, y el Juzgado Federal de Tucumán, a cargo de Daniel Béjas. Pero todo se andará y estos son nombres para recordar.

El jueves, los magistrados de Mar del Plata revocaron la prisión domiciliaria otorgada a varios militares y ordenaron su traslado al penal de Marcos Paz. El caso paradigmático fue el del Cnel. Carlos Saini, a quien la comisión policial encargada de cumplir esa orden lo encontró mientras celebraba, en familia, su 88° cumpleaños. Coordinadamente y entre otros, fueron también encarcelados el Cnel. Oscar Bardelli, de 74 años, y el Cap. Navío Carlos Robbio, héroe de Malvinas. El viernes por la noche, Rozanski ordenó idéntico proceder contra el Almte. Antonio Vañek, de 92 años, que la gozaba hace 17 años, y que está afectado por una innumerable serie de inconvenientes de salud, al cual ya le fue implantado un marcapasos permanente. Descompensaciones sufridas por algunos de los condenados impusieron su internación en hospitales públicos, ya que también se les ha prohibido la atención en los nosocomios de las respectivas fuerzas armadas.

No voy aquí a referirme a las parodias de juicios en los cuales estos señores fueron sometidos, ni a las violaciones a todos los principios legales, jurídicos y procesales cometidas para llevarlos a cabo. Pero sí a la notoria y aberrante discriminación que sufren, en prisión, aquellos a quienes el Estado legal y democrático encomendó la represión del terrorismo en 1975 y, sobre todo, impedir que éste lograra la independencia de Tucumán, como pretendían los guerrilleros del ERP para recibir reconocimiento internacional.

Lo más notable es que estas nuevas canalladas de los asesinos togados (ya han muerto en la cárcel 328 de estos presos por falta de atención médica adecuada) es que se produjeron en la misma semana en la que un Tribunal Federal del Chaco concedió la prisión domiciliaria, alegando problemas de salud, al mayor traficante de cocaína detenido hasta la fecha.

En cambio, a los militares y civiles presos, muchísimos de ellos sin condena firme, se les niega ese beneficio, que la ley otorga a los mayores de 70 años, siempre y cuando éste no pueda interferir en la investigación de los hechos ni encarne un riesgo de fuga; ¿qué podrían hacer ahora respecto a sucesos ocurridos hace cuarenta años o cómo podrían escaparse ancianos que ya están, prácticamente, inválidos? Tampoco se les aplica el cómputo de 2 x 1 (cada día de detención antes de la sentencia vale por dos de la pena) ni se les permite, por ejemplo, estudiar en las delegaciones universitarias que funcionan en las unidades penales.

Aún quienes se encuentran en las antípodas de mi pensamiento y creen que se trata de genocidas, deberían hacer suya la máxima que establece que no se combate a los caníbales comiéndoselos.

Pero como dice la frase del epígrafe, a la que se atribuye una antigüedad de más de mil años, la gloria del mundo es transitoria, y la espada de la verdadera Justicia caerá, más temprano que tarde, sobre estos homicidas togados y prevaricadores, que actúan con alevosía y premeditación para cometer sus crímenes de lesa humanidad, tal como describe el Pacto de Roma, del cual nuestro país es suscriptor desde 2004. El mismo Rozanski ya se encuentra penalmente imputado por el asesinato del detenido Dr. Aldo Chiacchietta, a quien le impidió asistirse adecuadamente del cáncer que padecía.

El Poder Judicial, cuya cabeza -con excepción del Dr. Carlos Fayt- fue cómplice de tantas bárbaras aberraciones durante estos años, debe aplicar la Ley correcta e inmediatamente a todos los ciudadanos por igual; así podrá desempeñar el verdadero rol que la Constitución le impone al respecto, revisando uno por uno los juicios y dejar de actuar como un instrumento de venganza, no sólo de aquéllos que fueron vencidos en la guerra, sino de toda una sociedad hipócrita y cínica, que prefiere mirar para otro lado y no asumir la responsabilidad de haber llamado a la puerta de los cuarteles para evitar que la locura marxista, traducida por los "jóvenes idealistas" en atentados, bombazos y asesinatos indiscriminados, se impusiera.

 ¿Nadie es capaz en la Argentina de preguntarse qué hubiera sucedido si Firmenich y Santucho hubieran logrado su demencial objetivo y, como aseguró el primero que harían, hubieran matado a un millón de personas? Europa entera, después de los atentados del viernes en Paris, se mira en el mismo espejo.

Hoy asistiremos al debate de los candidatos presidenciales que, el domingo próximo, se enfrentarán en el segundo turno electoral. No creo que este tema esté en la agenda que ambos han acordado, pero el comportamiento de la Justicia, observado con preocupación desde hace varios años por la Asociación Internacional de Jueces -remitió una carta expresándolo así a la Presidente-, será la verdadera y excluyente base sobre la cual se podrán apoyar los cimientos de la reconstrucción nacional.

Con una Justicia independiente, rápida, eficiente y capaz, todo será posible; sin ella, nada lo será.


Bs.As., 15 Nov 15

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado

sábado, 14 de noviembre de 2015

ESTÁN CONDENANDO A MUERTE ENCUBIERTA AL SEÑOR ALMIRANTE VAÑEK

Ayer comentábamos los dichos de SS Francisco sobre: que debe “existir justicia, no venganza” y que “hay que sanar la herida, sin dejar de mirar las cicatrices”. Pero el poder de turno, junto a jueces cómplices y prevaricadores, continúa su política de “condenar a muerte” en forma encubierta a los ancianos soldados de la Patria.

Por ejemplo el señor Alte. (R) Antonio Vañek, de 92 años de edad, de la promoción N° 73 de la Escuela Naval Militar, hace unos pocos día fue sentenciado a 25 años de prisión -que se suma a otras sentencias- por el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata Tribunal Oral Federal 1 de La Plata que preside el polémico y denunciado juez  Carlos Rozanski. El señor Alte. Vañek gozaba del derecho a la prisión domiciliaria, otorgado debido a su avanzada edad y enfermedades que padece.

También ayer en horas próximas al anochecer las FF.SS. cumpliendo órdenes del tribunal -o vaya a saber uno, impartidas por quién-, lo fueron a buscar a su casa para trasladarlo a prisión. Dado lo ya mencionado -edad y enfermedades- el señor Almirante Vañek sufrió una descompensación y tuvo un síncope, razón por la cual fue trasladado al Hospital Pirovano.

Aproximadamente a las 5 de la mañana fue trasladado en ambulancia al HNPM, nosocomio que brinda todos los servicios de sanidad y seguridad que necesita el señor Almirante Vañek.

Si en vez de sanar la herida, la estorbamos, la exacerbamos y tratamos que se amplíe la grieta abierta por el gobierno que termina… en la República Argentina, por no cumplirse la Ley y los Acuerdo Internacionales firmados por el país, seremos cómplices del poder de turno al no alzar nuestra voz. En el vídeo que les dejamos podrán apreciar que tanto el señor Almirante Vañek y otros Oficiales Almirantes no están en capacidad de ser juzgados, así lo dispone la ley, sin embargo ya llegamos a la triste cifra de 328 ancianos fallecidos en prisión:


Señores es hora de abandonar la venganza y sus odios, es necesario curar las heridas abierta durante el conflicto interno de baja intensidad que padecimos hace más de 40 años… sin ello no lograremos la unión y concordia que necesita el país para transitar un mejor camino y poder dejar un país digno de ser heredado a las generaciones futuras.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
por una Nueva Década en Paz y para Siempre

viernes, 13 de noviembre de 2015

HAY QUE CURAR LA HERIDA, PERO SIN DEJAR DE MIRAR LAS CICATRICES


Si a una herida se le aplica azúcar actúa como desbridante, antibacteriano, antiséptico, desodorante, regenerador del tejido vascular perilesional y, en resumen, como cicatrizante. Es como dar amor.

En cambio sí a una herida la pinchamos, le arrojamos ácido o cualquier otro elemento que la irrite; esa herida se convertirá en una llaga que no cicatrizará nunca. Es el fruto de odio.

Nuestro país decidió juzgar a las Juntas Militares que gobernaron durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional, ese gobierno de las cúpulas de las FF.AA. tuvo características que lo hacen único:
  • Las FF.AA. en 1976 asumieron el gobierno de un país sumido en la violencia del terrorismo y en el caos de un gobierno incapaz de cumplir su rol. Contó con el apoyo de la amplia mayoría de la sociedad argentina.
  • Durante su corta historia (1976 – 1983) solo 7 años, -pensar que el actual poder de turno lleva 12 años en el gobierno y nos deja en una situación deplorable, que nos debe hacer recapacitar- las FF.AA., las FF.SS., las FF.PP. y de otros organismos del estado derrotaron y aniquilaron al terrorismo en cumplimiento de órdenes impartidas por el máximo nivel político del país.
  • En 1984 fueron juzgados y condenados los miembros de las Juntas Militares y cúpulas de organizaciones terroristas, algunos de ellos resultaron absueltos. El presidente Menem dictó los famosos indultos -tenía la facultad para hacerlo- que beneficiaron tanto a militares como terroristas que se encontraban cumpliendo una sentencia y quedaron todos en libertad. El país terminaba con sanar sus heridas y se había ingresado en una nueva etapa de concordia y convivencia política pacífica.
  • En 1982 la Junta Militar integrada por: Galtieri, Anaya y Lami Dozo decidió la recuperación de nuestras Islas Malvinas. El desigual conflicto se convirtió en una épica batalla librada por los argentinos contras fuerzas militares británicas que los superaban en varios aspectos… sufrimos una desgarradora derrota.
  • En 1983 con su poder político licuado, la Junta Militar de turno convocó a elecciones libres y democráticas. Devolviendo el poder a la ciudadanía. Fue el último gobierno militar de facto que terminó el 10 de diciembre de 1983.

En 2003 el poder de turno toma la decisión política de derogar las leyes dictadas por el Congreso Nacional y promulgadas por el gobierno de Raúl Alfonsín, nos referimos a las “Leyes de Obediencia Debida y Punto Final”. También anuló los indultos que beneficiaron a los militares, los ex terroristas continúan aún en libertad y el relato oficial pretende hacerlos pasar por “jóvenes idealistas”. En cambio se decidió la caza de brujas y la justicia -olvidando el estado de derecho- persiguió, investigó, encarceló, juzgó y sentenció a unos pocos; manteniendo a la mayoría a irregulares prisiones preventivas. La herida se abrió nuevamente y aún sangra, al día de la fecha han muerto en prisión 328 miembros del estado que derrotó al gobierno.

Desde nuestra humilde posición reclamamos justicia, que se cumpla la ley para todos y como dice su SS Francisco en la entrevista que le concedió a la señora Fernández Meijide: "hay que curar las heridas, pero sin dejar de mirar las cicatrices". El Papa está diciendo a todos los argentinos que sanemos el pasado, que haya nuevamente concordia y que escarmentemos  de nuestros errores, siempre se aprende de las experiencias sean ellas buenas o malas.


Cualquiera sea el gobierno que asuma el próximo 10 de diciembre del corriente año, tiene el desafío de curar esa herida abierta nuevamente, lograr la unión y bienestar del pueblo argentino en paz y concordia, bajo el imperio de la ley.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
por una Nueva Década en Paz y para Siempre 



GRACIELA FERNÁNDEZ MEIJIDE CUENTA SU ENCUENTRO "A SOLAS CON EL PAPA"

La ex diputada y militante de los Derechos Humanos visitó a Francisco en el Vaticano y dejó un conmovedor relato de su experiencia

La sala es pequeña y sencilla. Estamos en Santa Marta, el sitio donde Francisco ha decidido vivir junto a un centenar de religiosos con los que suele cruzarse e intercambiar saludos como si fueran parte de una gran familia. Son las 17 del miércoles 11 de noviembre y estoy apunto de concretar una de las entrevistas más importantes de mi vida. Conocí presidentes, ministros, secretarios de estado. La vida fue generosa conmigo. Sin embargo, este es un encuentro muy particular. Estoy en un momento especial de mi existencia. Siento que el tiempo vale más que nunca, necesito aprovecharlo, no desperdiciar un segundo. Quizá todavía pueda hacer cosas que sirvan a mi país, para unirlo, para cerrar algunas de las heridas que nos han dolido tanto. Encontrarme con Francisco me resulta una tarea estimulante. Lo conozco de cuando era simplemente monseñor Jorge Bergoglio y transitaba por los subtes y los cafés de Buenos Aires como un ciudadano más. Pero ahora es distinto, ahora es el jefe de los católicos del mundo, un jefe de Estado con enorme peso en la política mundial. No hago otra cosa que pensar cómo sacarle el máximo provecho al encuentro. Quiero irme del Vaticano y recordar cada detalle de esta cita. Quiero llevar a mi país su voz, su mensaje. Lo hago a título personal, pero soy conciente que represento a mucha gente de distintas formas de pensar y de sentir. Soy Graciela Fernánez Meijide , claro. Pero soy también parte del Club Político Argentino y de Argentina Debate. Soy una ciudadana argentina más, pero mi voz también puede expresar otras voces. Me acompaña mi amigo y compañero de mil batallas, Carlos Porroni.


El Papa conoce muy bien mi historia. A poco de iniciada la charla me dice: "hay que curar las heridas, pero sin dejar de mirar las cicatrices". Me parece una síntesis extraordinaria de lo que hemos tratado de aprender durante tantos años de lucha. Ante mi consulta sobre los traumas pendientes de los años '70, Francisco se muestra convencido de que el camino es la justicia y afirma: "el que está probado que cometió crímenes tiene que cumplir su condena". Al mismo tiempo expresa su enorme preocupación por aquellas personas detenidas por delitos de lesa humanidad que pasan muchos años de prisión sin procesos ni condenas. Todas las herramientas que posee el Código Procesal, explica, deben ser cumplidas estrictamente para evitar cualquier tipo de tentación de venganza.

Con Bergoglio es fácil sentirse cómodo, romper solemnidades y protocolos. Le muestro un mensaje de mi sobrino Lucas, de 6 años, en el que me dice: "El Papa es un gigante, te vas a enamorar de él".

Nos estuvimos riendo de la ocurrencia durante varios minutos.

Pero así como ríe, Francisco muestra una enorme firmeza cuando habla de los importantes desafíos que enfrenta la iglesia en ésta, una hora de profundas transformaciones. Cuando le consulto por el reciente escándalo de las filtraciones de secretos vaticanos, no se incomoda. Simplemente, contesta: "no me detendré pase lo que pase".

Al hablar de la situación de nuestro país, se muestra muy informado y convencido de que es necesario superar los niveles de violencia y confrontación que opacan la convivencia argentina. Más institucionalización, coincide, es la manera de superar los viejos traumas. También elogia las iniciativas que estamos promoviendo desde distintas entidades de la sociedad civil como el Club Político Argentino, Argentina Debate y otras entidades. "Así debe ser -dice- de abajo hacia arriba". Aunque sin estridencias, también se muestra confiado en que el camino de la justicia es el indicado para avanzar en el saneamiento de la vida pública. La corrupción es, sin dudas, una de sus mayores preocupaciones. Quiere predicar sencillez para cambiar los vicios de las cúpulas gobernantes.

Estamos llegando al final del encuentro. Fueron cincuenta minutos de una charla fascinante.

El Papa tiene preparados dos rosarios bendecidos para entregarnos a Carlos y a mí. Tomo coraje y le digo: "Uy, hay muchos amigos que me van a reclamar por qué no les llevé uno."

Se pone de pie, sale de la pequeña salita y vuelve a los pocos minutos con una bolsa repleta de crucifijos. Ni secretarios, ni asistentes, él mismo se encarga de la pequeña misión.

Con una bella sonrisa me dice finalmente que se siente feliz de haber conversado con nosotros.

Mientras subíamos las escaleras de Santa Marta, me doy vuelta para dar una última mirada a ese hombre gentil que me había permitido vivir uno de los acontecimientos más importantes de mi vida.

Ahí estaba Francisco, levantando su mano derecha. Diciendo, simplemente, chau. Como si estuviéramos saliendo de casa.


NOTA: Los destacados no corresponden a la nota original.

QUIERO VIVIR DE PIE...

El 11 de noviembre del presente año se realizó la asamblea anual de la Asociados de Abogados por la Justicia y la Concordia, en ella las palabras más destacadas fueron las pronunciadas por el Dr. Ricardo Saint Jean, las que dejamos a continuación:


Si me disculpan, voy a traer por unos momentos la memoria de mi padre.  General del Ejército argentino, del arma de Infantería, y abogado recibido en la Universidad del Litoral.

Detenido en el domicilio a sus 85 años, a los 90 fue llevado a juicio oral pese a contar con diez informes médico forenses que lo declaraban incapaz para estar en juicio. Con Alzhaimer, cardíaco, y sin movilidad en sus piernas, fue subido en silla de ruedas, esposado, al escenario de un teatro alquilado por el Poder Judicial, para ser exhibido como un esclavo en el circo, para deleite de un público vociferante.

No estaba solo.  En el juicio, detenidos y procesados como él, estaban oficiales y suboficiales de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, entre ellos un suboficial de más de 80 años, el Cabo Primero Patrau.  Y uno de sus más admirados colaboradores en la administración provincial, ex Juez que había condenado a guerrilleros terroristas, el Dr. Jaime Smart.

Como ustedes saben, cuando había transcurrido un año de juicio oral, les revocaron la detención domiciliaria por “peligro de fuga”.  Enterados de la orden, los abogados de Justicia y Concordia se ofrecieron a bloquear ellos mismos, con sus cuerpos, la entrada de la Policía en su domicilio.  Pero mis padres, agradecidos, no quisieron.  Smart fue enviado a Marcos Paz y mi padre y el Cabo Patrau al Hospital Penitenciario de Ezeiza donde otro Cabo, Norberto Cozzani, lo cuidaría paternalmente.  Los médicos no quisieron recibirlo en el estado en que se encontraba y se lo hicieron saber al Tribunal. Los jueces los convocaron para amedrentarlos, pero ellos resistieron.  A los cinco días tuvo una descompensación cardíaca y después de interminables idas y vueltas, fue enviado al hospital militar.  Cinco días después concurrieron allí los Jueces a ampliarle la declaración indagatoria.  Mi padre, cuando le avisé que venían, y pese a estar en tan lamentable estado, corrió las sábanas e intentó ponerse de pié: “no quiero que me vean así” me dijo.  Lo convencí para que permaneciera acostado.  Y me obedeció.  Cinco días después agonizaba, mientras una monja le tomaba la mano y le rezaba al oído, un rosario.  Murió en mis brazos y los de uno de mis hermanos.

Cuando en los 70 el comunismo internacional inició su ofensiva invadiendo los territorios desnuclearizados del mundo, para someter a los hombres a su doctrina de esclavitud,  Castro, Guevara, Santucho, y los que ellos sedujeron con sus ideas o con sus métodos, como Verbisky, Firmenich, Perdía, Bonasso y tantos otros, se equivocaron con la República Argentina.  Aquí había hombres a los que no iban a poder doblegar, porque habían sido formados bajo el grito sagrado fundacional de nuestra Patria: “libertad, libertad, libertad”.  Aquí había mujeres que nunca iban a permitir que un Estado ateo les arrebatara sus hijos para educarlos a su antojo, odiando a Dios.

A varios de ustedes les tocó enfrentarlos con la palabra, con la pluma, o en la cátedra.  En las cárceles hoy yacen aquellos a quienes les tocó enfrentarlos con las armas. No existió un sustento ético en la orden de batalla contra la guerrilla terrorista, pero eso no es ni puede ser nunca responsabilidad del subordinado; no obstante, ¿cómo hacer nosotros una crítica objetiva cuando tantos, en esas horas trágicas, se escondían por temor a perder la vida?; ¿cómo criticar los males producidos, cuando el Poder Judicial hoy día, con absoluta impunidad, los reprime aplicándoles retroactivamente la ley penal?; ¿cómo hacerlo cuando encarcelan a los ex Jueces y Fiscales que juzgaron a los terroristas que hoy nos gobiernan, y a los militares y policías que los combatieron en el período democrático?. ¿Cómo hacerlo si aprovechando la ilegalidad consagrada en estos procesos, se persigue a sindicalistas, sacerdotes, empresarios y dueños de medios de prensa considerados enemigos del gobierno? ¿Cómo detenernos a criticar si a todos ellos se los juzga con tipos penales no escritos, desconociendo esa y otras garantías constitucionales que rigen para el resto de los ciudadanos del mundo civilizado?; si sólo a ellos no les conceden excarcelaciones, libertades condicionales, salidas transitorias, se les niega el 2x1, se les prohíbe estudiar y se les niegan a los ancianos las detenciones domiciliarias? y sobre todo, cómo hacerlo cuando se los encierra y asesina en las prisiones como animales, en nombre de una política de derechos humanos?

Una política de Estado que se ha transformado en un plan criminal de persecución especialmente perverso, porque no lo protagonizan los enemigos de ayer, muchos de ellos autocríticos con sus ideas o sus métodos de entonces.  Lo hacen a través de parodias de juicios dirigidos por los corruptos o los que prefieren ignorar el Derecho para conservar el amenazado beneficio de la jubilación privilegiada.  Son Judas, traicionando aquello que debieran servir, vendiendo por 30 monedas, al que no debiera ser condenado.

Formamos esta Asociación para salir en auxilio de la Justicia y de la necesaria concordia entre los argentinos. Denunciamos aquí y en el exterior, una y otra vez, el camino de la ilegalidad y de la destrucción del Derecho que están realizando con y a través de ellos. Y adoptamos a su vez la conducta del Cireneo, visitándolos en Marcos Paz, en Ezeiza y en Villa Devoto  todas las semanas, sin falta, desde nuestro nacimiento como Asociación, visitando cuando podemos el interior del país.  Nuestra tarea no sólo es denunciar lo que ocurre sino acompañarlos, escucharlos, hacernos presentes, brindarles el agradecimiento y el reconocimiento por haber combatido por la libertad.  Somos para ellos, los únicos sonidos amigos que escuchan en su camino de cruz.

Se abre ahora una luz de esperanza, luego de doce años de una discriminación inédita en la historia judicial de nuestro país.  Pero mucho de la victoria, y a veces temo que casi toda ella, depende de nuestra insistencia, de nuestra fuerza, de nuestra porfía. Yo, con el inmenso agradecimiento que siento por todos ustedes, por el ejemplo de coraje que me dan especialmente algunos de los que veo esta noche, los exhorto a levantar otra vez la guardia, a embestir nuevamente, a que no cesemos en nuestra lucha hasta lograr la victoria, que es el restablecimiento del Derecho para todos los argentinos.  
Las denuncias internacionales que hacemos, los pedidos de juicio político que estamos preparando, los petitorios urgentes a las Comisiones de Justicia y Asuntos Constitucionales de ambas Cámaras y nuestros llamados a los organismos humanitarios del exterior, entre ellos la Cruz Roja Internacional, debieran llevar la firma de cien o doscientos de nosotros. 

Ya sé que algunos habrán imaginado y querido que esta etapa de la vida fuera más tranquila, más pacífica.  O que otros se encarguen de la tarea.  Pero como dice Victor Frankl, no somos nosotros los que debemos hacerle preguntas a la vida, es la vida la que nos interpela a cada momento. A nosotros nos cabe solamente dar la respuesta adecuada.

¿Quién ha dicho que íbamos a tener una vejez tranquila? El cabo Patrau, mi padre, y más de 2.000 hombres fueron asesinados o están siendo atormentados hoy día por quienes dicen servir a la Justicia, aquella a la cual nos consagramos cuando abrazamos esta profesión. ¿Cómo permanecer impasibles ante esto? ¿Quién ha dicho que existe un momento en la vida en el cual debemos renunciar a lo que amamos? Aquí, en este recinto, no hay uno solo que haya nacido para ser esclavo.  Ni hay uno solo que quiera vivir indiferente al dolor de tantos, ni que quiera ceder ante el empuje de los perversos, los cobardes y los traidores.

Los que hace tiempo hicimos el servicio militar, que aquí debemos ser mayoría, juramos una vez solemnemente a la Patria, seguir constantemente su bandera, y defenderla, hasta perder la vida.  Que sepan los equivocados, que aquí… aquí nadie ha muerto todavía. 

“En esa noche en la que El se hizo débil y capaz de sufrir, me hizo a mí valiente y me revistió con sus armas. Desde ese momento no fui vencida en ningún combate.  Por el contrario, marché de victoria en victoria y comencé una carrera de gigante…”.  Esta frase no la pronunció ningún General victorioso.  Pertenece a Sta. Teresita del Niño Jesús, una mujer que ganó el mayor de los combates… se venció a sí misma.  Los invito, los invitamos, a renovar nuestros ideales.  A volver a ser jóvenes.  Jóvenes de todas las edades.  A desangrar nuestros nudillos golpeando las puertas de lo que hasta ahora ha parecido ser una inexpugnable fortaleza; a embestir contra sus anchos muros. A librar todas las batallas, las grandes y las pequeñas, a incomodarnos, a viajar hasta la cárcel, a consolar a los que están sufriendo. Los invitamos a no quejarnos más de la inacción de otros, a no sentarnos en el sillón para nuestra lectura preferida o al almuerzo familiar, a no sumergirnos en nuestras limpias sábanas para dormir en la noche, sin pensar previamente en estos hombres y, al que crea, a rezar por ellos. Y al que no tenga tiempo, a que done dinero para los gastos de la Asociación, que van directo a la lucha por la libertad y la Justicia, que la caridad, como ha dicho San Pedro, “cubre la multitud de nuestros pecados”.


Estamos, señores, ante la batalla final. O triunfan los postulados de nuestra Constitución, en la que Dios sigue siendo reconocido como fuente de toda razón y justicia, y por su intermedio, el diálogo fraterno, la unión y la reconciliación de los argentinos, o continuará triunfando el odio, la ilegalidad, el Mal.

Ahora hay Jueces y políticos que vuelven a decirnos que esta calamidad va tener una solución política. No podemos aceptar promesas cuando, casi todas las semanas, se agrega un prisionero más a la siniestra lista de más de 300 detenidos muertos.  La nueva Corte debe abandonar el criterio de la mayoría kirchnerista en “Arancibia Clavel”, y reestablecer los criterios sentados por los Dres. Fayt, Belluscio y Vázquez en ese fallo, como modo de reestablecer las garantías constitucionales avasalladas y la igualdad ante la ley para todos los ciudadanos, o declarar -a 40 años de los hechos- la insubsistencia de las acciones, y terminar con estos juicios ilegales y vergonzosos.

Personalmente no quiero que esta etapa crucial del combate, al igual que la muerte, me sorprenda en una cama, paralizado, inactivo. Y no hablo del modo en que quisiera morir, lo que digo es que quiero vivir de tal forma que los que quieran vencerme me encuentren, como quiso mi padre, de pié.  Como hicieron los suboficiales y oficiales de todas las Policías del país, de la Gendarmería, la Prefectura o los agentes penitenciarios presos, hombres de la Argentina profunda, que sacaron sus machetes cuando la Patria los llamó al sacrificio. Porque quiero vivir como los Dres. Julio Alfonso y Jorge Halperín, que no faltan un solo día de la semana en la visita a los presos políticos. Como Oscar Vigliani y Alfredo Solari, dando la vida por los demás. Como Jaime Smart y tantos otros presos que ejercen virtudes heroicas consolando y asistiendo a otros en medio de la desolación y la desgracia. Quiero vivir con la disposición de estos abogados que se ofrecieron a ser murallas humanas contra las fuerzas del mal.  Quiero vivir como esa monja que en lugar tomarse un respiro, prefirió rezar al oído de mi padre agonizante, o como esos médicos que se mantuvieron firmes, dispuestos a mantener los principios de su profesión, afrontando las presiones, los odios, la propia conveniencia inmediata. Quiero descansar sólo después de haber luchado con todas mis fuerzas, porque ya he vivido lo suficiente como para saber que no es lo mismo la tranquilidad, que la paz…y que a ella no se llega sino después de haberlo entregado todo.

Finalmente, quiero que cuando llegue la ley y la concordia nuevamente a gobernar la Patria, que no lleve la victoria nuestro nombre, el de ninguno de nosotros. Que a otros les agradezcan.  Nuestra conquista habrá sido la más modesta, la de haber mantenido la llama prendida en momentos en que parecía apagarse definitivamente.  Nuestro valor habrá sido el de uno solo de nosotros, un solo abogado frente al Poder, clamando por una misma ley para todos.  Nuestro triunfo habrá sido el grito que nadie quería escuchar, el paño frío sobre la herida, el consuelo para el afligido, los momentos de calvario compartidos. En la hora de la victoria, la magnitud del gozo, dependerá siempre del modo en que hayamos sabido comportarnos en los momentos más difíciles. 

Que los mártires argentinos de uno y otro bando, que transitan ahora juntos, hermanados, los nuevos senderos de la Luz y de la Vida, que es eterna, nos iluminen en este tramo crucial de la batalla, para que seamos, todos nosotros, dignos de perseverar sosteniendo las banderas de la Justicia y la Concordia hasta el final.    


Ricardo Saint Jean      

INVITACIÓN - CONFERENCIA - ENTRADA LIBRE CON CONFIRMACIÓN

Centro de Estudios en
Historia, Política y Derechos Humanos de Salta


 
Salta - República Argentina