sábado, 15 de febrero de 2014

CUIDAR PRECIOS Y DESCUIDARSE

13/02/2014                                                                 
Por Mauricio Ortín

De repente, según el gobierno nacional, los empresarios y los “formadores de precios” se despertaron endiablados y con el pie izquierdo, y cual lobisones en noche de luna llena decidieron, de una, subir locamente los precios. Rápida de reflejos, la presidente llamó a la población a “cuidar los precios” denunciando a los especuladores que quieren multiplicar sus ganancias a costilla de los que menos tienen. Sostuvo, entre otras cosas, que no hay razón de peso para que la yerba mate, que se produce en la Argentina, aumente de precio. Señaló también, citando al economista Miguel Bein,  que el gobierno y la Argentina sufrieron un golpe de mercado (del que salieron airosos) y que a los argentinos les llenan la cabeza.


Una sensación de deja vu o de “a esta película ya la vi” me asaltó mientras escuchaba el discurso de Cristina. Es que la inflación, en los últimos sesenta años, es un fenómeno endémico en la Argentina. Sus  causas, según  mi opinión, serían  tres. La primera: los argentinos son personas holgazanas que no cuidan los precios. La segunda: los empresarios argentinos tienen una predisposición genética a aumentar los precios (primera y segunda se potencian). Tercera: los gobiernos populistas, en función de “comprar” votos, gastan más de lo que recaudan con los impuestos y, en consecuencia, cubren el déficit mediante la maquinita de hacer billetes. La devaluación del  30% significa el incremento  en la misma proporción de la cantidad de dinero circulante, del cual  el Estado dispone  esa cantidad para adquirir bienes de los privados. Un Estado 30% más rico implica, necesariamente, que los ciudadanos (empresarios, obreros, campesinos, etcétera) sean el  30% más pobres. El incremento de  los precios es la defensa al  asalto estatal a la propiedad privada. De allí que, o la presidente cree que los argentinos somos imbéciles o la presidente sabe tanto de economía como de química (H2O debe leerse: hache dos cero: Cristina dixit). Que la yerba mate no deba aumentar porque se produce totalmente en la Argentina, es un disparate que no resiste el menor análisis. Primero, porque si no aumenta de precio, éste automáticamente se retrasa respecto de los otros bienes; segundo y en consecuencia, los trabajadores de la yerba no recibirán aumento de sus salarios acorde con el resto de los precios recién incrementados. Además, si el argumento de la presidente y de los “intelectuales” de Carta Abierta fuera cierto (y no lo que es, es decir una burrada de antología) el precio de la yerba mate debería ser  el mismo  que el  vigente  antes del “rodrigazo” del año 1975.


La inflación y las crisis económicas son de responsabilidad casi absoluta de los políticos debidas a  sus pésimas gestiones de gobierno. Para el kirchnerismo no hay plata ni cosecha que alcance. Cristina, Néstor y sus cómplices a lo largo de doce años han destruido moral y económicamente al país. Ahora, cuando la crisis resulta inocultable, les urge buscar culpables. Como con Clarín no alcanza, ahora agregan  en la picota a los empresarios e instruyen  a “la gilada” a cuidar precios y a repetir a coro la gansada de que la yerba mate no tiene porqué aumentar.


Juan Bautista Alberdi, el gran pensador argentino, sostenía que frente al Estado ladrón “El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca...”  Es necesario  estar atentos y cuidar los precios pero, más importante aún, debemos cuidarnos de ciertos políticos en el poder.