miércoles, 19 de septiembre de 2012

El Quinto Poder

Si aceptamos que bien o mal el periodismo es el cuarto poder en todo país donde rija la tradicional y democrática división de poderes -e incluso en las monarquías constitucionales- los hechos ocurridos en todo el territorio nacional el último jueves 13 S nos permiten afirmar que lo que se da en llamar las modernas redes sociales se ha convertido en un quinto poder. Su construcción está destinada no sólo a transformar los estilos de convivencia a los que todavía estamos acostumbrados, sino que también han llegado para transformar los usos y costumbres políticas tal como las hemos conocido hasta hoy.

Si bien la concentración que alteró para siempre la confianza que el kirchnerismo había constituido en sí mismo y para sí mismo fue espontánea, hay que reconocer que las voces que dieron dinamismo al suceso fueron las que uno a uno conectaron a los usuarios entre sí para concurrir a una manifestación que, aunque fue anunciada tiempo atrás, careció de dirigentes efectivos y operaciones que facilitaran y orientaran a la gente. Lo único cierto, concreto y mensurable, fue el deseo íntimo de vencer al miedo amenazante que hasta ese día había regido para las distintas expresiones; salvo excepciones -incluso periodísticas- sólo un puñado de argentinas y argentinos realizaban y realizan actos de resistencia a la prepotencia y avasallamiento. El ámbito legislativo también es testigo de algunos actos de rebeldía -Lilita Carrió es uno de ellos- pero el conjunto ha sido y es lamentable hasta tal punto que a esta altura de los acontecimientos el gran público, que no siempre se detiene a analizar estos problemas, tuvo y tiene la percepción de lo que fácilmente podemos definir como un desastre nacional. Sin reservas a la vista, sin figuras dirigenciales capaces de agrupar voluntades, “la gente de todos los días” tuvo claramente la percepción de este escenario donde algunos nombres giran como calesitas en un movimiento sin salida. Los periodistas son más claros e importantes que la mayoría de los protagonistas políticos y facilitan que tomen cuerpo las quejas contenidas por la corrupción, el latrocinio y las mentiras públicas. Los enriquecimientos ilícitos y fabulosos son denunciados sin resultado alguno y el tobogán de la decadencia nos lleva hacia un abismo interminable cargado de presagios. La inseguridad contribuye a marcar el ritmo.

Nos quedamos cortos en la definición. En lo que parece un caso terminal, apareció el imprevisto. Mientras avanzaba el jueves 13 S, los servicios de inteligencia no alertaron en profundidad lo que iba a suceder al concluir el día. Precavida, Cristina había resuelto viajar a San Juan para no ser testigo de la manifestación de protesta que rodearía a la quinta presidencial de Olivos y sólo cuando se disponía a volver le llegó la información de lo que comenzaba a adquirir forma en la Capital Federal y en las ciudades, pueblos y plazas de todo el país. Entonces giró hacia El Calafate y allí debió soportar las noticias que le sonaron increíbles. Las redes sociales lo hicieron posible y sólo entonces se corporizó uno de los acontecimientos políticos más importante de los últimos tiempos y que ya tiene prevista su sucesión para el venidero 1° de octubre.

Las redes hicieron su trabajo pero también hubo numerosos componentes que alimentaron la concentración, que ya produjo divisiones internas en el seno de la cúspide gubernamental, en tanto Cristina aún no se repuso de lo que jamás sospechó. En primer lugar, debemos mencionar el componente anárquico con que el gobierno comenzó a vestirse cada vez con mayor nitidez. Los ministros y secretarios ya discuten entre sí con fuerza y empecinamiento, Cristina hace esfuerzos por mantenerse como único y excluyente factor referencial, pero ya son varios los gobernadores que se conectan y hablan con voces cada vez más altas, preocupados por el desordenado curso de los acontecimientos y los reclamos sociales cada vez más exigentes. Paralelos a la progresiva escasez de dinero líquido, los subsidios que hasta ahora contuvieron una explosión comienzan a escasear y ya requieren, sino un ahorro, sí una mayor prudencia en el gasto, algo a lo que la viuda no está acostumbrada.

En tanto, por causas concurrentes, el auge del delito agobia a la opinión pública, Cristina se vio obligada a aceptar los servicios en el área de Seguridad al teniente coronel Sergio Berni, un médico que militó en el sector carapintada del Ejército y mantiene firme su estilo militar. El tema no es para menos. Hombres de notable influencia en el kirchnerismo, como lo es Horacio Verbitsky, de experimentada actuación en el terrorismo montonero, no soporta esta circunstancia y utiliza a Página 12 para efectuar tiros por elevación contra quienes son sostenedores -y gozadores- firmes del gobierno. El revuelo que existe dentro de La Cámpora, el grupo Kolina que responde a la eterna candidata Alicia Kirchner o los sectores fieles a los “Negros de Mierda”, Barrios de Pie de Luis D’Elía, Tupac Amaru, de Milagro Sala, o similares, se quejan ante el imprudente joven Abal Medina, que al igual que Aníbal Fernández desestimó con argumentos fútiles y superficiales el profundo contenido que generó el jueves 13 S.

Hoy por hoy, no exageramos si decimos que el gobierno, con Cristina a la cabeza, no sabe realmente qué actitud adoptar frente al escenario que comenzó a tomar forma. Después de la iniciativa adoptada por el cordobés Juan José de la Sota, las jugarretas con que quieren someterlo a Peralta en Santa Cruz y el éxito que la movilización tuvo en provincias diversas, el panorama se modificó -todavía con bastante gradualidad- pero todos miran con aprensión hacia el 1° de octubre, en la inteligencia de que desde ahora las cosas serán distintas. Ya son distintas. No se trata ni de izquierda, ni de derecha ni de centro. Tampoco de alianzas políticas o partidarias ni de conversaciones entre los dirigentes de siempre. En el ámbito gremial existe una percepción más aproximada a la realidad pero, pese a ese mayor pragmatismo, tampoco allí las tienen todas consigo.

La comidilla de lo que sucede en la Argentina llena las conversaciones en el mundo diplomático local, donde cada día se sigue con menos atención lo que se juzga como un disparate substancial lo que ocurre en la Argentina, excepto la reacción que comenzó a dibujarse el jueves. La atención está puesta en algún nombre nuevo que prometa el futuro, en el fracaso, hasta ahora, con que se puso en el énfasis de las palabras huecas al intento de lograr una lucha de clases que marca el ritmo de las acciones de algunos en el poder y finalmente, se saben dos cosas realmente ciertas: en diciembre, la denominada ley de medios requerirá de un año más para implementarse legalmente, en tanto otras malas noticias llegan a la Casa Rosada a través de los testimonios externos negativos para nuestra economía por la falsificación de los datos con que es informada. Lapsos demasiado extensos y extremadamente cortos para una administración incapaz y decadente como es la que vivimos.

    Carlos Manuel Acuña



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