sábado, 2 de mayo de 2015

ACTO CONMEMORATIVO, EN MARCOS PAZ, DEL HUNDIMIENTO DEL CRUCERO ARA GENERAL BELGRANO


El 2 de mayo el Crucero A.R.A. General Belgrano recibió el ataque con torpedos del submarino HMS Conqueror. Llegadas las 16.00 (hora en Argentina) de ese 2 de mayo, Margaret Thatcher se reunía con su gabinete de guerra en la residencia campestre de Checkers, cercana a Londres. Fue durante esa reunión que se impartió la orden al comandante del Conqueror de hundir el crucero. Los dos torpedos de los tres lanzados que recibió el crucero determinaron su hundimiento con la pérdida de 323 de sus tripulantes.

En el penal de Marcos Paz, los Soldados de la Patria detenidos como Presos Políticos, rindieron su tributo al legendario y querido buque de nuestra Armada mediante un acto conmemorativo de su hundimiento en las gélidas aguas de Atlántico Sur. He aquí el recuerdo de Alfredo Astiz:

SACRIFICIO

Un buque está compuesto del noble material con que fue construido y de su tripulación, configurándose como resultado una fuerte aleación.

En el caso de los buques de guerra, esta aleación es de vital importancia para la más importante misión que ellos deben cumplir: COMBATIR.

Desde ese punto de vista, el Crucero A.R.A. General Belgrano fue un buque afortunado. Siempre tuvo, a lo largo de su existencia buenos tripulantes, que hicieron que el Crucero cumpliera dignamente su tarea en todos los mares en que le tocó navegar, no importando el pabellón que ondeara en el tope de su pico o en su popa.

En el momento de su final, el Crucero se encontraba cumpliendo con el deber de defender una parte de nuestra Patria del ataque de una potencia extranjera. Un buque de guerra con esa trayectoria tuvo un final doloroso, pero acorde con la dignidad de su existencia. Se hundió en combate, con nuestra Bandera de Guerra ondeando al tope, evocando las enseñanzas de Brown, Espora, Rosales y tantos otros héroes que defendieron nuestra Nación, por lo que continuará navegando eternamente por las páginas de nuestra historia.


A pesar de estar herido de muerte por dos torpedos, el noble buque, hizo los esfuerzos necesarios para retrasar su hundimiento, permitiendo que la mayor parte de la tripulación pudiera abandonarlo, a pesar de la tormenta y de las condiciones gélidas de temperatura en que se encontraba.

Sin embargo, lamentablemente con él se hundieron muchos de sus tripulantes. En esos marinos, que dieron todo por la defensa de la Patria, están simbolizados todos los argentinos, tanto civiles como militares, de cualquier Fuerza o Servicio que dieron su vida durante el Conflicto del Atlántico Sur.

Se podrá discutir indefinidamente sobre si era el momento conveniente para la recuperación de nuestros territorios usurpados. Lo que es indiscutible es la validez de nuestros derechos sobre esos territorios y el respeto que se merecen los que perdieron su vida en su recuperación y su posterior defensa.

Más allá de estas consideraciones, los muertos que padecimos en esas acciones son un hecho irremediable. Para comprender la magnitud e importancia del sacrificio de todos esos argentinos, debemos recordar que a lo largo de la historia del mundo, los países más trascendentes a menudo tuvieron que aceptar la gran pérdida que significaba para ellos la vida de sus hijos, para lograr su supervivencia y su éxito como nación. Lo que nunca se permitieron esas naciones era la dilapidación de ese magno sacrificio.

Esa cuota de sangre era considerada como el tributo más grande y doloroso que un país tenía para ofrendar.
Lamentablemente, parece que en nuestra Nación, algunos personajes se han olvidado de esos santos valores, manifestando que nuestros combatientes pelearon como héroes. A estas personas no les importa el daño que su conducta le puede producir a los intereses de la Patria con tal de satisfacer sus propias ambiciones políticas personales, y lo más penoso e Inaceptable, a causa de su desmesurado egoísmo, permitiendo el olvido de nuestros héroes y transformando su muerte en un acto inútil.

Es más, a veces esos argentinos tienen hasta el descaro de afirmar que las acciones en el Atlántico Sur fueron un retroceso para la recuperación de nuestros territorios, convirtiéndose en aliados, voluntaria o involuntaria de la potencia usurpadora que, por su propia historia, conoce perfectamente el inmenso valor de la sangre derramada por sus soldados, a la cual siempre respetaron y nunca olvidaron. Por eso están deseosos de que nosotros menospreciemos la sangre de nuestros combatientes, sacrificio supremo que es lo que le da más valor a nuestro reclamo por la recuperación de nuestros territorios ocupados.

Yo les diría a esos oscuros personajes que habitan nuestra Patria que le pregunten a los combatientes, de cualquier jerarquía, incluyendo a los valerosos conscriptos y a los civiles, si lucharon en vano. NO, ellos saben que lucharon por una causa justa y quieren que el sacrificio de todos los que participaron de esa gesta, tanto los que murieron como los que lograron sobrevivir sea reconocido y valorado, no como un lamentable ejercicio de compasión, sino por lo que fue: Un paso vital para que la potencia colonial reconozca nuestra soberanía sobre las islas. No hay más que recordar la llegada de los valerosos náufragos del emblemático crucero al puerto de Ushuaia, donde gallardamente, a pesar del trance que habían vivido, entonaron formados desde el muelle la Marcha de la Armada.

Consecuentemente, no hacer valer la memoria de nuestros muertos, invocando los derechos que fortalecieron con su sacrificio, es una falta de respeto para esos civiles y militares, que dieron todo en la defensa de nuestra Patria.

Por eso, el mejor reconocimiento que le podemos hacer a la tripulación del Crucero A.R.A. General Belgrano, sobre todo a los que dieron su vida, y por extensión a todos los combatientes argentinos, es el reconocimiento de que su muerte no fue en vano, sino que se suma al sacrificio de todos los argentinos de bien que, a lo largo de nuestra historia, permitieron que heredáramos nuestra Patria.

Alfredo Ignacio Astiz