viernes, 26 de febrero de 2016

MI ADIOS AL SEÑOR CAPITAN EDMUNDO NUÑEZ


Hoy perdí un nuevo amigo, en el devenir de una vida golpeada por hechos que no buscamos. Tuvimos que vivir una parte de la historia de nuestro país, signado por una violencia que no gestamos. Fuimos víctima, como país, como sociedad republicana, por un terrorismo brutal, hoy oculto bajo el olvido de la ciudadanía.

¿Quién reconoce hoy que nuestro país fue víctima del terror de los años 70?

Solo quienes defendieron la República. Ingrata sociedad frente a la acción del Soldado, a quien hay que castigar por haber defendido el Estado de Derecho. Al Soldado que fue enviado por su propio gobierno a defender no solo al país sino a su estilo de vida en democracia.

Uno de ellos fue el CN Núñez, a quien venimos a despedir solo quienes estamos en libertad. No lo acompañamos quienes como él estamos calificados como Terroristas de Estado, concepción que solo existe en nuestro país.

Sin embargo, no es esa una forma de alejarnos del sentir que nos une hasta lo profundo de nuestra mismidad.

Nunca dejaremos de tener en nuestra vivida memoria, las largas horas que vivimos juntos, unidos en lo más profundo de nuestro ser.

También llevaremos consigo el olvido de la sociedad, de la Iglesia capaz de olvidar hasta lo más sagrado por conservar su existencia. Hoy ya no recuerda que muchos de sus miembros dieron misa con fusiles en el altar, como los Mons. Casaldaliga  y Angelelli.

De los intelectuales nada podemos esperar, sumidos en especulaciones y conceptos solo comprensibles per se, Karl R. Popper dixit.

Las largas charlas durante los almuerzos en Comodoro Py, me permitieron conocer en profundidad su hombría de bien como persona.

Señor Capitán Núñez, despido con gran tristeza su partida, en lo esencial de mis sentimientos y con la alegría de que siempre será el Capitán.

La existencia misma se ha encargado de burlar la maldad de despojarlo de su condición de militar, por acción de una justicia injusta.

Buenos vientos en ese viaje que hoy emprende. Y estamos seguros que nos encontraremos en la eternidad de nuestro ser.

Hasta vernos nuevamente en el eterno devenir de la existencia del hombre en su esencia.

Tomás Carrizo
CFCPTE