lunes, 26 de agosto de 2013

EL EFECTO DOMINÓ


Nuestro amigo el señor contraalmirante (R) VGM Juan Carlos Neves, a quién tuvimos el placer de conocer siendo muy jóvenes cuando era abanderado de la Escuela Naval Militar y ya se destacaba entre sus compañeros, nos hizo llegar su nota semanal… la que escribe como presidente del Partido Político Nueva Unión Ciudadana (NUC).


Nuevamente Neves se destaca por su honorabilidad, claridad, visión, inteligencia y sencillez para encarar un tema. Una nota para tener en cuenta, especialmente a la hora de hacer el análisis de la situación argentina en su conjunto y ¿por qué estamos donde estamos? En el último párrafo nos muestra un sereno camino y futuro reflexivo… elegir a los mejores y más convenientes a la Patria y no a intereses mezquinos y partidarios. Propone que tengamos una mirada superadora del horizonte político.

Felicitaciones amigo, haber sido un brillante hombre de armas no la invalida para hacer política, le brinda una experiencia y vivencias que otros no tienen. Continúe su lucha… la misma dejará un promisorio legado.

Muy cordialmente,
Pacificación Nacional Definitiva
por una Nueva Década en Paz y para Siempre


EL EFECTO DOMINÓ

Queridos amigos:

El “efecto dominó” al que también suele llamarse efecto “bola de nieve”, hace referencia a un suceso primario que provoca en forma concatenada otros efectos secundarios que se van sumando hasta generar un suceso de mucha mayor magnitud. Se puede aplicar en el ámbito de la accidentología, en el ámbito social o en el político, campo este último en que explicaría la fantástica velocidad de cambio   con que se produce el crecimiento y caída de determinados regímenes superando la evolución lógica previsible.


En el caso que nos ocupa, el suceso primario fue el hecho de que Sergio Massa ratificó su candidatura a diputado nacional en las primarias abiertas de la provincia de Buenos Aires, obteniendo mayor número de votos que cualquiera de sus oponentes, incluyendo a los candidatos del oficialismo.



A partir de allí la bola de nieve comenzó a rodar.  La señora presidente dio variadas muestras de irritación, descubrió la necesidad de recuperar la iniciativa política y, como suele suceder en estos casos, el gobierno lanzó acusaciones de golpe institucional y denuncias de un plan desestabilizador, poniendo en evidencia su súbita debilidad. 


La oposición, asumiendo que alcanzará mayoría en la Cámara de Diputados, comenzó a discutir extemporáneamente si esta vez asumirá la presidencia de dicha Cámara. Los candidatos presidenciables, dando por descontada la inviabilidad de la continuidad del ciclo del gobierno actual pero olvidando que esta administración aún cuenta con  más de dos años de gestión y la elección general de Octubre, comenzaron a marcar la cancha, notable en el caso del otrora prudente Daniel Scioli que ya pidió acompañamiento para  que el gobierno termine bien su gestión e internas en el caducado partido justicialista.  Mauricio Macri ratificó el viernes la vigencia de su proyecto presidencial. Sergio Massa, que aún tiene que ganar las elecciones generales a diputado en su provincia, ya es visto por amplios sectores como el futuro presidente, razón por la cual se iniciaron los reposicionamientos de dirigentes que, como en el caso de los líderes de la agrupación Juan Domingo, corrieron a su lado abandonando  a Daniel Scioli quien era  hasta ayer su jefe político. La velocidad de los acontecimientos es tal que hay sectores políticos que piensan que las elecciones del 2015 deberían adelantarse dando motivos para validar la paranoia oficialista de una democracia bajo ataque.


Lo cierto es que el momento requiere calma  y reflexión. El gobierno tiene poco para  dar porque la situación económica del país le ata las manos pero aún conserva una enorme capacidad de hacer daño y controla instrumentos como los decretos de necesidad y urgencia que utiliza sin pudor. Con uno de esos decretos, el 1170/13, el gobierno aumentó en 23.000 millones de pesos el gasto público utilizando fondos del Banco Central que utilizó para aumentos de sueldos, subsidios y obras en provincias  e intendencias de aliados electorales. Este dispendio aumenta en 11.000 millones de pesos el déficit  fiscal  pero no asegura recursos hasta más allá de Octubre. La lectura de estos números revela que el gobierno está dispuesto a arrasar con reservas y equilibrios fiscales en su afán de cambiar los resultados en las urnas con una total falta de seriedad y responsabilidad.


Otra demostración de que el gobierno no se da por vencido fue la reunión con empresarios, banqueros  y sindicalistas, organizada por la presidente en la provincia de Santa Cruz con el pomposo nombre de “diálogo social”, efectuada en ocasión de firmar la adjudicación para la construcción de dos represas. Sin embargo, estos intentos de interpretar el ánimo dialoguista expresado por algunos candidatos  a los que la sociedad pareció premiar en las urnas, se dan de bruces con la naturaleza inconmovible del personalismo y el autoritarismo presidencial. La contradicción comenzó con la exclusión al llamado no solo de los protagonistas políticos  que resultan esenciales para el diálogo, sino también de los sindicalistas “opositores” y hasta del sector más dinámico de la economía como lo es el agropecuario.


En su afán de pretender atender las demandas sociales, la presidente habló de su voluntad política de bajar el impuesto a las ganancias, bandera de la oposición y los sindicatos, pero apeló para ello a requerir propuestas de  parte de los empresarios. Es obvio que para compensar los fondos que dejen de recaudarse del impuesto a las ganancias las propuestas deben surgir en el Congreso nacional y tomar la forma de ahorro en el gasto público o de una modificación en la matriz impositiva. Es insólito observar que quien reniega de las corporaciones, recurra a ellas para  solucionar problemas sociales que son notoriamente ajenos a sus incumbencias.


Como remate, en su habitual discurso auto elogioso, la señora presidente superó algunas de sus frecuentes exageraciones comparando nuestra solvencia económica con la de Australia y Canadá, con el único dato de la relación entre reservas  y Producto Bruto Interno. El conjunto de los indicadores económicos entre esos dos países y el nuestro es desgraciadamente tan favorable a ellos, que la mención de la señora Cristina Fernández ya no solo fue objeto de airadas réplicas sino de burlas, chanzas e ironías, que en nada favorecen a la imagen presidencial. En su afán de apoyar a su líder, la señora Débora Giorgi, Ministra de Industria, extendió al día siguiente la comparación con indicadores de Estados Unidos y Europa con lo que el dislate fue completo.


Mientras esto   sucedía en Santa Cruz, tuvimos el placer de acompañar a los referentes de la mesa de Enlace en una presentación en que expresaron su disgusto por su exclusión del diálogo y ofrecieron una conferencia ilustrativa de los cientos de miles de millones de pesos  que el campo pone en juego cada año en su apuesta de riesgo para producir alimentos que no solo cubren ampliamente las necesidades de la Argentina  sino que son  su principal fuente de ingreso de divisas. Escuchar y contemplar el empuje, la claridad conceptual y la capacidad técnica de los referentes  de este sector, nos abre la esperanza de que podrán ser un factor de despegue una vez que lleguen al gobierno  dirigentes que jueguen a favor y no en contra del sector agropecuario, como lamentablemente sucede ahora.














Es claro y evidente que las razones por las que el gobierno perdió la mitad de los votos que obtuvo en la elección del 2011 no obedecen a que la ciudadanía no perciba las bondades del modelo o a que el grupo Clarín y el periodista Jorge Lanata (tildado esta semana de “sicario mediático” en un comunicado oficial) la confundan con sus denuncias. El origen del rechazo electoral se origina en lo cotidiano en la disconformidad por el  ICI (Inseguridad, Corrupción, Inflación), en el temor a la presión institucional sobre la justicia y los medios y el hartazgo de los elementos coadyuvantes al relato como la mentira estadística, el abuso de la cadena nacional y los discursos de tono agresivo. A los más informados se le suma la preocupación por la disminución del 28 por ciento en el saldo comercial o el nuevo fallo desfavorable en la disputa con los tenedores de bonos impagos que aprieta un lazo capaz de estrangularnos cuando llegue la hora de pagar. Todo sazonado con presos que escapan de los penales de máxima seguridad con toda facilidad, huelgas de tono político que frenan los subterráneos y la proliferación de agrupaciones denominadas “kirchneristas”, que gozan de financiación abundante  y atemorizan con su agresiva militancia rentada.


En el plano ideológico, en que se mezclan las concesiones a las agrupaciones de izquierda con la visión unilateral de los derechos humanos, los medios se han hecho eco de las irregularidades denunciadas en el juicio al presidente del Ingenio Ledesma, Carlos Pedro Blaquier, acusado de haber prestado camionetas a gendarmería para efectuar detenciones en 1976 y atribuyendo a este hecho, no comprobado, la entidad de delito de lesa humanidad. Al desmesurado abuso de esa figura jurídica se suman hechos tales como que el nuevo fiscal de la causa era abogado querellante hasta que se lo designó para ese cargo. Nos indignamos con estas arbitrariedades y celebramos que se hagan públicas pero no dejamos de notar que innumerables abusos jurídicos   de similar  naturaleza, y aun peores, son cometidos en detrimento de los militares acusados por delitos de lesa humanidad en medio de un silencio absoluto y sin que las denuncias formuladas, que incluyen hasta el reclamo por el elemental derecho a ser atendidos en sus hospitales, encuentren el más mínimo eco en los medios, en las agrupaciones de derechos humanos, en los jueces de garantías o en la Corte Suprema ante la que han sido denunciadas. Pareciera que ensañarse con los militares y ensalzar a los terroristas de los años setenta es considerado lo políticamente correcto a juzgar por la actitud de los medios y el olvido del tema en los dirigentes y candidatos.


En las elecciones que se vienen la ciudadanía debe procurar llevar al Congreso a diputados y senadores que por su historia y trayectoria den garantías de no sumarse a la “transa”  y la complicidad. Legisladores capaces de denunciar la corrupción y de señalar los abusos a los derechos humanos, cualquiera sea el sector que los sufre.  Sería  importante no dejarse arrastrar por el efecto dominó y procurar elegir con sensatez, entendiendo que en una elección legislativa hay que poner los mejores hombres en el Congreso para poder frenar los abusos del ejecutivo y evitar un indeseado derrumbe anticipado de la economía y un colapso del que luego costará mucho salir. Tenemos un desafío y hay que asumirlo con mirada curva para ver más allá del horizonte cercano.

Un abrazo para todos.

Juan  Carlos Neves, Nueva Unión Ciudadana


NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.