miércoles, 22 de enero de 2014

UN PAÍS CON INMUNODEFICIENCIA ADQUIRIDA

"En 30 o 40 años, la Argentina será 
uno de los grandes países del mundo 
o va a desaparecer del mapa.”
Nicolás Sarkozy

Hace setenta años se enseñoreó de la Argentina el populismo. Salvo algunas cortas pero quizás no tan honrosas excepciones su omnipresencia incidió de manera importante pero desafortunada tanto en gobiernos militares como en gobiernos civiles y el accionar de estos en función de sus premisas han dejado como saldo esta Argentina postrada.


Para todos ellos no había nada más fácil que el populismo y su política de la alegre repartija. Era la más cómoda de las actitudes. Se callaban por un momento, al menos, los reclamos y era más que fácil sacarle la renta a los que producen ya que estos en Argentina son de una insondable mansedumbre y agachan la cabeza frente a cualquier prepotente con chapa de funcionario esperando que la tormenta no sea tan dura ni la sequía tan larga.


Nuestros pícaros mantenidos -los políticos que supimos conseguir- creen y creo lo hacen sinceramente de puro brutos que son, que la leche y la carne se producen en la heladera o que a un tornillo lo hacen en la ferretería. Eso les ha dado a lo largo de estos años la “autoridad” de decidir cuánto debe o no debe ganar el que produce y a partir de este concepto viene el “apriete”; cuando éste llega, como su ignorancia o su tendencia al robo los impele a que se les vaya la mano en la rascada de bolsillos a los productores, al poco tiempo solo les queda la “maquinita” de imprimir billetes  o si prefiere, de cortar boludos que son aquellos que, inflación mediante, terminan siempre pagando el pato de la boda. Que los pagadores de la fiesta sean los que ellos decían que venían a “salvar” es solo una contingencia menor.


Pero también es cierto, y esto hay que decirlo con todas las letras, que la fiebre populista por rascarle la bolsa al que produce ha sucedido, casi siempre, con el beneplácito del argentino común que en general desconfía de aquel que con su capital da trabajo -sea del campo o un industrial genuino-  obtiene una renta sobre el mismo y sostiene el orden económico, pero al que considera, por su alegre tendencia a hacer socialismo con el dinero ajeno, que es justo arrancarle una buena parte de su utilidad a partir de elucubraciones maniqueas invocando una justicia que ni ellos ni los políticos conocen ni cumplen.


Esto son los que -voto mediante- han manejado y seguramente, manejarán la República una vez terminada esta trágica payasada de la “década ganada”. En verdad si fueran solo cobardes, cualidad liminar de un político, tan solo serían deleznables; pero a su populismo de haraganes le suman su adhesión a algo que ni siquiera saben que es, ya que, vulgares imitadores de lo peor que de afuera nos viene, se autodenominan “progres” reduciendo la palabra progresismo a la actitud pueril de una transgresión de confesionario. Para estos iletrados ser progresista se reduce a descolgar un crucifijo, apoyar el matrimonio gay, el aborto y dentro de unos años, ¿por que no si se pone de moda?, a la pedofilia.


Estos populistas están desde siempre convencidos que capacitarse o especializarse a los efectos de saber usar sus conocimientos para el bien público es hacer una especie de colimba donde lo tienen a puro “salto de rana” intelectual. Se han quedado con “Robin Hood” como libro de cabecera, creen, aunque no lo dicen, que al “arroz con leche” lo compuso Beethoven, y que el sempiterno general hace años que se ha reencarnado en un caballo pinto que nadie puede montar. Son los que al reparto de beneficios y canonjías para los amigos lo llaman “bien común”, a la compra de votos mediante subsidios “devolver la dignidad al trabajador” y “solidaridad” a ver a quien se le echa la culpa de cualquier desastre que por culpa de ellos se haya producido. Todos estos que bailan al son de los “arreglos” en el congreso y se imaginan poniéndose la banda son los que se rasgan las vestiduras por la Constitución y se hacen los distraídos toda vez, y ya van mil doscientas veces, que permiten que al artículo 18 de la Constitución sea usado como papel higiénico por unos payasos que se creen jueces.


Por necios, son incapaces de generar ideas constructivas y si alguien cree que respetarán en el futuro al argentino que produce es mejor que se desengañe ya. Ellos, de ganarse el premio en la tómbola de una elección van a seguir con impuestos distorsivos, desde el IVA al impuesto al cheque sin olvidarnos de las retenciones y cuando se les caiga la estantería como sistemáticamente se les ha caído en estos treinta años siempre tendrán la desfachatez de echarle la culpa al resto, a aquellos que pese a todo siguen trabajando en el país.

Pero también es necesario decir, como consecuencia de la chatura intelectual de la que hacen gala, que acá ni siquiera hay liberales o socialistas en serio. Solo tienen la preocupación por su quinta y nada más. Y así le ha ido a la Argentina.


Entonces, paremos la chata y veamos quienes son los que se anotan para suplantar a este régimen de fulleros diplomados, ¿Alfonsín, Carrió, Binner, Massa, Scioli, Macri?, no seamos ilusos, para hacer que la Argentina renazca hacen falta cojones y todos estos han sido parejamente capados. ¿Creen que alguno de estos inútiles se animaría a enfrentarse a Moyano?, ¿Se imagina a alguno de ellos diciendo que los subsidios serán por seis meses prorrogables a otros seis y el que no trabaja no tendrá postre?, ¿los ven rebajando las retenciones agropecuarias pero exigiendo a los productores ciento cincuenta millones de toneladas por año?


No, no nos encandilemos con la urgencia de salir de este manicomio en el que también ellos ayudaron a meternos, ¿o nos olvidamos que ellos, la oposición, se orinaba a chorritos por los mangantes de la corte suprema, o que Gils Carbó subió con su voto en el congreso


Que nadie se llame a confusión, acá nadie, al menos yo, está pidiendo la entronización de un régimen liberal o sus espurias modificaciones que sirvieron -veinte años atrás- para dejarnos sin salud ni escuela pública, sin política energética, sin trenes, sin caminos y sin defensa. Pero hoy, sepámoslo, la Argentina toda está contagiada de populismo y su sistema inmunológico se ha ido al carajo.

JOSÉ LUIS MILIA

NOTA: Las imágenes y no corresponden a la nota original.