martes, 5 de marzo de 2013

CARTA ABIERTA A EDUARDO ALIVERTI


Señor
Eduardo Aliverti:

Tengo 71 años y soy el padre de Cecilia Pando.

Si bien mi hija no tuvo la lamentable desgracia de llevarse por delante a ningún ciclista, como le sucedió a su hijo,  similar situación de angustia y sufrimiento  pasó mi familia, hace algunos años.


De lo de Cecilia Pando no nos enteramos por la Policía, no intervino fiscal alguno y no hubo que hacerle ningún test, lo de mi hija fue simplemente enviar una  carta de lectores defendiendo a su Obispo,  publicada por el diario La Nación, que funcionó como disparador para que algunos periodistas “la crucificaran”.

Le ruego me disculpe que aplique el mismo término que usted utiliza en su muy particular situación familiar y personal y me alegra que nos recuerde la existencia de una ética periodística.

En el caso de mi hija fueron varios los crucificados, particularmente  su  esposo, 7 hijos, padres y hermanos, lo que muchas veces, aunque ha pasado el tiempo, nos vemos obligados a dar explicaciones acerca del parentesco con Cecilia Pando, simplemente por portación de apellido.

La diferencia con usted y es de público conocimiento, que ella se hizo cargo personalmente de todo, no necesitó de su padre para dar explicación alguna.

¿Cecilia Pando había matado a alguien, como en el caso de su hijo?; en absoluto, simplemente hizo uso de su libertad, que no configura delito alguno, libertad  de la que hoy notamos ya no gozan algunos de los periodistas que la entrevistaron porque el gobierno se encargó  de cortarles, los dedos y la lengua.

La “turba romana” de los empleadores de su esposo, hicieron el resto y ¡oh! casualidad eran soldados, ya retirados, de los Césares Néstor y Cristina,  que ignoraron que la libertad de expresión  está consagrada por  la Constitución Nacional y lo despidieron.

Cecilia Pando no se escondió y atendió a muchos colegas suyos, otros  prefirieron no entrevistarla pero sí  prejuzgarla y criticarla, utilizando para su caso un eufemismo, que le he robado, crucifixión.

Le recuerdo que entre los  “soldados romanos”  que se “encargaron” de Cecilia Pando,  se encontraba usted, Eduardo Aliverti.

¡Qué paradoja! Usted manifiesta públicamente que algunos de sus colegas  lo fusilaron.

Cecilia Pando y su familia también tuvo “su pelotón de fusilamiento”, sin embargo dimos vuelta la hoja, eso sí, perdóneme recordarle –nuevamente-   usted  se encontraba entre la “tropa” de los “fusileros”.

Insisto que de ese fusilamiento no salió indemne su esposo, militar, que quedó en la calle, sin trabajo y sin carrera, con siete hijos.

Usted sigue trabajando porque la “orga” lo protege.

Tampoco Cecilia Pando se victimizó, ni tuvo que pedir disculpas a nadie, simplemente dio la cara.


A usted seguramente no le sucederá lo mismo, que al esposo de Cecilia Pando, no perderá su puesto de trabajo, pero me tomo el atrevimiento de aconsejarle que ahorre palabras, explicaciones, deje a  su hijo que tenga la posibilidad de defenderse solo, cuando pueda física y psíquicamente, al fin de cuentas, es mayorcito.

Atte.

Vicente Pando
DNI 7.973.490